Corazón del corazón sábado de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario. Tú que lo aclaras todo espíritu santo, Tú que me aclaras todo que iluminas todos los caminos que para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo. Quiero, en este corto diálogo, agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la lura y perpetua. Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Gracias, Dios mío o la Iglesia celebra a sampío de piel trachina, el padre pío, el Evangelio es esa lucas capítulo ocho versículos, cuatro al quince en aquel tiempo, habiéndose reunido una gran muchedumbre y gente que salía de toda la ciudad, dijo Jesús. En la parámola salió el sembrar sembrador a sembrar su semilla, a sembrarla cayó algo al borde del camino, lo pisaron los pájaros del cielo se lo comieron. Otra parte, cayó en terreno pedregoso y después de brotar se secó por falta de humildad de humedad. Otra parte, cayó entre abrojos y los abrojos creciendo. Al mismo tiempo lo ahogaron y otra parte cayó en tierra buena y después de brotar dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó el que tengo oídos perril que oiga. Entonces le preguntaron los discípulos qué significaba esta parábola y él dijo a vosotros os has otorgado a conocerlo villo del Reino de Dios, pero los demás en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la palabra. Es este las semillas, la palabra de Dios, los del borde del camino. Son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones para que no crean y se salven los trero pedregosos. Son los que al orir, reciben la palabra con alegría, pero no tiene raíz. Son los que por algún tiempo creen pero en el momento de la prueba fallan lo que cayó entrabrojos. Son los que han oído, pero dejándose llevar por los afanes y riquezas y placeres de la vida, se quedaron sofocados y no llegan a dar fruto maduro y lo de la tierra buena. Son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia. Cristo Jesús ha venido a la tierra para enseñar a todos sin disención alguna ese camino que acundi haza al cielo la vida de la salvación. Habla con gran sencillez de cosas más profundas y lo hace con de un modo atrayendo y sugestivo. En su modo de hablar recurre a ejemplos y comparaciones, usando un género literario y la parábola. Voy en boga entre los maestros de Israel, pero que en boca de Cristo alcanza una perfección de una hondura incomparables. La hora de jedir. Jesús es amena. Insistía con fuerza en las mismas cosas, pero buscaba las comparaciones más diversas. El grano de trigo, la bría de encontrar unas monedas perdidas, el tesoro escondido, etcétera. La multitud le bien encantados. Solo Cristo tiene palabras de vida eterna. Las parábolas son ejemplos sencillos que todos pueden comprender por un doctor de la ley y por un campesino a Galilea y donde toda su predicación van apareciendo ejemplos sacados de la vida ordinaria. Sería largo recorrer ahora toda la serie de ocupaciones humanas que aparecen en las paráboras del señor republicano o el rey caudador de impuestos, el juez de los militares, etcétera. No se le escapan tampoco las fenas caseras, la fabricación del pan, el barrido, el semis doméstico, los trabajos del campo, como el cuidado de la viña, la necesaria unió entre los sarmientos con la vid la siembra de la simiente, etcétera. El comentario que hizo San José María en unas humilias alguna de las palabras del Evangelio, concretamente a la del trigo y de la cizaña. Decía está claro, el campo fértil y la simiente es buena el señor, concretamente a la del el señor del campo aranzado a voleo. La semilla es en el momento preciso y con arte consumado. Además, ha organizado la vigilancia del campo para protegerla la semilla reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres, los llanos, especialmente, se han dormido y han permitido que el enemigo haz se acercará el sueño. La falta de ser apostólico. Es la ocasión para el siembre del mal. El demonio actúa de esa forma en su labor. De zaba que pretende apartar a los hombres de la salvación, se vale de la debilidad humana, del descuido de la mediocridad y actúa sigilosamente en las penumbras de la noche, ocultando su verdadera intención, su hiyayo maligna intención en apariencias engañosas como se descubre la cizaña entre las pan plantas del trigo y a las que asemeja en un primer momento, sólo el tiempo de abrirse la espiga. Cuando se dicen los frutos, se descubre la mala hierba. Siguiendo el comentario de esta parábola, pensemos que cada uno de nosotros somos ese campo del señor a sembrado la semilla de su gracia, semilla divina que, al caer arregar en el hubo cubierto del alma, produce frutos de santidad. El señor ha hecho la siembra con inmenso cariño y espera que de fruto abundante. Cuando los servidores irresponsables preguntan al señor por qué ha crecido la diez aña de su campo a la hospitación salta a los ojos. Ha sido el enemigo comienta a San Juan crisóstago. Nosotros, los cristianos, que deberíamos estar vigilantes para que el señor recogiera los frutos de santidad, nos hemos dormido permitiendo que el enemigo sembrara la mala hierba. Hay que velar día y noche y no dejarse sorprender. El enemigo no se toma vacaciones. Hay que vigilar para ser fieles a todas las exigencias de la vocación cristiana, sin dar cabida a la cizaña de las nuevas pasiones, de la tibieza o del pecado. No es tiempo de dormir, aunque no se sea larga y oscura, aunque pese el san cansancio y el cuerpo busque abrigo en la tibia luz de la casa, es fundamental decir San Juan Pablo II, poner toda nuestra energía y confianza y n y r en Cristo. Y en ese modo podremos hacer hombres libres sin dejarnos hogar por el materialismo, hacernos hombres libres sin dejarnos hogar por el talerismo biental ni atar por la esclavitud de sus ídolos, el poder, el consumo, el placer. Hemos de estar de centinela con una vigilancia delicada para que no entre en su alma la semilla mala, los gérmenes de la ciñeza y de la nelocidad. Pero también hemos de procurar que no llegue a los demás, porque la difusión de la malva hierba es grande y crece cada día más por la desilla de tantos y por el empeño peculiar de los enemigos de Dios vigilantes, porque la cizaña parece invadir la vida misma de la iglesia en tantas tutrinas erróneas que confunden a los fieles. El señor asombrado nuno la semilla que ha ido en tierra buena, pero nosotros, en cada hombre y además, el trigo también aparece en la cizaña. Hasta la relación más buena, puede haber algo que no se atrigó. Puede que esa acción se haya metido algo de vanidad, egoísmo. Deseo de quedar bien cizaña. En definitiva, que examinemos los alma. Seguro que veremos mala hierba, que habrá que arrancar. Quizás sean detalles que no parecen tener importancia, rasgos de temperamento que, si no se dominan, podrían acentuarse con los años descuidos en el cumplimiento de los religiosos, pequeñas faltas de sinceridad o de rectitud, de intención, concesiones a la comodidad y al egoísmo, poco interés en vivir bien. El espíritu de mortificación y penitencia, brotes, de soberbia, de sensualidad, de envidia. Todo eso es tibieza, es cizaña. Es también, pues, para extinguir la sedena del trigo, la actividad del activismo, que es una forma más de pereza, el celo por las almas del ser amargo que se esconde, esconde un profundo egoísmo, que falta la caridad acude el señor, que es siempre amable y serena de las cruces que inventan un amor propio o los envegeración y que deja el alma es entonado, el amor noble y bueno a la profesión de una excesiva inquietante preocupación por el trabajo que hace que dediquemos el tiempo que pertenece a la familia y el cumplimiento de sus deberes. Para con Dios con audacia esparciremos la buena doctrina para que muchas almas conozcan verdaderamente que mera Cristo para que acuda al torrente de aguacivas de los sacramentos, aguas que les jundicirán a la relación eterna. Además de sembrar, como el divino sembrador semillabuena, debemos ir quemando ya en esta vida la propia Adisaña para que no impida que crezcan los buenos frutos de amor de Dios. Terminamos nos oración y reperimos a la Virgen Santísima, nuestra madre. Ella solo hubo trigo bueno y buena tierra y bien preparada que nos ayude para que la simiente que Cristo Jesús, su hijo, ha sembrado en nuestra alma, produzca los frutos que Dios espera. Apostólicos y de santidad, te de la bendecia que el señor Stean te acompañes en tu corazón. Te cuide de la fuerte alegre fiel que Dios, hijo, te haga sentir su ternura y misericordia y te quite del corazón. Cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir que el espíritu Santo te de luces de inteligencia, en fuerza en el corazón ánimo renovado y icisión de amar con todo el corazón que varía Santísima te han sentir su calor de madre y su abrazo de menos entierros y á gose te cuide o su corazón de padre en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo amén