Oración del corazón viernes de la vigésimo o cuarta semana del tiempo ordinario. Tú que lo creas todo espíritu santo, Tú que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo. Quiero, en este corto diálogo, agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua. Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Para conmigo y los míos, Gracias, Dios mío. Hoy celebramos a Samoricio de Haga uno y compañeros, el Evangelio de San Lucas, capítulo ocho versículos o uno al tres. En aquel tiempo po, Jesús iba caminando decida ansiedad y de pueblo en pueblo, predicando al Evangelio, el Reino de Dios lo acompañaban los doce y algunas mujeres que él había curado de los malos espíritus y enfermedades. María Ana Magdalena, de la que habían salido sin de Demonios, Juana mujer de cusa, intendente herodes Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios, sigue a Jesús y le ama profundamente con un amor sobrenatural que conmueve y que le lleva a no dejarle nunca y estar al pie de la cruz sin importarle lo que dijeran de ella e incluso su propia vida. Le debía a todo. Jesús, la Magdalena irrumpe en el Evangelio con la fuerza de quien ama profundamente y desea amar siempre más de ellas. Escribe en el texto que Jesús había expulsado siete demonios, una afirmación que puede referirse a situaciones dolorosas, físicas o morales. Cualquier caso, el sufrimiento la condujo a Cristo y desde entonces no miró atrás. Comprendió que su caminar ya sólo tenía sentido si se gastaba el servizo de Dios y de los hermanos. Liberada de sus males, se muestra grande y generosa entre sus ojos. Cuando acercara a la cruz, nos ofreció una lección de fortaleza y luego, acudiendo a la tumba del crucificado, no permitió que la esperanza se apagara en el mundo. Gran discípula de Cristo fue María Magdalena, mujer por qué lloras le preguntó Cristo cuando había llegado a buscarla al sepulcro para ungir su cadáver y lo buscaba compasión Santa con perseverancia, como se llamó muchas veces San José María, si Jesús no estamos bien. En mil novecientos sesenta y cuatro, en la a nramo liturgia de esta mujer, San José, María hizo un su oración personal ten sagrario y, entre otras cosas, comentaba el sepulcro vacío. María madalena llora hecha un mar de lágrimas. Necesita al Maestro. Había ido allí para consolarse un poco, estando cerca de él para hacerle compañía. Pero que si él, señor no merece la pena ninguna cosa persevera a María en oración, le busca por todos los sitios, no piensa más que en él. Hijos míos, frente a esta fidelidad, Dios no se resiste para que tú y yo saquemos consecuencias para que aprendamos a amar y a esperar. De verdad, en un primer momento, ella no reconoció al Maestro, pero perseveró en su afán de encontrarle sólo al escuchar su nombre con el acento personalísimo con que Jesús se dirige. A cada uno reconoce el Salvador y a ella, la primera entre onicípulos que vio al resucitado se le confía el primer anuncio de la resurrección, un mensaje que no haces algo de difundirse desde entonces en él mundo, una preciosa responsabilidad que recaye ahora en cada uno de nosotros. Cuántas veces se sirve al señor de otras mane personas para llamarnos a cada uno por nuestro nombre y a comunicarnos también el encargo de quitarle a conocer a otras gentes. Las mujeres del Evangelio María Magdalena Marta y María Bretania, Juana Susana Salomé sirvieron a Jesucristo con una lealtad que no siempre demostraron los discípulos. Ellas acompañaban al Maestro por los senderos de la Palestina o lo alojaron en su hogar. Lloraron a su lado por el camino de la Cruz. Fueron con la Madre Santa María hasta el patíbulo y quisieron honrar el cuerpo de Jesús hasta la sepultura. Hoy, como entonces, la mujer está convocada a contribuir a la misión de la Iglesia con su inteligencia, su sensibilidad y fortaleza, su piedad, su celo apostólico y schoffár descrificio, su capacidad iniciativa y su generosidad. Pero, por encima de todo, puede contribuir, como los demás fieles cristianos, con su santidad personal. Esta es la enseñanza primordial de la vida de María Magdalena, quien desea verdaderamente servir a la Iglesia. Ante todo, pone sus ojos en Cristo de seguir de cerca por los caminos de la tierra con fidelidad total, incluso cuando los demás huyen de ante la aparente victoria del mal. Precisamente el nuevo prefacio de la misa. En la fiesta de Santa María Magdalena la llama apóstol de apóstoles y dice así en verdad es justo y necesario. Es grueso de ver y salvación aclamarte siempre padre todopoderoso de quien la misericordia no es menor que el poder por Cristo, señor Nuestro, el cual se apareció visiblemente en el huerto a María Magdalena, pues ella le había amado de vida, lo había visto morir en la cruz, lo buscaba yacente en el sepulcro y fue la primera en adorarlo y resucitado de entre los muertos, y él la honró ante los apóstoles con el oficio de apostolado, para que la buena noticia de la vida nueva llegase hasta los confines del mundo. Por eso, señor nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los Ángeles y con todos los santos diciendo la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, ha tenido siempre una gran consideración a Santa María Magdalena, la primera testigo y evangelista de la resurección de señor Irá celebrado en diversos modos. Hoy, la Iglesia es llamada a reflexionar más profundamente sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la gradeza del misterio de la misericordia divina. Por ello es muy conveniente que el ejemplo de Santa María Madalena nos fuera propuesto también a los fieles de un modo más adecuado. En efecto, esta mujer conocida como aquella que amado a Cristo y que fue muy amada por Cristo, llamada por sangre o la mano testigo de la divina Misericordia y por Santo Tomás de Aquino, la apóstol de los apóstoles puede ser hoy propuesta a los fieles como paradigma del servicio de las mujeres de la Iglesia. Cuánto bien nos hace mirar a esta mujer, que es ejemplo de conversión de amor y de fidelidad a Dios te de la bendición que, señor Te acompañes en tu corazón. Te cuide, te haga fuerte a gre fiel que Dios, hijo, te haga sentir su terrurale misericordia y tírite del corazón. Cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir queridos espíritu Santo de luces en la inteligencia, fuerza en el corazón ánimo renovado y decisión de amar con todo el corazón que María Santísima Tanga sentí su calor de madre y su abrazo amoroso y tierno y San José te cuide con su corazón de padre en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén