Oración del corazón sábado de la segunda semana del tiempo ordinario, tercer día del octavario, por la Unidad de los Cristianos. Ven espíritu santo entre mi pequeño corazón para que pueda reconocer la grandeza del Padre Dios y no le dé tanta importancia a mi imagen. Regálame un jaras gran sencillez para que reconozca claramente que yo no soy ni puedo ser el centro del universo. Hoy celebramos a San Fabián Papá, a San Sebastián y a San Fructuoso de Tarragona y compañeros mártires, el Evangelio de San Marcos, capítulo tres versículos dos mil veintiuno. En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse, enterarse su familia, vinieron a llevárselo porque decían que no estaba en sus cabales. Tanta gente se agolpaba en torno a Jesús y sus discípulos, que en no pocas ocasiones no le dejaba ni comer. El señor pasa horas y horas escuchando a personas todas muy distintas. Para uno tiene palabras de perdón y de aliento, para otra un gesto de ternura. Para algunos de ese encuentro supone el final de una enfermedad o el principio de una nueva vida. Todo el que se acerca a Jesús se siente escuchado, atendido, querido, Aunque sean encuentros de unos pocos segundos. Nosotros también estamos dentro de una de esas mechedumbres, esperando el momento de ver al maestro, cara a cara, qué le voy a pedir, qué me gustaría contarle, qué me preocupa que necesito sanar en mi alma y a quiénes llevo hoy en el corazón de modo especial. Ratos de oración son tan reales como esos encuentros que no relata al Evangelio. El señor nos espera con la misma atención una humanidad necesitaba, con su necesitada perdón, consume las energías del Maestro y de sus discípulos. El amor por la muchedumbre puede más que el cansancio, más que el hambre, más que cualquier problema personal. Jesucristo se identifica de tal modo con su misión salvadora que todo en él está supeditado a ella por estar un rato con nosotros. Jesús está dispuesto a quedarse sin comer o a permanecer con un sagrario sin que importa el tiempo. Decía San José María. Al recorrer las calles de alguna ciudad o de algún pueblo. Me da alegría descubrir, aunque sea de lejos, la silueta de una iglesia. Es un nuevo sagrario, una ocasión más de dejar que el alma se escape para estar con el deseo junto al señor Sacramentado. Pero la fe no es una cosa decorativa ornamental vivir. La fe no es decorar la vida con un poco de religión, como si fuese un pastel que se le decora con nata. No. La fe no es esto. La fe comporta a elegir a Dios como criterio base de la vida. Y Dios no es vacío. Dios no es neustro. Dios es siempre positivo. Dios es amor y el amor es positivo. Después de que Jesús vino al mundo, no se puede actuar como si no conociéramos a Dios, como si fuese una cosa abstracta, vacía de referencia puramente nominal. No, Dios tiene un rostro concreto, tiene un nombre Dios es Misericordia, y esto muchos no lo entendieron. Por ello, también nosotros, por eso perdón. También entre los paréntes de Jesús hubo algunos que, acierto a un cierto punto, no compartieron su modo de vivir y predicar. No lo dice el Evangelio. Así es, no todo el mundo participa del entusiasmo de aquella muchedumbre por Jesús. Algunos de sus paisanos y familiares que le conocen desde que era niño no aceptan que haya alcanzado esa notoriedad. Conocen al hijo del carpintero desde siempre, piensan que ya saben lo que se puede esperar de él y por eso lo que estaba ocurriendo no entra dentro de sus expectativas. Quizás nosotros también hemos conocido a Jesús desde nuestra más tierna infancia y quizás con sus pas como sus paisanos, creemos también que ya sabemos lo que podemos esperar de él. Éste puede ser un obstáculo para abrirnos a sus dones envejecer espiritualmente significa precisamente no esperar ya nada nuevo, ni siquiera de quien es la fuente de toda novedad. La presencia de Jesús rejuvenece el espíritu hace siempre más audaz a la fe más segura, la esperanza, más ardiente a la caridad. Pero su madre prosiguió siempre fielmente manteniendo fijaramente de su corazón en Jesús, el hijo del altísimo y en su misterio. Y al final, gracias a la fe de María, los familiares de Jesús entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana es tarde y todavía no han comido. Sin embargo, Jesús había hablado a sus discípulos de un alimento que ellos no conocían, de alimentos a hacer la voluntad del que me ha enviado la muchedumbre que, por un lado, les dejan sin comer, por otro lado, les permite ver que la voluntad del padre salvar a todos. Y esa voluntad del padre acabará siendo el alimento preferido. Al ver las multitudes se llenó de compasión por ellas. Hacer la voluntad del padre produce todavía más hombre de hacer la voluntad, la voluntad de hacer la voluntad del padre. El alimento del material sacia cuando se come el alimento espiritual, cuando más se prueba más hambrea después de una jonda haciendo el bien a tantas personas, los discípulos están exhaustos y hambrientos, pero también con más hambre de almas. Es lo que ocurre a quien sigue a Jesús que ya no puede vivir de espaldas a la muchedumbre y se llena de ansias de hacerla feliz. Al final del día se habrán mechisentado por fin a comer algo habían comido juntos muchas veces, pero llegará un día casi al final de su paso por la tierra, en la última cena en que Cristo les dará a comer su mismo hombre. En lo Cristía comemos y nos llenamos de la misma hambre de Cristo, de sus mismos deseos salvadores, de su misma sed de almas. Le podemos pedir ayuda a nuestra madre para participar cada vez más con más amor de ese banquete. Así, junto a ella, nuestro corazón se compadecerá con el sufrimiento de la muchedumbre y se llenará de ansias de hacerla feliz. Señor, yo tampoco quiero dar importancia al que dirá, ni quiero dejarme influenciar por el ambiente, desgraciadamente cada vez más alejado tu verdad y tu amor. No me debe interesar el grado de popularidad ni la simpatía de mi estilo de vida, que mi estilo de vida pueda provocar a los demás. Yo sólo quiero que mi testimonio acerque a más personas a tu amor. Por ello dame la luz para saber ser ese imán, no para mi vanagloria, sino únicamente para tu gloria. Señor todo la bendición, que, señores, esté en tu corazón para que puedas amar sepas amar con todo él, que estén tus labios, para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él. Y por este entre su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que señor Te mostrará que esté en tu mirada limpia, para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que estén tu alegría, para que no la pierdas nunca por motivos, aunque motivos tengas y puedas dar a los demás en nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén