Oración del corazón sábado de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario. Espíritu Santo eres el alma de mi alma te adoro humildemente ilumíname, fortífícame, guíame, consulame y, en cuanto corresponde al plan del Eterno, Padre Dios, revélame tus descritos deseos. Dame a conocer lo que el amor eterno decía de mí. Dame a conocer lo que debo realizar. Dame a conocer lo que debo sufrir. Dame conocer lo que debo, lo que es silencioso. Con modestia y en oración, debo aceptar, cargar y soportar. Sí, Espíritu Santo, a reconocer tu voluntad, pues toda mi vida no quieres otra cosa que un continuado y perpetuo Sí a los deseos del querer del eterno, Padre Dios. Hoy celebramos la dedicación de las basílicas de San Pedro y de San Pablo. El Evangelio es del San Lucas, capítulo dieciocho versículos uno al ocho les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo dando justicia contra mi adrsario. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo aunque no temo a Dios y respeto a los hombres como a esta viuda me causa molestias. Le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme. Y dijo, pues el señor oíd lo que dice el juez y justo y Dios no era justicia a los elegidos que están clamando él a él día y noche y dejad de esperar os. Digo que les hará justicia pronto, pero cuando el hijo del hombre venga encontrará c sobre la tierra, afirman los estudiosos que de la sagra escritura que uno de los temas más sobrasalientes de todo el Evangelio de Lucas es el de la oración. Y es verdad, quizá más que nosotros tres. El evangelista médico nos presenta esta faceta de la personalidad de Jesucristo y abundan también las enseñanzas de nuestro señor sobre este argumento. En otros momentos hemos reflexionado acerca del Padre nuestro en la palabra del amigo oiportuno y en la exhortación de Jesús a la oración confiada y perseverante al padre celestial. Y ahora vuelve nuevamente sobre el tema en este domingo hablándonos de la parábola del juez iniquo y de la viuda. Es muy interesante lo que nos dice él mismo, San Lucas, al icio de esta subertación. Jesús nos refiere para explicar a los discípulos cómo tenían que orar también sin desanimarse y les propuso esta parábola. El objetivo está bastante claro. Quiere enseñarnos a orar siempre y con perseverancia y a no cansarnos ante las dificultades, incluso cuando parece que Dios no escuchan nuestras plegarias. Esta historia resulta bastante sugerente. Su señor nos presenta un juiciniquo, sin escrúpulos, despreocupado, injusto y sin ningún temor de Dios ni a los hombres. Debía también a una pobre viuda que acudía a él con frecuencia y le pedía que le hiciera justicia. El juez altanero e irresponsable al principio se negó y dio largas al asunto total. Se trata de una pobre mujer y nada más duda. Tal vez pensaría este juicio injusto. En Reel, como en todo antiguo Oriente, los huérfanos y las viudas eran el símbolo de la debilidad, pues no contaban con un padre a un esposo que pudiera protegerlos y velar por ellos. Tal vez, por eso aquel juiz se sentía seguro de su indolencia. Sin embargo, aquella mujer le seguía insistiendo y es impresionante la desficción que nos hace Jesús de ese juez. Aunque ni temo a Dios ni a mí importa a los hombres no se dijo como esa viuda me está fastidiando. Le haré justicia. No vaya a acabar pegándome en la cara, y es el mismo, señor que impondrá la actitud y la respuesta de este desalmado y enseguida. Viene a la pregunta y la aplicación de Jesús, pues Dios no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche o le dará largas os. Digo que le dará justicia sin tardar. Está claro que Dios escuchará a vuestras plegarias solo si nosotros somos perseverantes y no nos cansamos de presentarle nuestra expediciones. Por supuesto que Dios no se identifica absolutamente con ese juez. La parábola nos presenta la palabra nos impresiona perdón. Por el contraste, si aquel sitio tan canalla atiende a la viuda porque se lo pide hasta hartarlo, cómo no hará caso nuestro padre celestial a las súplicas que le dijimos si él es infinitamente bueno y generoso, pero que habría preguntarnos ahora si nosotros, efectivamente somos perseverantes en la oración o si desistimos después de dos o tres intentos, se cuenta que un joven sacerdote que trabajaba en una parroquia cercana a Ars fue un día a desahogarse con el cura Santo Cura y expresarle toda su amargura porque, no obstante, todo el trabajo pastoral que realizaba sólo veía escasos frutos de las almas y se lamentó. He hecho todo lo posible, pero no veo ningún fruto a lo cual el cura de ash Le respondió. Has hecho realmente todo lo posible de verdad rezas con toda el alma a Dios. Has pasado noches en oración pidiendo al buen Dios que te ayude. Debemos aprender la lección y tal vez nos contentamos con pedirle a Dios una o dos veces aquello que necesitamos. Y ya pero Jesús nos enseña una cosa muy distinta. Nos viene casi decir que Dios quiere que le hartemos con nuestras súplicas que él quiere, que insistamos en la oración y no nos precuimos si podemos presjuntarle cansinos, pues así probamos la fe, la confianza y el amor filial que le tenemos. Pero para ello necesitamos de una fe muy grande y muy viva a Dios, nuestro padre, y una fe en que aquello que le pedimos nos lo va a conceder. Y es que lo que Jesús nos pide al Rrincipio Vangelio de hoy, cuando venga el hijo del hombre, encontrará fe en esa tierra. Es una pregunta muy fuerte y muy impresionante, al menos diría yo y termino. Tenemos fe, Nosotros tenemos esa fe que nos pide al señor Es tan grande, nuestra fe que es capaz de iluminar las crinibras del mundo en que vivimos y de alimentar a fedros devás. Ojalá que sí pilárpola. Oye a Jesús esta gracia. Te doy la bendición que el señor esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que esté en tus labios, pra que hables con fuerza y feces resurrección, que estén tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y postender su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que el señor Te mostrará que tén tu mirada limpia, para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que estén tu alegría, para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas sentarla a los demás. En el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén