Oración del corazón martes de la trigésimo primera semana del tiempo ordinario. Ven Espíritu Santo. Hoy quiero pedirte que me ayudes a comunicarme con los demás. Enséñame a decir la palabra justa, a mirar a los demás como ellos necesitan ser mirados, a tener el gesto oportuno con tu agua divina riega todas las cosas buenas que has puesto en mi vida para que pueda hacer el bien. Enséñame a escuchar, para descubrir lo que los demás esperan de mí y para que encuentren en mí generosidad y acogida. Hoy celebramos a San Ernesto, el Evangelio de San Lucas, capítulo catorce versículos, quince al veinticuatro. En aquel tiempo, uno de los comensales dijo Jesús bienaventurado el que coma en el Reino de Dios. Jesús le contestó un hombre, daba un manquete y convidó a mucha gente a la hora del banquete. Mandó a su criado a avisar a los convidados venid que ya está preparado, pero todos aún empezaron a excusarse. Y primero le dijo he comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor. Otro dijo he comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo me acabo de casar y por ello no puedo ir. El criado volvió a contárse su señor. Entonces el mío de la casa indignado dijo su criado, sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad, irá de aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. Y el quedo dijo, señor se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio. Entonces el señor dijo al criado sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se llene mi casa y os digo que ninguno de aquellos convidados probar mi banquete. Señor creo en ti espero y te amo. No soy digno de acercarme a Ti, porque te he fallado, pero confío en tu misericordia. Quiero responder con prontitud a tu invitación participando con toda mi mente y mi corazón en el banquete de la oración Jesús que en mi vida seas tú. Lo primero y lo más importante decía el Papa Francisco acerca de este evangelio, es la iglesia de los invitados. Estamos invitados a participar en una comunidad con todos, pero en la parábola narrada por Jesús leemos que los invitados, uno tras ocho se empiecen a encontrar excusas para no ir a la fiesta, no acepta la invitación. Dicen que sí, pero no lo hacen. Ellos son los cristianos que se conforman solo con estar en la lista de los invitados cristianos enumerados. Pero esto no es suficil, porque si no se entra en la fiesta, nos es cristiano. Tú estarás en la lista. Pero esto no sirve para tuobservación. Entrar en la Iglesia es una gracia. Entrar en la Iglesia es una invitación y este derecho no se puede comprar. Entrar en la Iglesia es hacer comunidad comunidad de la Iglesia. Entrar en la Iglesia es participar de todo aquello que tenemos, de las virtudes, de las cualidades que el señor nos ha dado en el servicio del uno para el otro. Además, entrar en la Iglesia significa estar disponible para aquello que el señor que Jesús nos pide en definitiva, entrar en la Iglesia es entrar en este pueblo de Dios que camina hacia la eternidad. Ninguno es protagonista en la Iglesia, pero tenemos uno que ha hecho todo. Dios es el protagonista. Todos nosotros vamos a entrar de él, y quien no va detrás de él es uno que es excusa y que no va a la fiesta. Hasta aquí el comentario del Papa La gratitud es una flor exótica que cada día resulta más difícil encontrar. Quizá esa florecilla que no abundó nunca en la historia de la humanidad. Hoy Cristo nos enseña la parábola de los invitados que rechazan acudir a la boda. Por qué estas personas rechazan la invitación. Era una gran cena el que realizaba. Seguro que no habrá escatilado nada en su preparación. Seguramente habría platos exquisitos y, además, siendo un señor de importancia, habría invitado a personas y distinguidas de la sociedad. De entonces, por qué se rechazaba, por qué se rechazaba la invitación. Yo no debo respuesta, pero tengo otra pregunta. Cristo se encarnó Dios hecho hombre por nosotros nos suena de toda la vida esta frase, sobre todo repetida en los días de Navidad que ya se están acercan. Pero, pero, pero de tanto repetirla, quizá no caemos en la cuenta de que ahí cometimos la mayor ingratitud que se ha cometido en la historia de la humanidad. Los suyos no le recibieron porque si la gratitud es el reconocimiento por un don que se recibe para un cristiano, la gratitud nace de la fe en Cristo Y a veces parece que Cristo necesita mendigar para que los hombres acepten el amor que les ofrece. Cuando somos nosotros los que deberíamos esforzarnos en mostrarle nuestro amor está en nuestras manos hacer del mundo un inmenso jardín en el que a la gratitud no sea una fra exótica, sino que sea la flor de cada hogar, de cada familia, de cada sociedad. Como muestra de agradecimiento por el don de la eucaristía, procura llegar siempre puntual y correctamente vestido a la celebración de la eucaristía. Señor Sí, quién soy yo para que tú dios, omnipotente y deño del universo, me busque me invite a participar en la oración en la eucaristía. Respetas mi libertad cuando me hago sordo e indiferente. Me acoges cuando me acerco, porque nunca me dejas solo en la lucha por mi santificación. Gracias, señor por tanto amor y por estar siempre a mi lado contigo. Lo tengo todo y por ti quiero darlo todo. Te doy la bendición que el señor esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabajes sin descanso por amor a él y por el sentar su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz que, señor Te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vear a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle más en el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo Amén