Oración del corazón. Lunes de la tercera semana del tiempo ordinario, quinto día del octavario, por la Unidad de los Cristianos, ven Espíritu Santo entra en mi pequeño corazón para que pueda reconocer la grandeza del Padre Dios y no le dé tanta importancia a mi imagen. Regálame una gran sencillez para que reconozca claramente que no yo, no soy ni puedo ser el centro del universo. Hoy celebramos a San Vicente, Mártir Diácono en Zaragoza y Mártir durante la persecución de Diocleciano. El Evangelio es de San Marcos, capítulo tres versículos, veintidós al treinta. En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios. Con el poder del jefe de los demonios, él los invitó a acercarse y les puso estas paráboras. Cómo va a echar a Tarás, a Satanás? Un reino en guerra civil no puede subsistir. Una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se revela contra sí mismo para hacerse la guerra, no puede subsistir. Está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar. Si primero no lo ata, entonces podrá ramblar con la casa. Créeme todo se le podrá perdonar a los hombres, los pecados y cualquier brasfemia que digan. Pero al quieblaseme contra el espíritu santo no tendrá perdón. Jamás cargará con su pecado para siempre se referirá a los que decían que tenía dentro del espíritu inmundo un reino dividido. No puede subsistir. Si una persona está haciendo dos cosas, está dividida efectivamente, porque si se tiene en tus pensamientos y se desea concluir cada uno al mismo tiempo, realmente el problema es serio. He visto esta división en muchos lugares. Por ejemplo, veo un partido de fútbol. Si el portero hace lo que le da la gana, lo ganarán. Si los delanteros van por su delado y la defensa está cansada del día de torte, nico está enojado con todos ese equipo es un verdadero desastre, pues pasa lo mismo para la comparación con la vida interior. El hombre que está continuamente dividido pensando en sí mismo, diciendo una cosa y haciendo otra, es un verdadero desastre. No se puede vivir feliz, así porque no se puede servir a dos Señores, la felicidad en la vida se encuentra en Jesucristo y el hacer siempre aquello que él quiere de cada uno de nosotros. Por tanto, hay que ser hombres o mujeres de una sola pieza para no destruir. Al igual que el Reino de Vidira, Jesús nace en medio de una tierra Santa dividida en tensión, sin paz, y él, con su amor, trae la paz. Así vivió Jesús íntimamente unido a los suyos, vivió en sus corazones, se hizo parte de sus vidas, así lo siguen haciendo hoy en nosotros. Así quiere que amemos nosotros. La unidad se construye desde el amor y el respeto. Exige mucha renuncia y mucha flexibilidad. La rigidez nos incapacita para unir, para crear lazos fuertes. Es verdad que no es fácil convivir con aquellos que piensan de forma diferente. No es fácil vivir en medio de tensiones. Nos gusta más estar y compartir la vida con los que piensan como los otros, sin peleñas, sin roces, con aquellos que nos salen a la vida y no lo ponen Todo fácil porque sienten y piensan igual que nosotros. Pero Jesús vino a unir a los que son diferentes. La unidad no es un sinónimo de uniformidad. La verdadera unidad se construye a partir de la diversidad. Reconociendo a las diferencias que hay, sin negarlas, sin pretender eliminarlas. Es posible. Continuamente tenemos pensiones tensiones a nuestro alrededor cuando se enfrentan personas que piensan de forma diferente y representan posturas diferentes, llevan colores que no coinciden, hablan y no se escuchan exígense aceptadas pero ellos no aceptan, denuncian, denuncian y no comprenden las críticas. Justifican su postura, Denuncian la contraria como es sostenible, como poco razonable, j juns y condenan, rechazan y no integran. No se ponen nunca en lugar del otro. Nos reconocen las razones de los demás como razonables y denuncian que su postura es perversa. Veo con mucha frecuencia este tipo de posturas y la verdad es que nos duele en el alma. Es realmente posible la unidad. En ocasiones nos puede aparecer que es un imposible, pero no lo es. Yo sí creo que la unidad es posible. Creo en la capacidad que tiene el hombre de unir de forma pacífica y de crear vínculos, en su capacidad de convivir sin separar, de aceptar, sin condenar, de escuchar, sin criticar, de amar sin juzgar. No parece tan sencillo pero es posible. Sabemos que nuestro propio pecado nos divide por dentro y nos llevará desunión. La armonía interior la alcanzaremos en el cielo. Aquí, en la tierra, no tendremos nunca esa armonía soñada. Cómo lograr entonces la unidad a nuestro alrededor. Nuestras tensiones, intentas nos pueden aislarlos y muchas veces nos incapacidan para amar la verdad con toda el alma. Lo hemos sufrido muchas veces enseguida. Condenamos al que piensa de forma diferente. Nos resulta difícil renunciar a nuestras posturas para acoger a otros, aceptar la opinión, las opiniones con las que no coincidimos, buscando la unidad el trabajo en equipo. La reconciliación nos cuesta pedir perdón y volver a empezar confiar de nuevo después de haber sido defraudados. Pero definitivamente sí que creo la capacidad que tenemos de construir puentes, derribar muros y levantar hogares. Pienso que con la Virgen María es más fácil hacerlo. Pienso en ella y pienso que precisamente esa fue y es su misión. Ella unió a los apóstoles cuando eran muy diferentes. Ella construyó puentes y abrió caminos, Nunca condenó, siempre escuchó, siempre nos acoge como nosotros, como somos. Ella nos trata a todos como sus hijos, sin hacer distinciones entre sus hijos. Los quiere a todos por igual. No se para, no divide, no juzga. Estamos llamados a ser a dar un testimonio de unidad, a forjar un nuevo mundo, en Cristo y en María. Ayúdame, señor a vivir así. La caridad no permitas que hiera nunca la unidad que todas mis palabras y acciones sean para construir la caridad, no para destruir, señor, que nunca juzga a los demás y des mire con falta de caridad. Te doy la bendición. Que señor esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y por este entre su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que el señor Te mostrará, que estén tu mirada limpia para que tus ojos vean a jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo amén