Oración del corazón viernes de la primera semana del tiempo ordinario. Espíritu Santo, una vez más, te pido la gracia de liberarme, señor de Rama, en mí un profundo deseo de perdonar, de vivir en paz con todos y de comprender profundamente las agresiones y desprecios de algunas personas. Ayúdame a descubrir sus sufrimientos y debilidades más hondas para poder mirarnos con ternura y no juzgarnos por lo que me han hecho. Limpia mi interior. Espíritu Santo de todo resto de resentimiento y de malos recuerdos. Mi seguridad está en tu amor y en tu fuerza que me abraza. No permitas que me debilite con faltaste perdón. Hoy celebramos a San Benito biscop hm Abad del molde En No Trumbe en Inglaterra. El Evangelio es de San Marcos, capítulo dos versículos uno al doce. Cuando los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún se supo que estaba en casa, Acudieron tantos que no quedaba al sitio, ni por la piela ni en la puerta, y él les proponía la palabra. Llegaron cuadro llevando un paralídico y como no podían meterlo por el gentío, levantaron las tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla por el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al Paráltico. Dijo tus pecados quedan perdonados unos escribas que estaban allí sentados. Pensaban para sus adentros. Por qué habla éste así? Por qué habla éste así? Blasfema, quién puede prodonar los pecados fuera de Dios? Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo por qué pensáis eso qué es más fácil decirle al paralítico tus pecados quedan perdonados o decirle levántate, cógeme la camilla y y he hecho andar pues para que veáis que el hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados. Entonces le dijo el paralítico coge contigo hablo levántate, coge tu camilla y grite tu casa y se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió. A la vista de todos se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo nunca hemos visto una cosa igual. El Papa Francisco comentaba este precioso Evangelio. De este modo, alguien podría preguntar, pero Padre, la misericordia no vorar los pecados. No. Lo que barra los pecados es el perdón de Dios. La misericordia es la forma como Dios perdona, porque Jesús podría decir yo te perdono vete como le ha dicho aquel pararídico, que le habían bajado desde el techo. Tus pecados te son perdonados. Aquí dice vete en paz, Jesús, más allá, va más allá, te aconseja no volver a pecar. Aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús. Defiende al pecador de sus enemigos, defiende al pecador de una condena justa. La misericordia ma más allá y transforma la vida de una persona de tal manera que el pecado sea dejado de lado. Es como el cielo. Nosotros miramos al cielo, tantas estrellas, tantas estrellas, pero cuando llega el sol por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios. Una gran luz de amor, de ternura Dios nos perdona con un decreto con si no, nos no nos perdona perdón con un decreto, sino con una caricia acariciando nos has heridas del pecado, porque él está involucrado en el perdón, está involucrado en nuestra salvación. Y así Jesús hace de confesor humilla no dice qué has hecho, Dime y cuándo lo has hecho y cómo no has hecho o con quién has hecho. No vamos y de ahora en adelante, no peques más. Es grande la misericordia de Dios nos perdona acariciándonos hasta aquí el texto de el papá Francisco. Qué atrayente es la persona del padre. Se juntaron tantos que ni aún junto a la puerta cabían. Es cautivadora su figura porque refleja el amor del padre. Él les hablaría del amor misericordioso de Dios que perdona al que le ofende y luego de perdonarle le ama como al más querido de sus hijos. No le guarda resentimiento, sino que le da todo lo que daría el hijo fiel y todavía más, porque sabe que es débil y necesito de un mayor amor y cuidado. Sin embargo, no todos los presentes le escuchaban por primera vez, al menos así parece por la forma de actuar. Quizá le estaban siguiendo desde tiempo atrás. Quizá la habían visto obrar le, habían convivido con él. No lo sabemos. El hecho es que que aparecen cuatro personas que conducen a un enfermo Cristo y por qué lo hacen. Lo más seguro es que ya conocía al maestro y también conocían el amor que en ese momento enseñaba a los demás. Quizá habían sido objeto de su bondad divina y ahora se dedicaran a predonar la gran novedad del amor de Dios. Ha sido tan grande su experiencia y es tan grande la felicidad que han sacado de ella, que se dedican a comunicar a los demás y a tratar de hacer participe a mayor número de personas posibles. Es tan grande su deseo de transmitirla que rompen el techo de la casa para que un hombre más voz, más goce de la felicidad que da ser blanco del amor divino. Así, debemos hacernos cada uno de nosotros en nuestras vidas, esforzarnos por conocer profundamente a Cristo para transmitirlo al mayor número de personas posible. Por encima del cansancio o del sacrificio que ello pueda implicar. La verdadera felicidad de muchas personas depende de nuestro pensaje. No nos reservemos para nosotros mismos, pero sigamos el relato. Después de que Jesús pronce sus palabra de perdón, se produce un pequeño altercado. Algunos de los que están dentros se enfadan es inquietad que Jesús diga que el perdón a los pecados al paralítico, porque eso solo le corresponde a Dios llama la atención la postura física en que se encuentran estos personajes que el evangelista recorrerá recogido inspirado por el espíritu santo, estaban allí sentados. Algunos de los escribas sabemos que quién de es de verdad quién al parítico están mirando la escena encaranados en el tejado. Los que, al contrario, se quejan de que Jesús perdone los pecados están cómodamente sentados. El apóstol, como estos amigos de Evangelio, no espera sentado a que las cosas sucedan. Su fe en Dios le lleva a fiarse del espíritu verdadero protagonista de su misión y se pone en marcha cada día. De hecho, ellos ni siquiera le piden a Jesús que lo cure ni se enfadan porque al principio sólo les proban los pecados. No le marcan a Dios el paso, sino que se ajustan al ritmo de Jesús. La conversación sigue manteniendo la expectación y Jesús les pregunta por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones. Quizás todos se sintieron interpelados, aunque la pregunta iba dirigida a los escribas. Estos últimos sabían perfectamente a qué se refería, pero Jesús no les dejó responder. A ti te lo digo dijo dirigiéndose al paralítico levántate. Toma tu camilla y vete a tu casa. Las heridas de los que miraban desde el agujero estallan gozo y agradecimiento. Ve en caminar a su amigo, tomar su camilla y salir por su propio pie. Seguramente corrieron a abrazarlo. Cómo sería el agradecimiento de quién fue parídico hacia sus amigos, cómo abrazó a cada uno y quizá especialmente al que tuvo la atrevida idea de descolgarlo. Todos necesitamos buenos amigos que nos pongan delante de Jesús y nadie como la madre de Jesús para cumplir esa misión. Su imaginación y su simpatía siempre harán tribu atractivo el camino de vuelta a su compañía madre nuestra te. Damos gracias, dice San José María en una meditación por tu intercesión por nosotros delante de Jesús. Sin ti no hubiéramos podido ir a él que verdad es que a Jesús se va y se vuelve por María. Señor aumenta mi fe. Sólo tú puedes devolver a nuestras vidas el estado de gracia. Sólo tú curas nuestras heridas con el bálsamo de tu amor. Qué afortunados somos, pues no tenemos que desmontar tejados para obtener tu perdón. Te doy la midición que debe digar el padre con la alegría de la fe, el hijo, con la felicidad del predor y la misericordia y el espíritu Santo, con la paz de tu corazón y la bendición de Dios. Padre hijo y espíritu Santo, descienda sobre ti y permanezca siempre amén