Oración del corazón lunes de la sexta semana del tiempo ordinario. Toma espíritu santo, todos mis orgullos y vanidades y quema todo eso con tu fuego divino. Dame la sencillez de los Santos, la alegría humilde de San Francisco de Asís, la generosidad desinteresada de Santa Teresa de Calcuta, el amor a Jesús Eucaristía de San Juan Pablo II, el afán de Almas de San José María. Ven espíritu santo y regálame esa profunda sabiduría de la sencillez interior. Amén celebramos hoy a sal Saturnino y compañeros mártires de Bitinia, el Evangelio Sanmargos, capítulo ocho, versículos once al trece. En aquel tiempo se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús para ponerlo a prueba y le pidieron un signo del cielo Jesús dio un profundo suspiro. Dijo por qué esta generación reclamó a uno si no en verdad os digo que no se le dará el signo a esta generación los dejó. Se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla. Dice de un modo maravilloso que el Papa Francisco sobre este evangelio, por qué estos doctores de la ley no entendían los signos de los tiempos y pedían un signo extraordinario. Por qué no entendían antes que nada, porque estaban cerrados. Estaban cerrados en sus sistemas. Habían organizado muy bien la ley una obra maestra. Todos los hebreos sabían lo que se podía hacer, algo que no hasta dónde se podía llegar. Estaba todo realizado. Todos se sentían seguros allí para ellos que eran cosas extrañas las que decía Jesús y ir con los pecadores, comer con los publicanos. A ellos no les gustaba. Era peligroso. Estaban en peligro a la doctrina, esa dutrina de la ley que ellos, los sabios, habían creado a lo que de los siglos le habían hecho por amor para ser fines a Dios. Pero se entraron ahí sencillamente porque habían olvidado la historia. Habían olvidado que Dios es el Dios de la ley, pero también es el Dios de las sorpresas. Por otro lado, también a su pueblo le ha reservado sorpresas muchas veces como cuando le ha salvado de la esclevitud de Egipto. Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo, que nunca reniega de sí mismo, que nunca dice que se ha equivocado nunca. Pero nos sorprende a todos ellos entendido, no entendían y se encerraban en ese sistema hecho de tanta buena voluntad y le pedían a Jesús pero hace un signo y no entendían los musos innuos que hacia Jesús y que indicaban que el tiempo estaba maduro. Cerrazón. Segundo, habían olvidado que ellos eran un pueblo que en camino en camino y cuando nos encaminamos, cuando uno está en camino, siempre en contra encuentra cosas, nuevas, cosas que no conocía. Y un camino no es en absoluto, no es absoluto perdón en sí mismo. Las señales que Cristo ha venido dando a los Fariseos no han hecho ninguna mella. Ellos son los que le piden al señor señales del cielo para creerle y que hasta en el momento, en la agonía de la Cruz, no se cansan de repetir que si baja de la Cruz, entonces sí le creerán. No puede ser que el hombre sea tan ciego para no ver todas las señales de Cristo hecho, y todas las señales que sigue haciendo como son el milagro de lo que decía o que o que un sacerdote representando a Cristo pueda perdonar los pecados en los sacramentos. O así nos rementamos pidiéndole que haga algún milagro de nuestras vidas para que creamos que está allí presente apoyándonos en cada momento. Lo que más necesitamos es querer con sencillez para descubrir los milagros que en cada iglesia y en cada sacerdote va haciéndo sin darnos cuenta de ello. Por ello pidamos al señor que nos dé c en este día para vivir más cercano a Cristo. Tenemos que aceptar con cella amor como María, la voluntad de Dios. Señor al contemplar el sacrificio de tu hijo en la Cruz puede encontrar la gran señal que me confirma la grandeza de tu amor. Permite que esta oración me lleve a contemplarte plenamente en cada celebración de la Eucaristía el Evangelio. Según San Juan, el primer signo que realiza Cristo es el Milagro de Caná. Por petición de la Virgen María, transforma el agua en vino. Así aporta una señal o un signo que certifica que Dios escucha en s oración y les pone ella con sobre abundancia. El virus. El mejor Dios es más grande que nuestro corazón y a lo largo de su ministerio público, Cristo multiplica las señales curaciones, es sur cismos, transurrecciones para despertar esa confianza y conducimos al Misterio Pascua, cual el signo por excelencia, sin el cual nuestra fe es inútil. Cristo da gratuitamente y espera una respuesta libre. Cuando Jesús multiplica los panes, ofrece un signo de poder que se luce la multitud hasta el punto de quiere hacerlo rey. Pero Jesús escapa de ellos porque no quiere dejarse utilizar en sus categorías de eficacia trabajad no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la vida eterna. Les pide, antes de sufrir sus revéses, qué sí nos haces para que veamos y creamos en ti. Jesús responde sin esquivar su pregunta, pero dando la vuelta a relógica, yo soy el pan de vida. Al ofrecerse así, propone el onicípulos pasar de la realidad visible los panes que colman las cestas al misterio del pan de vida por el cual él se identifica. Pero su lenguaje resulta demasiado duro para el espíritu de algunos precisa el Evangelio. Unos lo seguirán, otros lo ruirán. En qué lugar estás tú. Esta es la gran señal, el más grande milagro que nunca será indiferente si ni se convierta la ocrestía en un acto de piedad, sino en una relación real a mi vida y a mi oración. Te doy la venecia que Dios te acompaños estén tu corazón, te cuide, te haga fuerte, allegre y fiel que el hijo a el que el dios hijo a te haga sentir su terfuga y misericordia y te quite del corazón cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir que Dios, espíritu Santo te de luces en la inteligencia, a fuerza en el corazón ánimo renovado y decisión de amar con todo el corazón que María Santísima, te haga sentir su calor de madre y sobrazo. Amor es infierno y san José te cuida con su corazón de padre, el hombre del padre y del hijo y so Santo Amén