Oración del corazón Domingo de la cuarta semana de Adviento rey celeste espíritu con su ajor espíritu de verdad que estás presente en todas partes y rellenas. Todo tesoro, de todo bien y fuente de la vida ven habita en nosotros publicitanos y sálvanos, tú que eres bueno. Hoy celebramos a Sao Gregorio de Espoleto. Vive en la época de las persecuciones de he Diocleciano. Eh buenle mártir el año trescientos tres, El Evangelio de San Lucas, capítulo uno, versículo veintiséis al treinta y ocho. En el sexto mes el Ángel Gabriel fue enviado a Dios a una ciudad de Alea llamada Nazaret, una virgen desposada, un hombre llamado José de la Casa de Darid. El nombre de la virgen se llama Hombre era María. El Ángel entrando su presencia. Dijo a Pérate y en la desgracia, el señor está contigo. Ella se turbó al oír aquellas palabras. Hem Is preguntaba qué saludo era aquél. El Ángelle dijo no te vas, María, porque has encontrado. Gracias ante Dios, concibirás en tu dientre y dará luz un hijo y le pondrás por hombre. Jesús será grande, se llamará hijo del Altísimo. El señor Dios le dará el trono de todavía y su padre leinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel y cómo será eso, pues no conozco varón y el ángel le contestó el espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza de Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo que van a hacer. Se ha llamado Hijo de Dios. También tu pariente, Isabel, ha concebido un hijo y hijo un hijo en su vejez y ya está seis meses la que llamaban estere porque para Dios nada hay imposible. Varía contestó he aquí la esclava del señor hágase mí. Según tu palabra, el ángel se retiró. Señor así como María, subo coger el anuncio del Ángel permite Dios sepa escuchar y aceptar lo que hoy quieres decirme mi ogración, porque mi anhelo es que la verdad de tu Evangelio imprende todo mi ser eh todo mi ver mi ver pensar y actuar, y nos permite que seas quien siempre diga un sí alegre y confiado a lo que tú quieras pedirme en esa noche como una az de luz clarísimo resuena el anuncio del apóstol. Ha parecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres. La gracia que ha aparecido en el mundo es Jesús, nacido de María, Virgen, Dios y hombre verdadero. Ha venido a nuestra historia, ha compartido nuestro camino, ha venido para librar n gracia nieblas y de la reluz. En él ha aparecido la gracia, la misericordia, la ternura del Padre. Jesús es el amor hecho carne nuestro pase. Dios én tiene paciencia con nosotros. Nos ama, nos da Jesús como guía en el camino a la tierra prometida. Él es la luz que disipa las tinieblas, Él es la misericordia. Nos separe Dios nos perdona siempre y en él es nuestra paz. Hemos llegado al horacero, la noche Santa, la nochebuena que hombre, un nombre tan bello se le ha puesto. Noche en la que todos nos hacemos niños y dejamos que hable el corazón, que se haga villancico, luz, ternura, amor familiar, bondad e ingenuidad, Noche en la que se hace patente el niño que somos por dentro y abran el niño del pesebre, la muela del buey los ángeles y los pastores, narraciones sencillas que revelan lo más hondo de nosotros mismos y el sentido de nuestra existencia. Vivamos grientes y de estos días detengámos como sean para encontrar un tiempo de paz, de sabor, de oración ante el Misterio, el misteo de Dios, el de Jesús, el de los seres humanos, el mío propio ese que está dentro de mí y que, por mi complicación, no acierto a descubrir porque me da vergüenza o sencillamente por respetos mal entendidos. El tiempo de Navidad es un tiempo de olvido el tema aquello que nos disminuye ni enferma. En toda Comunidad hay roces y malentendidos. Todos pasamos por muy malos ratos de corracciones tan injustas como corueles hacia los demás. Todos somos heridos y heredores. Todos necesitamos olvidar, no sólo perdonar desde lo alto de nuestra dignidad herida. Cuando alimentamos en el recuerdo de nuestro perdón, el recuerdo de la ofensa, hagamos en este tiempo un esfuerzo definido y sistemático para expulsar de nuestra memoria la convicción de que somos víctimas. Todos lo riego digamos hoy por el nacimiento del Jesucristo en la Tierra. Un niño nos ha nacido. Un niño se nos ha dado canta alegremente la Iglesia en la misa de nochebuena con las palabras del profeta. Isaías, sí, Jesús ha nacido y en él ha parecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres. Nos ha nacido, dice San Pablo. En la altura de la Carta Átito y el Evangelio, escuchamos la mensaje jubilosa que el Ángel anuncia a los pastores. Hoy, en la ciudad de david Os ha nacido un salvador el Mesías, el señor ah aquí tenéis la señal encontráis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Dios se ha hecho hombre, el verbo eterno del padre, se ha hecho carne para redimirnos del pecado, para abrirnos las puertas del cielo y darnos la salvación. Es un misterio insondable, incapaz de ser abarcado ni comprendido suficientemente por nuestra parte y oscura pobre y oscura razón. El Dios infinito se hace un ser pequeñísimo, el Dios eterno, se hace hombre temporal y mortal, el dios omnipotente, se hace un niño frágil, impotente e indefenso, el Dios creador de todo cuanto existe. A quien no puede contener universo entero, se hace una criatura capaz de ser contenida en el vientre de María y luego envuelta en pañales. Sí, este niño es Dios y nace en la más absoluta pobreza, en la más profunda humildad, silencio, desprendimiento, obediencia al padre. Y por qué, por amor, por amor a cauda de nosotros, para qué, para la nuestra vida eterna. Convidamente lo ricen San Ireneo, el hijo de Dios hizo hijo del hombre para que el hombre llegue a ser hijo de Dios. Ojalá que en esta Navidad meditemos hondamente en el significado y en el sentido profundo de lo que estamos celebrando. El corazón del le del pesebre comienza a palpitar tsugando. En Navidad colocamos la imagen del niño Jesús. Jesús se presenta así en un niño para ser recibido en nuestros brazos, en la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así. En Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en entretender las manos hacia todos. El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone a integral misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido. Entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño, percibían la presencia de Dios en sus vidas. La vida se hizo visible. Así, el apóstol Juan resume el misterio de la gerración. El vereno nos hace ver, nos hace tocar ese acontecimiento único y extraordinario que ha cambiado el curso de la historia, a partir del cual también se ordena la numeración de los años antes y después del nacimiento de Cristo. El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume en nuestros propios comportamientos Duerme toma la leche del pecho de su madre Llora y juega como todos los niños. Como siempre Dios desconcierta, es impredecible continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios, no nos invita a la ser discípulos suyos. Si queremos alcanzar el sentido último de la vida. Este texto es de la Carta de la oble, del Papa Francisco, el hermoso signo del pesebre. Oyes veinticuatro de diciembre. Seguro que me he preocupado para que esté lista y preparada la cena familiar con mis hijos, con mi marido, con mis padres, pero me he preparado espiritualmente para recibirte la intimidad de mi corazón. Señor esta nochebuena, quiero humildemente darte el regalo de mi libertad no te merezco, pero no puedo vivir sin tu amor, sin tu gracia. Ven señor Jesús, qué, señor está en tu corazón para que se pasa mal con todo él. Esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y puedes ender su reino, que esté en tus pies para que comiñes por un sendero de la paz que el señor Te mostrará, que esté en tu mirada limpia, para qué tus ojos vean a Jesús en los demás y que esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén