Oración del corazón Domingo de la tercera semana del tiempo ordinario, Domingo de la palabra de Dios, de cuarto día del octavario por la Unidad de los Cristianos. Ven espíritu Santo entra en mi pequeño corazón para que pueda reconocer la grandeza del Padre Dios y no le dé tanta importancia a mi imagen. Regálame una gran sencillez para que reconozca claramente que yo no soy ni puedo ser el centro del universo. Hoy celebramos a Santa Inés Virgen y Mártir el Evangelio de San Marcos, capítulo uno versículos catorce al veinte. Cuando arrastraron a Juan Jesús marchó a Galilea y a proclamar él a procurar el Evangelio de Dios. Decía se ha cumplido el plazo. Está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio. Pasando junto al Lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lagoa Casul. Le dijo venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante, vio a Santiago, hijo de Cebedeo y o mono Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Nos animó. Dejaron a su padre Cepedrio en la barca con los o jornaderos y se marcharon con él. Jesús, creo en tu Evangelio y estoy arrepentido de mis faltas de amor. Me toca a mí y de mí depende el que tus palabras no se pierdan. Me toca a mí el que tu mensaje de salvación llegue a todos los hombres. Te suplico en esa oración. Me des la gracia de comprender que depende de mí que tú seas más conocido, más amado y más seguido. Señor Dame, la gracia de seguir tu llamada cueste lo que cueste. Jesús llama Pedro Andrés, Santiago y Juan y están pescando, pero dejan seguir a las redes y les siguen. El señor quiere preparar a sus discípulos para su nueva misión. Es precisamente de Dios, del amor de Dios, preparar los caminos, preparar nuestras vidas. Para cada uno de nosotros. Él no nos hace cristianos por generación espontánea. Él prepara preparar nuestro camino, preparar nuestra vida. Desde hace tiempo, parece que Simón Andrés, Santiago y Juan hayan sido elegidos definitivamente aquí. Sí han sido elegidos, pero ellos, en este momento no han sido definitivamente fieles. Después de esta selección, se han equivocado, han hecho propuestas no cristianas al señor, han renegado al señor Pedro en grado superlativo. Nosotros, por temor, tienen miedo y se van han abandonado al señor. El señor prepara y luego, después de la resurrección, el señor ha tenido que continuar en ese camino de preparación hasta el día de Pentecostés y después de per de costés. También alguno de estos, Pedro, por ejemplo, se ha equivocado y Pablo ha tenido que corregirlo, pero el señor sigue preparando en este pasaje. Podemos comprobar cómo Jesús pasa a su lado y nos llama Cristo. Se presenta a nosotros en las actividades diarias cuando menos lo esperamos, ya sea en la oficina, ya sea en la labor de casa. Él nos ve y nos llama. El seguimiento de esta llamada requiere dejar las cosas de lado y seguirle a él totalmente. Esto no significa que haya que dejar de trabajar en ese momento o salir el trabajo para estar con él, aunque si fuera posible, sería maravilloso. Como quien atiende su mejor amigo recibiéndolo en casa y no sólo llamando por teléfono. Jesús nos llama sin importarle lo que somos o como somos. No le importa si somos un banquero, un albañir, una madre, casa, un pecador o un santo. Eso sí, una vez que le hemos respondido, se nos pide dejarlo todo y seguirlo. Escogió a pescadores y a publicanos. Pecadores y publicanos, pero no fueron los más inteligentes capaces de su tiempo. Dios escoge a quien quiere. No hay motivos para tener miedo a fallarle a no ser del todo fieles a Cristo en nuestro trabajo. Los apóstoles también le dejaron, pero, sin embargo, tuvieron el valor de levantarse. El Papa San Juan Pablon II lo dijo al inicios pontificado. No tengáis miedo abrid las puertas a Cristo. Hagámoslo, porque para Dios nada es imposible. Sé fiel a tu horario destinado a la oración diaria para que Cristo dirija tus pensamientos y tus acciones. Gracias, Padre, bueno por este rato de oración. Quiero salir de ella convencido de que soy un pobre instrumento, pero que aún así tú me has llamado a colaborar la extensión de tu reino. Muchas veces no logro pedirle seguirte en todo me acomodo a lo que implica a menor esfuerzo, pero hoy tengo el firme propósito, confiando en tu gracia, que puedo mejorar te. Doy la bendición que señor esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que estén tus labios, para que vistes hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabajes en escaso por amor a él y pues endé su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz que el señor Te mostrará, que estén tu mirada limpia para que tus ojos vean a jesús en los demás, que estén tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas herrar a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo Amén