Oración del corazón martes de la primera semana del tiempo ordinario. Espíritu Santo, una vez más, te pido la gracia de liberarme, señor Derrama, en mí un profundo deseo de perdonar, de vivir en paz con todos y de comprender profundamente las agresiones y desprecios de algunas personas. Ayúdame a descubrir sus sufrimientos y divinidades más hondas para poder mirarlos con ternura y no juzgarlos por lo que me han hecho. Limpia mi interior, Espíritu Santo de todo resto de resentimiento y de malos recuerdos. Mi seguridad está en tu amor y en tu fureza, que me abraza lo permitas que me debilite con faltas de perdón. Hoy celebramos a San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir el Evangelio de San Marcos, Capítulo uno versículos veintiuno al veintiocho. En aquel tiempo, Jesús Jesús c S tino pudo entraron en Cafarnaún y cuando el sábado siguiente fue a la Sinagoga enseñar, se quedaron asombrados y su doctrina porque no enseñaba cómo los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en la Sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar qué quieres de nosotros. Jesús nazareno has venido a acabar con nosotros. Sé quién eres el Santo de Dios. Jesús León crepó cállate y sal de él. El espíritu inmundo lo retorció y, dando un fuerte grito, salió. Todos se preguntaron estuperfectos. Qué es esto. Este señar con autoridad es nuevo hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen. Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comanta entera de Galilea. El pasaje evangélico presenta a Jesús que, con su pequeña comunidad y discípulos, entra en Cafarnaún, la ciudad en la que vivía Pedro y que en aquellos tiempos era la más grande de Galilea. Al llegar a cafarnaun Jesús se posterga, no posterga perdón. El anuncio del Evangelio no piensa primero en la disposición logística ciertamente necesaria de su pequeña comunidad. Su preocupación principal es la de comunicar la palabra de Dios con la fuerza del Espíritu Santo y hacerlo en el lugar propio. La sinagoga y la gente en la sinagoga parece asombrada, porque Jesús les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas dice el texto evangélico. Dios interviene en la historia del hombre, fundando su reino en el corazón de cada discípulo y desde entonces hasta hoy, el mensaje no ha sido otro, sino la preparación para la llegada de fin del Reino de Dios. Para ello se ha querido valer de tantas almas, consagradas y fieles a su servicio, los sacerdotes, los diáconos, obispos y papas, los regiosos, las religiosas dedicados a la vida contemplativa por apostolado, a la educación o a las misiones en tierras lejanas, las familias cristianas, los cristianos de a pie que han dado y dan un maravilloso ejemplo de vida que mira Cristo, etcétera. Debemos entender que cuando Cristo proclava el reino como un tiempo cumplido, se trata igualmente del tiempo concedido a cada uno de nosotros, el tiempo de nuestra vida, en la que debemos obrar siempre el bien. Pero no se trata de un bien virtual, sino de un bien que tiene el rostro de cuanto nos rodean malos amigos, hijos, esposo mujer, empleados y compañeros de trabajo, pobres y enfermos de de ns se nos pedirán cuentas al final de nuestra vida. Cristo sigue interpelando al hombre de todos los tiempos para que se decida seguirle a él y o contra él. Desafortunadamente, no hay más opciones y siempre tendremos que decidir Cristo o nuestro egoísmo, Cristo o nuestra sensualidad, Cristo o la pereza, etcétera. Jesús mismo hablaba de que no se puede servir a dos señores. Es imposible encender una vela a Dios y otra al diablo. No tenemos que acabardarnos. Hay que confiar y pedir a Cristo la fuerza para dar la cara por él y por su reino, del mismo modo que él dio la vida por nosotros. Dar la cara es estudiar la propia fe, para dar respuestas convincentes a cuantos atacan, al Papa, al Magisterio, a la moral cristiana, sabiendo que es solo en Cristo se dan todas las respuestas convincentes. Ante el dolor y situaciones difíciles, he de saber e identificarme con Cristo. Al vivirlas con serenidad y confianza y lleno de paz, seguramente tendré que hacer el propósito de dar más la cara, defender más mi fe, no acobardarme y, con naturalidad, hablar de lo que vivo en lo que creo lo que amo. Gracias, señor por enseñarme que lo fundamental en mi vida es la caridad ayúdame amar a mi prójimo con el mismo amor con que te amo a ti. Dame la gracia de descubrirte y servirte los demás, porque esa es la verdadera fe cristiana, el milagro de la curación del hombre poseído por un espíritu inmundo. Me recuerda que quieres hacer conmigo el mayor de los milagros mi santidad. Te doy la bendición. He de venido al padre con la la idea de la fe, el hijo, con la felicidad del perdón y la misericordia y el espíritu santo, con la paz en tu corazón y la bendición de Dios. De Dios, padre hijo y espíritu Santo, descienda sobre ti y permanezca siempre amén