Oración del corazón. Domingo de la vigésima tercera semana del tiemp ordinario ven espíritu santo ve en potencia, adivina el amor, veniera mi pobre corazón, purifícalo, santifícalo, hado todo tuyo. Celebramos hoy a San Nicolás de Tolentino. El Evangelio es amateo. Capítulo dieciocho versículos, quince al veinte. En aquel tiempo dijo Jesús sus discípulos y tu hermano peca repréndelo as horas entre los dos. Si te hace caso, habrá salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro a otros dos para que todo el que asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, ni solo la Comunidad, y no hace caso ni siquiera la Comunidad. Consideralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que hatéis en la tierra quedará todo en el cielo y todo lo que satís en la tierra quedará desatado en el cielo. Os Aseguro además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi padre del cielo, porque donde están dos o tres ruidos y mi nombre ahí estoy yo en medio de ellos. Sí, tu hermano peca repréndelo a solas contra los dos. Si te hace caso a salvado a tu hermano. Qué texto tan hermoso que nos introduce en un huelo claro en conmo vivir la caridad entre los otros cristianos corrientes mediante la corrección fraterna en homilía pronunciada en la misa de la apertura de uno de los signos de los obispos que totón son la eucaristía. El Papa Benedito dieciséis denunció los intentos de estar radios de la vida pública, a la vez que advertía que admitir su culto sólo en el ámbito privado no es tolerancia, sino hipocresía. Para añadir a continuación, allí donde el hombre quiere convertirse el único jefe del mundo, no puedes decir la justicia domina solo el arbitrio del poder y los intereses. Era todo un desafío a los poderes políticos, culturales y e y e s que intentan el tremendo disparate desterrar de desterrar a Dios de la sociedad de nuestros días. Al día siguiente de la apertura, Benito dieciséis sorprendió a los padres sinodales, invitándoles a acudir al sacramento de la reconciliación y a practicar entre sí la conración fraterna, que es una obra de misericordia en tono marcadamente espiritual. El Papa señaló, incluíndose en el comentario, que ninguno de nosotros se viviera a sí mismo se ve bien los propios defectos. Por eso es un acto de amor ayudar a corregirse. Pienso que una de las funciones de la colegialidad es precisamente ayudar a conocer las propias lagunas que ni nosotros mismos no queremos ver. El mensaje fue claro. Antes de analizar los problemas de la Iglesia, es necesario un examen de conciencia sobre los propios problemas y renovar el deseo de ayudar a sus demás, pues, según Benito, dieciséis, en tantas situaciones difíciles que se plantea ni nuestra pastoral ni alguno se encuentra realmente desesperado y no ve cómo puede salir adelante. En ese momento tiene necesidad de consuelo. Uno de los deberes de fraternidad es la coración fraterna. Eso tiene un claro origen evangélico. Los apóstoles conviven con Jesucristo, se comportan con sencillez manifestándose tal como son, y el señor, al observar su conducta sus manifestaciones espontáneas, tomó ocasión para enseñarles cómo corregirles. Unas veces, la corrección es inmediata y aparentemente dura. Como a Pedro recordemos el pasaje Evangélico Comenzó a Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para sufrir mucho de parte de los ancianos, de los príncipes, de los sacerdotes y de los escribas y ser muerto el tes de día resucitar Pedro tomándole aparte, se puso a molestarle diciendo no quiera Dios, señor, que esto suceda, pero él, volviéndose dijo a Pedro retírate de mi satanás tú me sirve de escándalo porque no siente la cosa de Dios, sino sin ora de los hombres. En otras ocasiones, la corración es paciente y llena de comprensión. Por ejemplo, cuando la madre de los hijos de Zebereo pide que sus dos hijos, Juan y Santiago, se sienten al lado de Jesús en su reino, el señor sabiendo que aquellos dos hermanos de Apóstoles estaban totalmente al corriente de lo que hacía su madre, les dijo no sabéis lo que pedís. Podéis beber el cáliz que yo el beber. Dijeronle podemos y respondió me veréis mi cáliz, pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí otorgarlo. Es para aquellos para quienes no te ha dispuesto por mi padre Otra coración que vemos en el evangelio es la que hace el señora Juan. Este dijo Jesús Maestro. Hemos visto a uno que en tu nombre echaba demonios y no es de nuestra compañía y se lo hemos prohibido. Entonces, el señor dirigiéndose a todos los apóstoles, no solamente a Juan, les dijo no lo se lo prohibáis pues ninguno que haga un milagro en mi nombre hablará luego mal de mí. Y cuando los apóstoles discuten entre sobre quién había tenido el mayor Jesucristo, les corrige Con estas palabras. Los reyes de las naciones imperan sobre ellas y los que ejercen la autoridad sobre las mismas son llamados bienhechores, pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros estás en toda a la mesa. O el que sirve no es el que está sentado, pues yo estoy en medio de vosotros, como quien sirve vosotros sois los que habéis permanecido conmigo y mis pruebas. El señor Corrige siempre con amor y nuestras corracciones fraternas. Siempre debe haber un gran denominador común, el amor a Cristo en aquel a quien corregimos. Ha de ser el norte que buscamos y también debe ser el móvil que nos impulsa a corregirle. Solo hay corrección en el contexto de la oración y de la exigente actitud de intención decía San Agustín. Debemos, pues, corregir. Debemos, pues, corregir por amor, no con deseos de hacer daño, sino con las cariñosa intención de conseguir la enmienda. San Agustín lo dice en el seremon ochenta y dos. Pudifiquemos lo que puede haber de soberbia o de impaciencia personal ante los defectos de los demás. Tened los mismos sentimientos que tuvo jesús. Todos hemos de sentir en los pastores de los demás y, más concretamente, de familia y amigos que buscan en nosotros apoyo y ejemplo de fidelidad. En una de sus cartas, el beato ábro del portido decía tan lejos de vosotros ha de estar la condescendencia frívora con los fallos y defectos de un hermano vuestro de una hermana vuestra como la exigencia descarnada. Practicar habitualmente la coración fraterna resulta trabajoso para nuestra comodidad. Cuesta más cómodo es inhibirse más cómodo, pero no es sobrenatural y es de estas omisiones darás cuenta de Dios. Les hacemos las excusas que quieren apartarnos de la coración fraterna tales como si es mejor que yo. Si yo también tengo ese defecto que hoy en el otro he sido voy a coser un sufrimiento, no hay que admitirles nunca el último término. Pueden proceder de una equivocada delicadeza humana o de un excesivo espíritu de comodidad. Si es vivo nuestro afán de santidad y si no nos acostumbramos a nus efectos, también tendremos sensibilidad para vivir con constancia y exigencia la conoción fraterna. Con esa advertencia llena de cariño y de sentido sobrenatural, ponemos en ejercicio de manera muy especial la virtud de la caridad y el sentido de responsabilidad para ayudarlos, concretamente en aquellos situaciones que nos parezca con prudencia y sentinatural, que son susceptibles de una coración fraterna, todos haremos y recibiremos frecuentemente coraciones alternas. Hemos de repasar nuestras disposiciones ante el sentido sobrenatural. Por eso hemos de hacerlo con un pensamiento de humildad, porque todos pueden caer en las mismas faltas y defectos con modos y razones sobrenaturales a solas, con el interesado y añadidos, nunca comentarios ni bromas, con claridad, sin humillar, con delicadeza extrema, sin insistir con excesiva frecuencia, pues hay que contar con los medios sobrenaturales y con el tiempo. También hemos de reafirmar el propósito de recibir las posas fraternas de los demás con espíritu sobrenatural, humildad y agradecimiento, es decir, acogiéndolas con aquellas disposiciones que manifieste humildad a la intención de la Virgen María acudimos para que nos ayude a vivir bien esta obra de misericordia, la corrección fraterna con los demás. Te doy la bendición que, señores, esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que estén tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurección, que esté en tus brazos para que trabajes indescanso por amor a él y por extende su reino, que esté en tus pies para que camines por el sendero de la paz que él te se mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no la pierdas, no nunca, aunque motivos tengas y puede dar a los demás el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo Amén