Oración del corazón viernes de la trigésima primera semana del tiempo ordinario. Rey celeste espíritu consolador, espíritu de verdad que estás presente en todas partes y lo llenas todo tesoro de todo bien y fuente de la vida ven habita en nosotros purifícanos y sálvanos. Tú que eres bueno. Hoy celebramos a San León Magno, San Lucas dieciséis uno ocho. En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos había un hombre, un rico que tenía un admisador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado los bienes. Le Amy le dijo. Es cierto que me han dicho de ti Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador. Entonces é el Amisador se puso a pensar qué voy a hacer ahora que me quite en el trabajo. No tengo fuerzas para trabar bajar a la tierra y me da vergüenza pedir limosa. Ya sé lo que voy a hacer para tener a alguien que me reciba en su casa cuando me despidan. Entonces fui llamando uno a uno de los deudores de su amo y al primero le dijo cuánto. Le dios a mi amo y respondió cien barriles de aceite. El admisador le dijo toma, tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta. Luego preguntó al siguiente y tú cuánto debes. Él respondió cien sacos de trigo. El administrador le dijo toma, tu recibo y haz otro por ochenta. El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con la habilidad. Por los que pertenecen al mundo son más hábiles de sus negocios que los que pertenecen a la luz. El administrador de la parábola había abusado de la confianza de su amo, subiendo los precios en beneficio propio, ante las quejas de los clientes y la amenaza del despido la capacidad, aunque sólo sea por conveniencia y renuncia a su propio beneficio, pidiéndolo justo a los clientes. Ante esta situación, nosotros pensamos que este administrador, aunque ha ya ha cambiado de actitud, no es de fiar. En cambio, para Jesucristo tiene más valor el cambio de conortamiento que el pecado y conoce nuestras caídas. Pero basta un sincero arrepentimiento y que le pidamos perdón para que nos devuelva la confianza y se sienta orgulloso de nosotros como el amo de la parábola con su administrador. Por eso tan importante, es tan importante que pidamos perdón, que abramos el corazón para la confesión y verdaderamente haya contricción, porque es entonces cuando se puede dar la compresión. A la vez Jesús nos invita y disorta a ser sagaces. Esta cualidad debe ser expresión de la caridad cristiana. La astucia, relacionada siempre con el milagro, significa fingir, mentir y engañar para lograr logos que queremos. En cambio, la virtud humana de la sagacidad consiste en la habilidad para encontrar los medios justos y más eficaces al fin de alcanzar un objetivo como puede ser vivir nuestra fe y el amor de Dios. Pero llaman atención ver cómo algunos son muy capaces de obtener lo que se proponen el ámbito del trabajo de la familia, de las amistades. En cambio, se comportan con temor y con respetos humanos y se sienten impotentes a la hora de hablar de Jesucristo y de su doctrina. O hacer algo por la construcción de la civilización, de la justicia y del amor cristianos. Solo el amor es valiente, blinda paz y nos da la fortaleza de hablar cuándo y cómo haya que hacerlo. Callar por respetos humanos es una manera de proceder donde no buscamos ni defender ni seguir la verdad conforme, es conforme inspira a la recta conciencia, sino que lo que nos mueve a guardar silencio es la preocupación por lo que nosotros dirán o cómo reaccionarán si decimos algo de lo que tenemos certeza que es verdad o que y es que es contrario a lo que los demás piensan. Es una forma de caridad y compasión muy mal entendida, porque la verdad lleva siempre al bien y la y el recallar por pechos humanos o visión conduce el mal y, por lo tanto, no es verdadero amor claro, a nadie nos gusta tener problemas y muchas veces hablar de la verdad es lo que más conflictos, acarrea discusiones, que puertas que se cierran, etcétera. Un mundo a donde hablar solo de lo político enmente correcto y acep todo nos ha convertido en personas tibias, timoratas y cobardes. Por supuesto que es importante que, antes de actuar por justicia, debemos tomar en cuenta la opinión de otros, saber qué y cómo piensan y, sobre todo, de entender por qué piensan. Así, pero saber todo esto, tener conocimiento es únicamente para ayudarnos a recordar, a formar un juicio de conciencia en el que sigamos buscando la verdad, la caridad y la justicia. Recordemos que sólo el amor es valiente, sólo es el fuente del crecimiento. Sol es secundo. Solo él es secundo, solo se convierte corazones y brinda la paz Y aquí nos y aquí es quien nos dará a la valentía y la fortaleza para hablar cuándo y como haya da que hacerlo. No se trata de aconsejos ni de decir que así son las cosas y punto, sino de presentar la verdad de una forma aperecible, no barnizada ni mucho menos, sino deseable, para que sea conocida, amada y abrazada en en su todo. Pero la verdad siempre debe ir de la mano, de la paz, de la caridad y de la ciencia y también de la prudencia, esa maravillosa virtud incadinada en nuestra alma, que es la que nos guiará para saber qué decir y cómo y cuándo hacerlo, como San Pablo, viviendo la verdad con caridad. Pablo muchísimas veces dice el apóstol, Pablo muchísimas veces esa maravillosa prudencia también nos indicará cuándo y cómo matener el silencio, no por miedo en respectos humanos, sino por caridad misericordia, siempre teniendo un claro que nuestro fin primordial es llevarán más a Dios al apleritu de sus vidas. Es verdad. Los creyentes sabemos que nuestra amadísima y disia católica y está, por demás, dividida, demasiado separada. Son muchas las diferencias, muchas diferencias en pensamientos, creencias prácticas e ideologías que nos invaden un ego absurdo y la falta de tolerancia y caridad nos separan cada vez más y más de nuestro tra verdadero y único fin a que todos fuimos llamados la Santidad y llegar a Dios por medio de una vida sacramental y doración en nuestra Iglesia, en un in misma iglesia Necesitamos reencontrar cuáles son nuestros puntos de unión y de reconciliación y no de discrepancia. Necesitamos andar por el único camino que llega a los corazones, el camino del amor por medio de la paz y la unión. No le demos gustos al padre de la mentira, de la guerra y de la división. Le ahogamos el mal en abundancia de bien, como decía San Pablo, siempre recordando que lo que no da paz no es de Dios. Así que valientes es lo que nuestro mundo necesita, personas de recta conciencia que amen y defiendan la verdad. Pero insisto con una sonrisa alegres y desde el amor, la paz y la unidad. Si para nosotros que eso fuera de verdad el valor más importante, no deberíamos comportar con más sagacidad, es decir, valientes para hablar de Dios, para manifestarlo con nuestra vida. Estoy la bendición que el señor sea en tu corazón para que sepas al mar con todo él, que estén tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que estén tus brazos, para que trabajes por sin cansancio, sin descanso, perdón, por amor a él y, pues de su reino, que esté en tus pies para que camines por senderos de paz, que el señor te demostrará, que esté en tu melalla limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que estén tu alegría, para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y pueda darle a los demás el nombre del padre, del hijo y del espíritu Santo Amén