Oración del corazón viernes de la vigésimo tercera semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo Tú que derramas luz para comprender las cosas. Enséñame a reconocer los mensajes de mi vida a través. A veces, cuando vino hacia atrás, veon momentos negros y tristes de mi propia vida de Bruba. Historia no no tan recuerdos que me hacen sufrir. Ayúdame a mirar mi historia con otros ojos para que pueda reconocer tu presencia en estos momentos y así descubra lo que has querido enseñarme. A través de estos acontecimientos, hoy celebramos a nuestra Señora de los Dolores. El Evangelio es de San Juan, capítulo diecinueve versículos, veinticinco al veintisiete. En aquel tiempo, junto a la Cruz de Jesús, estaban su madre la hermana de su madre, María la de Clofás y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre mujer, ahí tienes a tu hijo y luego dijo al discípulo tienes a tu madre que desde aquella hora el discípulo recibió en su casa. Cuando llegó la aprito de los tiempos, envió Dios a su hijo al mundo y el verbo se hizo carne y habita entre nosotros para restablecer la amistad entre Dios y los hombres, llamándolos a una nueva vida. Y aunque uno es el mediador entre Dios y los hombres, un hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo por precio de rescate por todos. No obstante, quiso asociar con su misión mediadora a las criaturas y de un modo especialísimo singular a su madre Bendita María, elegida por Dios desde antes de los tiempos para colaborar con su hijo en la gran obra de la redención del género humano. La Virgen fue llena de gracia, gracia plena y preservada, inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios, adornada con el esplendor de la magnificencia divina, el estudo hermosa, mada mía no de sons en ti, la Virgen podía unirse como ninguna otra criatura a la misión mediadora de Cristo y al aceptar recibir en su seno purísimo al hijo de Dios, acercó a Dios, a los hombres y a los hombres adiós. Por ella hemos sido redimidos y el señor quiere que también por ella vayamos a él. La cooperación de María en la redención se mostró claramente en Nazaré, cuando al Arcángel Gabriel le anunció que había sido elegida para ser la madre de Dios. De su respuesta dependía el consurro de los miserables, dice San Bernardo, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salud en suma de todos los hijos de Adán, en de nuestro linaje y con aquel cia tagasé cúmplase pleno, sin reservas, sin condiciones, rendida al alma y todo el ser la voluntad habilísima de Dios. La Virgen se consagró totalmente a sí misma, como sierva del señor, a la persona y a la obra de su hijo, sirviendo al misterio de la red atención con él y bajo él. Por la gracia de Dios omnipotente, toda la vida de María se orientó a este fin. El nacimiento de su hijo, la huida apresurada a Egipto y las privaciones de la estancia en un país extranjero, la vida humilde de la Aldea de Nazaret, forjada en las labores caseras y cotidianas propias de una madre de familia pobre, las peregrinaciones a la ciudad Santa para cumplir los preceptos de Dios. Con todas estas acciones de las que poca noticia nos da el Evangelio, Santa María cooperó en forma del todo singular por la obediencia, la fe, la esperanza y el encendido amor en la resurestauración de la vida sobrenatural en las almas. Esta cooperación llevó consigo muchas veces dolores y trabajos que María no rehusó, sino que abrazó voluntariamente consciente de su misión rencor reventura única cerca de su hijo junto a la Cruz. Hoy no lo recuerda la fiesta donde Jesucristo consumó. Nuestra redención es la señora llevó hasta el extremo su amor hacia los hombres, sus hijos. Cuando los gritos de la muchedumbre, crucifícale, crucifícale se acumulan sobre él, Santa María no huyó el desprecio del gólgota allí de pie en comunión, dice el Papa Benedicio dieciséis en comunión con su hijo, doliente y agonizante, soportó el dolor y casi la muerte. Abdicó de sus derechos de madre sobre su hijo para conseguir la salvación de los hombres y para aplacar la justicia divina en lo que de ella dependía y moró a su hijo, ofreciéndolo en rescate por los pecados. Con él ofrece sus propios dolores, amargos y agudos como espada que traspasa el alma, pero también junto a la Cruz, María, en nombre de toda la humanidad, aceptó la redención en el momento en el que se consumaba el discípulo amado Juan y las santas mujeres asistieron también angustiados a la muerte del señor. Más sólo la virgen la llena de Gracia pudo comprender el significado salvador de aquella muerte en el patíbulo antes que nadie, nuestra señora descubrió en la cruz fiel el árbol noble, recogiendo su corto su fe. Los frutos de la salvación que florecieron en el dulce madero y así a través y así a través de María, fueron confiadas a la Iglesia para su distribución entre los hombres las gracias de nuestra salvación. Con razón se ha acentuado que María no es un miembro más de la iglesia, aunque excelente es tipo de la Iglesia. San Ambrosio dice su porción mayor y mejor, la más importante, la preferida, dice San Ruperto, porque engendrando en su seno al Salvador, cabeza del cuerpo de la Iglesia nos engendró a todos. La tradición cristiana. Ha subido descubrir otro del momentos del nacimiento de la Iglesia en la Cruz, cuando uno de los soldados abrió su corazón con una lanza y al momento vanó sangre y agua. Pero si el amor de Cristo simbolizado en esa herida divina, engendró la Iglesia para continuar la redención, otro amor contribuyó a este nacimiento, el de María, Santísima, virgen fiel en la hora del dolor. Por esta última participación es de la virgen corredentora el nacimiento de la Iglesia Pablo ésto la proclamó madre de la Iglesia, madre de todo el pueblo, de Dios, tanto de los fieles como de los pastores, que le llaman Madre amorosísima, y queremos que, con este título suavísimo de ahora en adelante, la Virgen sea aún más honrada e invocada por todo el pueblo cristiano. Junto a la Madre, los apóstoles y los discípulos del señor se congregaron con su mate inmunum, perseverando unánimes en la oración. Ella fue la roca firme, el refugio seguro Don donde los primeros cristianos a encontraron apoyo, luz y esperanza mientras abordaban la manifestación del espíritu Santo pasado ya pentecostés, cuando los apóstoles extendieron la predicación por todo el mundo, la Virgen se fue y desde el cielo continúa velando con amorosa solicitud tan necesaria la vida de la Iglesia y de los cristianos. Como necesarios son los cuidados de la madre para los hijos pequeños. Ella da el alimento de la gracia, ella vela incansable, ella consuela y anima, ella pide y alcanza y, en medio de las dificultades, nos guía y nos conduce con mano dulce y certera hasta su hijo para sí unirlos al padre en el amor del Espíritu Santo A Jesús, dice San José, María se va y se vuelve por María. La devoción a la Madre de Dios es prenda segura de estar en el camino. Acudamos a su poderosa intercesión para pedirle que interceda por nosotros, por nuestras familias, por las personas que queremos, por tantas necesidades que vemos, que su amor nos encienda a los otros y nos lleve a la preocupación por los demás. Al apostolado cristiano. Tú dir la bendición, que, señores, esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso y por amor a él y postender su reino, que esté en tus pies para que la mires por los senderos de la paz y que el señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a los jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén