Oración del corazón. Miércoles de la vigésima tercera semana del tiempo ordinario, ven espíritu Santo Tú que derramas luz para comprender las cosas. Enseñame a reconocer los mensajes de mi vida. A veces cuando mira a tas ver momentos negros y triste de mi propia historia, brotan recuerdos que me hacen sufrir. Ayúdame a mirar mi historia como otras o con otros ojos, para que pueda reconocer tu presencia en estos momentos y así descubra lo que has querido enseñarme. A través de sus acontecimientos. Celebramos hoy a San Juan Crisóstomo, El Evangelio es de San Lucas, capítulo seis versículos, veinte al veintiséis. En aquel tiempo, Jesús levantando los ojos hacia su discípulo. Les dijo dichosos los pobres, porque vos es el reino de Dios, dichosos los que ahora tenéis hambre porque quedaréis saciados, dichosos los que ahora lloráis porque reiréis? Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, ellos excluyan y os insunten y pues llevamos vuestro nombre como infame por causa del hijo del hombre alegraos ese día y salta de gozo porque vuestras recompensas era grande el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero hay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo. Hay de vosotros los que ahora estáis aiseados porque tendréis hambre, Ay los que ahora reís porque queréis duelo y lloraréis? Ay si todo el mundo habla bien de vosotros, y eso lo que hacían vuestros padres con los vuestros profetas. Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús y el plan de Dios. Para nosotros dibujan en el orso de Cristo y describen su caridad y hace el catecismo de la Iglesia Católica. Su contenido paradójico responde de una manera sorprendente al deseo de felicidad del corazón humano. La santidad es crecimiento en el amor y conduce gradualmente a oír la paz y el gozo de las desventuranzas. Hemos de tener esperanza en que Dios nos ayudará a recor esta senda como a tantos santos que han encontrado las desventuranzas y son que han encarnado las velantonazas y son ejemplos de alegría. Y así aspiraremos a una vida plena, no cometentándonos con una vida mediocre. La felicidad del cielo es para los que saben ser felices en la tierra quiere ser santo. Muchas personas pueden dudar antes de responder a esta pregunta. Imaginan una existencia gris y llena, sólo de sacrificios, una vida sin sueños en la que Dios le impone la fuerza a la fuerza de su voluntad. Quiere ser feliz En este caso. En cambio, la respuesta es clara. Sí, todos queremos ser felices. Todos queremos lograr una vida plena. Mira hacia atrás en nuestros días y poder decir ha valido la pena que yo existiera. No he resultado indiferente. He sido útil, he dejado aposo. El secreto que aprende quién se acerca a Jesucristo es que lo que nos hace felices también nos hace santos. Cuentan tú un sabio. Dijo un día sus seguidores cuando a cuando llegaréis a las puertas del cielo horrarán una sola pregunta una sola quiénes lo rodeaban. Intentaban adivinar la cuestión. Has cumplido los mandamientos, le preguntaba. Uno. Has ayudado a los pobres, decía otro ha rezado mucho ibas a la Iglesia. Has amado al prójimo el sabio sonriendo. Señaló la única pregunta será sencillamente esta. Has sido feliz. Quién responda afinativamente. Tendrás intenta ante Dios. Ha sido feliz. Es una cuestión que podemos anticipar ahora, tal y como he planteado, mi vida seré feliz enseguida. Comprendemos que no es sencillo responder con un sir rotundo y mucho menos. El futuro no está completamente en nuestras manos y son muchas las elecciones que tenemos que tomar a lo largo de los años. Acertaré comiendo en orientación profesional seguiré la vocación que Dios quiere para mí. Encontraré a una persona que me ame y que pueda amar, escogeré bien las amistades y se llega a la enfermedad. El futuro de cada persona está abierto. No somos capaces de ver más allá de nuestro presente. Sin embargo, sin embargo, Dios, respetándolas de libertad, conoce muy bien cuáles serán nuestros pasos. Por eso, en algunos momentos de la vida, podremos orar así. Señor no sé aún cuánto, qué quieres de mí ni qué retos voy a enfrentarme. A veces dudo sobre el camino que debo emprender, pero sé que tú tienes un plan para mí. Conoces también las dificultades que encontraré cuando los talentos que me has dado como los talentos que me he dado para superarlas. Por eso ayúdame a vivir cerca de ti y así haga lo que haga. Ocurra lo que ocurra, estaré caminando por el buen camino. En efecto, confiar en Dios nos permitirá soñar con ambición y nos liberará del freno más fuerte el miedo a fracasar. Pero para ser braante libres es necesario hacer las cosas, dos cosas, fiarse y soñar. Así lo confirmo al Papa en Cristo. Queridos jóvenes encontrarán en el pleno cumplimiento de sus sueños. Solo solo él puede satisfacer sus expectativas, muchas veces frustrados por falsas promesas fundadas, como su hir pap Francisco. Vas a estar la vista atrás para distinguir el momentos de verdadera plenitud de aquellos que, aún siendo agradables, pasaron por nuestra vida sin pena ni gloria. Una fiesta que esperábamos con gran deseo ratos de diversión con los videojuegos o ante la televisión, un viaje con los amigos o una tarde de compras con las amigas. Son actividades que, indudablemente, pueden dejar un buen recuerdo, pero no una huella imborrable. No permanecerán entre nuestro corazón para siempre, porque, aún siendo positivas, no están proyectadas para la eternidad. En una sociedad desencantada que halvidado soñar, existe el período de conformarnos con esos sucedarios de felicidad, es decir, con imitaciones baratas de los sus deseos más profundos que nos dan una recompensa inmediata, obtenida con poco esfuerzo y nuevamente un cierto precio de dinero o de tiempo. Entusiasmarnos con estar a la última en ropa o en tonología arrastrándonos hasta el fin de semana, buscar a la compañía de amigos a cualquier costo o concedernos compensaciones en esos ratos libres que reservamos para nosotros solo son actitudes que puede ayudarons a ir tirando en la vida, incluso durante años. Pero no es eso lo que estamos llamados, queridos jóvenes, decía Papa Francisco, no enterráis vuestros talentos, los dones que Dios nos ha regalado. No tengáis miedo a soñar con cosas grandes. Cuando nos enamoramos, participamos de una actividad solidaria, prestamos un servicio valioso a un amigo. Percibimos que son momentos que sacan a la luz un poco de la grandeza en la que somos capaces. Intuimos que la verdad felicidad está al final de un largo camino en el que no hay atajos Por eso es necesario llenar la vida de ideales, entusiasmarnos con objetivos que nos obliguen a estirarnos para dar más, a crecer con empeño, para sacar lo mejor de nosotros mismos. Puede ocurrir que verdaderamente queramos hacer cosas grandes y luchar por ellas, pero aún no hayamos encontrado el motivo o una personal altura de nuestros deseos. Es necesario buscar, al contrario de aquellas marcas comerciales, filosofías, baratas o personalidades públicas que nos indican claramente que debemos hacer para bien una vida satisfecha. La fe no nos da respuestas hechas, ni fórmulas cerradas o paquetes de felicidad, sino que nos abre siempre unos interrogantes. Qué de hacer para alcanzar la vida eterna? Qué quién decís que soy yo quién es mi prójimo, de qué de ir al hombre, ganar el mundo entero y después pierde, se pierde a sí mismo. Decía el Papa en Paraguay, en lo alto de algunos montes, el señó en realizaciones importantes, se dije a los apóstoles otrans figura, revela las condirantunancias, muere una cruz así del cielo. Subir hasta arriba le costaría esfuerzo, pero en las cimas del señor nos muestra mejor su intimidad con Dios Padre. También nosotros puede costar los esfuerzos pararnos a meditar, sacar unos minutos de nuestro día para hablar con Dios, apagar el teléfono móvil y buscar la soledad. Pero una vez logrado la calma interior con empeño, nos elevaremos por encima del ajedrez diario y de cómo desde lo alto de una montaña podremos ver más lejos, más profundamente. En efecto, necesitamos la soledad, porque Dios habla en voz baja bien. Lo saben los enamorados que las frases más importantes se dicen así para que llen al corazón y abriendo su boca. Enseñaba diciendo mira o Aventurados. Bienaventurados, bienaventurados en el silencio que reinaría en aquel monte, la voz del señor fue desgranando las bienaventuranzas. Sabemos que contienen el secreto de esa felicidad que no logramos apagar con las satisfacciones diarias. Ellas serán la guía de nuestra oración y procuraremos aplicarlas a nuestra vida ordinaria para obtener respuestas capaces de dar sentido a todo lo que hacemos. Solo de este modo, dentro de muchos años podremos sonreír cuando al encontrarlos cara a cara con el señor Él nos pregunto y tú has sido feliz te doy la venecia que señor tiene tu corazón para que se apas amar con todo él, que ten tus labios, para que hables con él con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y es entré su reino, que esté en tus pies para que camines por sendero de la paz que señor Te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas cerrar a los demás. En el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén