Oración del corazón. Domingo de la primera semana de cuaresma Ven Espíritu santo, enséñame a valorar el misterio de cada cosa y de cada ser humano para qué les dedique el tiempo y la atención que se merecen para que pueda aprender el mensaje profundo de todo lo que me toque vivir. Ven Espíritu santo a derramar tu dulce calma en todo mi ser Amén. Celebramos hoy a San El Adió el Evangelio Es de San Marcos. Capítulo uno, versículos doce al quince. En aquel tiempo, el espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás vivía entre limañas y los rageles le servían cuando restaron a Juan Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios y decía se ha cumplido el plazo. Está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio cruzando el umbral del miércoles de Ceñiza? Decía, cruzando el umbral del miércoles de Ceniza? Nos encontramos ya en pleno periodo caso cuaresmal. El Evangelio de hoy es muy cortito, pero muy rico de significado. Vale la pena de tenernos un momento. En la primera frase, el espíritu empujó a Jesús al desierto y se quedó en el desierto cuarenta días. Esto es la cuaresma. Cuarenta días de desierto. Ese tiempo evoca antiguos acontecimientos bíblicos de gran simbolismo. Cuarenta fueron los años de peregrinación del pun ural por el desierto hacia la tierra prometida. Cuarenta los días que permaneció Moisés en el monte sinaí en pleno desierto, en donde Dios renovó la alianza con su pueblo y le entregó las tablas de la ley. Los días que recurrió elías por el desierto hasta llegar a encontrarse con el señor en el Monte oreeve Se fue la también cuarenta y cuarenta los días que nuestro señor Jesucristo transcurrió en el desierto Grando y ayunando antes de iniciar su vida pública, que culminaría en el calvario de dónde dónde llevaría término nuestra redención. La coincidencia numérica es interesante, pero mucho más significativa aún es en el marco geográfico en el que tiene el lugar estos acontecimientos el desierto. En la literatura bíblica aparece muy a menudo el tema del desierto, no sólo como un lugar físico, sino también como un simbolismo de carácter espiritual. Parecería que Dios estuviera una predilección especial por este escenario para llevar a cabo sus obras de salvación. Vayamos juntos al desierto y veámoslo. Se trata de un lugar árido e inhóspito. No hay nada y lo más elemental. Allí se sufre todo tipo de incomodidades, la sed y el calor, las inclementas del tiempo, los cambios bruscos de temperatura, las molestias de la arena, las privaciones y carencias materiales, no ya de las cosas fútiles, sino también incuso de las más necesarias. El desierto es un paraje solitario y silencioso. Es opuesto al ruido y a la algarabía, al consumismo, a la abolicie, a la vida fácil y placentera de sociedades modernas. Es para gente austera y templada. Por eso la realidad física del desierto puede ser como un símbolo de la vida espiritual. Es el lugar del desprendimiento de todo lo superfluo, una limitación a la austeridad y al retorno a lo esencial. Es allí en donde el hombre experimenta su fragilidad y sus propias limitaciones, el lugar de la prueba y de la purificación, pero también el escenario más apropiado para la búsqueda y el encuentro personal con Dios en la oración, el silencio del alma y la soledad de las criaturas. Nuestra vida cristiana tiene que pasar necesariamente por el desierto, es decir, por la experiencia del silencio y de la soledad, del desprendimiento de las cosas materiales, del sacrificio y, sobre todo, de la oración y del encuentro íntimo y personal. Con Dios. Más aún todo lo anterior es sólo como una preparación para que el alma se encuentre a sus anchas con el creador. A muchos hombres y mujeres del siglo XXI, estas palabras podrían parecer tras tal de resultar incómodas y está incomprensibles y no es de extrañar, pero es un camino por el que tenemos que entrar si queremos llegar a la vida. Sin embargo, todos los seres humanos tenemos proas horas arduas de alidez y de cansancio, de fatiga y de derrota, de soledad, de sufrimiento, de desolación y de ceguera interior. Y todo esto es también el desierto y estas zonas amargas pueden ser sinónimo de fecundida y de vida. Si sabemos si bien las jusuidos a Dios, entonces sí, el desierto será el camino que nos lleve hasta la vida prometida, hacerra prometida el lugar privilegiado para el encuentro con Dios y el escenario de nuestra atención al lado de Cristo. La experiencia del desierto nos conducirá al gozo pascual de la resurrección. Señor Jesús, al contemplar asentaciones a las que Dios Padre permitió que fueras tentado, confirmo que nunca debo aspirar a no tener tentaciones, sino a saber superadas con fe y confianza, preparándome permanentemente con la mejor alma la oración, porque ante la tentación nunca me faltará la gracia y la fortaleza del espíritu Santo. Señor, que sepa llevar este mensaje a los demás, especialmente a aquellos que se encuentran solos en ante la tentación, Jesús, no me dejes caer en la tentación y líbrame del mal amenfa todo la bendición Dios, padre mis cordioso y te conceda como al hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna. Cristo, modelo de ggación y de vida, te guíe a la auténtica conversión del corazón a través del camino de la Cuaresma. El espíritu Santo, de sabiduría y de fortaleza se sostenga en la lucha contra el maligno para que puedas celebrar con Cristo al vitoreal pascual y la bendición de Dios todopoderoso padre, hijo y espíritu Santo decida sobre vosotros y permanezca siempre amén