Oración del corazón cubre es de la primera semana del tiempo ordinario. Espíritu Santo, una vez más, te pido la gracia de liberarme, señor de Rama, en mí un profundo deseo de predonar, de vivir en paz con todos y de comprender profundamente las agresiones y desprecios que algunas personas Ayúdame a descubrir los sufrimientos y debilidades más hondas para poder miraros con ternura y no juzgarlos por lo que habían hecho. Limpia mi interior. Espíritu Santo de todo resto de resentimiento y de malos recuerdos. Mi seguridad es tanto amor y en tu fuerza quién me abraza lo permitas que me debilite con faltas te perdón. Celebramos hoy a Santo Tomás de Cori Placidi El Evangelio es de San Marcos uno cuarenta cuarenta y cinco en aquel tino tiempo se acercó a Jesús un leproso suplicándole de rodillas. Señor si quieres puedes limpiarme, sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo quiero queda limpio, y la lepra. Se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió encargándosele severamente no se odias a nadie, pero para que gorste vea presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó a Moisés. Pero cuando fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo. Se quedaba fuera él descampado y aún así acudía a él de todas partes. Señor si quieres puedes limpiarme, Jesús sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo. Quiero queda limpio. La compasión de Jesús es el padecer que lo acercaba a Cada persona que sufre Jesús será completamente sin our en el dolor y la necesidad de la gente, simplemente porque él sabe y quiere padecer con porque tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión. No podía entrar abiertamente ningún pueblo se quedaba fuera en descampado. Eso significa que, además acticurar al leproso, Jesús ha tomado sobre sí la marginación de la ley de Moisés Imburía. Jesús no tiene miedo del riesgo que supone asumir el sufrimiento de otro, pero paga el precio con todas las consecuencias. El Evangelio nos presenta a una vez más a uno de esos hombres que se acerca a Jesús para que lo curase. Como los demás, reconoció en Cristo, el Salvador pasó por su vida y creyó en él como en lo único que podía remediar sus males. En esta ocasión se trata de un leproso para Jesús el caso si no presentaba ninguna novedad. Lo que sí que impresiona es que leproso se expresa en unos us premios inauditos. Si quieres puedes limpiarme, sería posible que Cristo lo quisiese. Si a si eso sucediera, estaríamos perdidos fuera de Cristo, de dónde puedes encontrarse la salud. El prósofo se presentó con su petición, con los torcidos y intenciones de los fariseos. No que puedes curarme, pero porque todo es posible. Y si no que curas, es porque no quieres. Y si no quieres, no eres bueno. Y si no es bueno, cómo haces milagros con el poder de los demonios. Pensaríamos que podría decirle uno de esos fariseos. Ah de esto, él conoce a Cristo profundamente. Sabe lo que hay en su corazón. Por eso se rodilla. Por eso dice si quieres, porque cree plenamente que Cristo le ama. Creemos nosotros estos de nuestra confianza depende de nuestro coraz curación, comentaba San José María. Así estas palabras del leproso, eh, cómo dirigirnos a él, cómo hablarle, cómo comportarse. No se compone de normas frígidas la vida cristiana, porque el espíritu Santo no guía las almas en masa, sino que en cada una infune aquellos propósitos, inspiraciones y afectos que la ayudarán a percibir y a cumplir la voluntad del padre. Pienso, sin embargo, que en muchas ocasiones, en el medio en nervio de nuestro diálogo con Cristo, de la acción de gracias después de la Santa Misa, puede ser la consideración de que el señor es para nosotros rey médico, maestro amigo. Es médico y cura nuestro buismo si dejamos que su gracia penetre hasta el fondo del alma. Jesús nos ha advertido que la peor enfermedad es la hipocresía, el orgullo que lleva a disimular los propios pecados con el médico. Es imprescindible que una sinceridad absoluta explicar enteramente la verdad y decir lo mío si mis potes me mundaré. Señor, si quieres te, puedes tú y tú siempre quieres puedes curarme tú conoces mi fraqueza. Señor siento estos síntomas, padezco estas otras debilidades y demostramos sencillamente las hagas y el pus chepus. Señor tú que has jurado a tantas almas, haz que el detenerte en mi pecho o al contemplar del salario, te reconozca, oh médico divino. Nadie hubiera pensado que curarse de la letra fuera tan fácil. Lo único que preciso este enfermo fue acercarse humildemente Jesús y pedírselo y sabía que Cristo bien podía hacerlo. Además, creen todo con todo su corazón en la bondad del maestro. Quizá por esto es que se presenta tan tímido y sencillo Una vez Maestro, si quieres puedes curarme, la actitud denota no sólo humildad y respeto. Revela además, además confianza la vida de muchas personas y a veces la nuestra se ve llena de enfermedades y males, sucesos indeseados y problemas de todos tipo que nos podrían riar a perder la confianza en el maestro buen pastor. Quizá alguna vez hemos pensado que él nos ha dejado que ya nos está con nosotros, pues sentimos que nuestra pequeña barca ha comenzado a naufragar en el mar de la vida. Pero de esta forma olvidamos que el primero en probar el sufrimiento y la soledad fue él mismo mientras padecía su muerte en la cruz. Y así nos quiso enseñar que Dios siempre sabe sacar bienes de los males, pues para por esa muerte y nominiosa nos vino la redención, la lección de confiar en Dios, en Cristo perdón y en su infinito honda. No es esperar que nos quitara todos los sufrimientos de nuestras vidas, sino que nos ayudara a saber y llevarlos para la purificación de nuestras almas en beneficio de toda la Iglesia, Jesús, cuánto podrías hacer conmigo si me dejara transformar por ti. Sería un instrumento que tú podrías usar para comunicar a los demás hombres tus tesoros y tus gracias. Jesús, ayuda a vivir. Tu evangelio es sentir el apremio de cumplir con tu mandato misionero. Tu de la bendición que te bendiga el padre, con la alegría de la fe, el hijo, con la felicidad del perdón y la misericordia, el espíritu santo, con la paz de tu corazón y la bendición de Dios. Todopoderoso padre hijo y espíritu santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre amén