Oración del Corazón. Jueves de la tercera semana del tiempordinario octavo, día del octavario por la Unidad de los Cristianos, ver espíritu Santo Tú, que eres como un viento divino. Dame la gracia de superarles toda la timidez y toda cobardía ante la vida. Lléname de arrojo, de tu impulso, de tu valentía, de tu santo. Empuje ayúdame a vivir con ganas las horas de este día con una esperanza siempre renovada, adbierto al misterio de cada jornada. Hoy celebramos a San Pablo en su conversión, el Evangelio y San Marcos, capítulo dieciséis versículos quince al dieciocho. En aquel tiempo se apareció Jesús a los once y les dijo id al mundo entero y proclamad el Evangelio. Toda la creación, el que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer será condenado. A los que crean les acompañar a estos signos, echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y si viven un veno mortal no les hará daño. Impondrá las manos a los enfermos y quedarán sanos. Señor, permite que esa meditación me marque el camino para seguir el gran ejemplo de la vida del apóstol San Pablo, que, una vez que experimentó tu amor, ya no hubo nada y nadie que lo apartara de su misión. En este nuevo año, quiero sepultar a ese hombre viejo que hay en mí para dejarme conquistar por tu amor. Señor concédeme que mi testimonio comunique la alegría de mi fe Jesús lo dijo a Ruiciplos de ayer y lo lo dice a nosotros. Id anunciad La alegría del Evangelio, se experimenta, se conoce y se vive solamente dándola, dándose. El espíritu del mundo nos invita al conformismo, a la comodidad. Frente a este espíritu humano, hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo. Tenemos la responsabilidad de anunciar el mensaje de Jesús, porque la fuente de brosa alegría nace de este deseo inagotable, de brindar misericordia fruto de haber experimentado la infinita misericordia del padre y su fuerza difusiva, dice el Papa Francisco. A esto, el señor nos invita a hoy y nos dice la alegría del Cristiano, la experimenta en la misión, hice a las gentes de todas las naciones la alegría del Cristiano, la encuentra una invitación iz anunciad comenta Papa Francisco, Jesús nos envía todas las relaciones a todas las gentes y en ese todos, de hace dos mil años estábamos también nosotros. Jesús no da una lista al selectiva de quién sí y quién no, de quiénes son dinos y de no recibir su mensaje y su presencia dinos o no. Por el contrario, abrazó siempre la vida, tal cual se la presentaba con rostro de dolor, hambre, enfermedad, a pecado, con rostro de heridas, de sed de cansancio, con rostro de dudas y de piedad. Lejos de esperar una vida maquillada, decorada, trucada, la abrazó como venía a su encuentro, aunque fuera una vida que muchas veces se presenta derrotada, sucia destruida. A todos, dijo Jesús, a todos id y anunciad a toda esa vida como es y no como nos gusta que fustaría que fuese. Id y abrazad en mi nombre. Is a los cruces de los caminos. Is anunciar sin miedo, sin prejuicio, sin su plenidad, sin purismos, a todo aquel que ha perdido la alegría de vivir id y anunciad el abrazo misericoroso del padre y de aquellos que viven con el peso, del dolor, del fracaso, del sentir una vida trucada. Y anunciad la locura de un padre que busca ungirlos con el óleo de la esperanza de la salvación, y y anunciar que el error, las ilusiones, engañosas, las equivocaciones no tienen la última palabra en la vida de una persona iz con el oleo que calman las heridas y restaura el corazón. Nos encontramos en el Monte de los Olivos, en el mismo lugar donde cuarenta días antes, Jesús era entregado por uno de los discípulos y donde todos los demás le abandonaron. Pero las cosas han cambiado y ya no son los mismos apóstoles de antes. La resurrección nos ha cambiado y Jesús se da cuenta de esto. Por eso les da una nueva misión, predicar el Evangelio a todos los hombres, suscitar la fe, transmitir la salvación mediante el bautismo. Y aquí la misión de los apóstoles después de la resurrección, y nosotros, católicos somos hoy en día esos apóstoles resucitados. Es verdad que nuestros días, en nuestras vidas, hemos abandonado a Cristo muchas veces. Pero pero eso a Jesús no le importa. Él los llama a predicar el Evangelio, como volvió a llamar a los apóstoles y como un día llamó a San Pablo, cuya conversión celebramos hoy. San Pablo persiguió los apóstoles y quería borrar el nombre de Jesús de Nazaret trafada Israel. Pero Jesús, resucitado, le convierte de un perseguidor, a un precursor de la buena nueva y el Apóstol apasionado de ese este Cristo a quien él perseguía. Jesús nos manda predicar el Evangelio y es el primero que nos da ejemplo, convirtiendo al más temido de todos los judíos. La conversión de San Pablo de Saúllo infundió en él una fe que lo hace Apóstol incansable, enciende en su alma un ardor de caridad que le obliga a transmitir a los demás la verdad que he encontrado. Le dar la fuerza para ser tanto de palabra como de obra, un ferviente testimonio del Evangelio. Ahora bien, qué nos diferencia a nosotros de San Pablo. Tenemos la misma fe, la misma caridad, la misma doctrina del mismo Dios, pero nos falta su amor apasionado a Cristo, que le llevó a considerar todo basura y estiércol Comparado con Cristo, hoy es un día de conversión. No esperemos más. Convirtámonos en esos apóstoles resucitados y pidamos esa fe, ese amor que convirtió San Pablo, para que nos convileta también a nosotros en luz y luego fuego en medio de la oscuridad del mundo. Señor quiero ser un San Pablo para mi familia y el mundo de hoy. Quiero dejarme conquistar por la fe para lograr mi transformación interior y poder llegar a decir por la gracia que me das que ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Quiero dejar el afán por el aparecer, por el bienestar, por las posesiones, por éxito, pero, sobre todo, teniendo en cuenta que mi vida cristiana no se resume en negaciones, sino en la entrega por amor a los demás. Te doy la bendición, que la bondad y la misericordia de Dios, Padre, te llenen en el corazón, que la mirada de amor de Dios, hijo, penetre en tu alma y te purifique de cualquier inquietud y falta que te pueda separar de Dios, que el amor de Dios, Espíritu Santo Te conceda la paz que necesitas, que la ternura de María, madre de Dios y madre nuestra te acaricia y proteja, y que la fortaleza y sencilla de San José, nuestro padre, señor Te, conduzcan al cielo y la bendición de Dios. Todopoderoso Padre hijo y Espíritu Santo descienda sobre boti y permanezca siempre amén