Oración del corazón martes de la tercera semana del tiempo ordinario Octavario por la Unidad de los Cristianos. Sexto día. Ven espíritu santo entre mi pequeño corazón para que pueda reconocer la grandeza del Padre Dios y no le hay tanta importancia a mi imagen. Le gran una gran sencillez para que reconozca claramente que yo no soy ni puedo ser el centro del universo. Hoy celebramos a San Il Alfonso, El Evangelio es de San Marcos, capítulo tres versículos treinta y uno al treinta y cinco. En aquel tiempo llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera le llamaron llamar la gente que tenía presentada alrededor. Le dijo Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan y les contestó quiénes son mi madre y mis hermanos y paseando la mirada por el corro. Dijo estos son mi hermana Perdón, mi madre y mis hermanos. Le en cumple la voluntad de Dios. Ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Nos imaginamos la escena del Evangelio. Cristo está predicando a quienes quieren escucharle. Pero he aquí que de pronto alguien viene con la noticia de que su madre y sus aparientes quieren verlo. Por qué Cristo no se ha levantado presuroso a recibir a la que más amó en la tierra, a su madre. Por qué, en cambio, por qué, en cambio, ha respondido de una manera tan casi indiferente. Pero nada de eso estaba en el corazón del mejor de los hijos. Si su madre lo buscaba, iría a recibirla y si respondió así, le ensalzó sobre todos y como quien nos remató, remontó aquel suceso de años, cuando a la niña María le ha presentaron el templo, quién es mi madre y mis hermanos quien cumplen la voluntad de Dios, enseñaba el Maestro y quién cumplió mejor en esta tierra la voluntad de Dios, y no María, su madre, Ella la siempre fiel. Por eso la puso de modelo todo aquel que llegue a cumplir obdhesión de su padre. Podrá semejarse a aquella dulce madre fidelísima, a quien se le confiaron tesoros tan grandes. Y así como una vez fue presentada en el templo para consagrar totalmente al señor Ahora, ella de labios de su hijo fue confirmada en su ofrenda total ante el padre celestial, porque sólo ella ha logrado vivir consagrada plenamente a los deseos del señor Benditos. Aquellos que son llamados hijos de Dios. Pero lo mejor de todo es que cada uno de nosotros católicos MM bautizados también somos hijos predilectos de Dios. Basta con cumplir su voluntad en todo momento. Yo puedo llegar él a ser fan de Jesús si hago lo que Dios quiere de mí y lucho por no caer en las tentaciones del demonio y no me dejo llevar lejos de Dios. De Dios, Jesús me necesita a mí, quiere que lo siga, que esté con él para cambiar el mundo. Me necesita en mi pobreza, en mi debilidad. No le importa mi perfección, no deseo, no desea que no comete errores. Sabe que los voy a cometer, pero quiere que me abra a la misericordia. Soy su familia cuando deseo hacer siempre su voluntad, aun que caiga, aunque no haga siempre lo que me pide. Dios tiene misericordia. Es paciente con mi miseria. Decía son de Teresa de Calcuta. Si tengo, sí, tengo muchas difi debilidades humanas, muchas miserias humanas, pero él baja y nos usa usted y a mí para ser su amor y su compasión en el mundo, A pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras miserias y de efectos, Él depende de nosotros para amar y al mundo y demostrarle al mucho que lo ama. Me gusta mirar así mi vida. Dios sí que está en sus cabales. Soy yo el qui me cierro tantas veces a la salvación y pierdo mi juicio. Quiero hacerlo todo bien, pero no puedo y me lleno de ansiedades, de ansiedades y de miedos. No confío. Quiero ser perfecto y me alejo de Dios. Puedo pensar que no creo en su misericordia, porque no creo que pueda hacer conmigo una gran obra. Me siento tan pequeño. Me gustaría ser como Dios, pero soy un hombre lleno, de pecados y pobre. Necesito misericordia, humillado saber que Dios depende de mí para regalar su amor. Me turba, me siento tan incapaz. Yo soy su madre y su hermano, su familia. Soy yo aquel en quien él hace. Se hace presente en mis manos, su cuerpo, en mi voz o perdón, en mis gestos torpes, su amor infinito. Él me necesita. Soy de los suyos, de su sangre, pero no porque lo haga todo bien, sino porque me ha llamado y me ha dicho que me ama y yo quiero entonces hacer vida en mí lo que me pide, lo que él sueña para mí. Ese consuelo me levanta cada mañana, me anima, me da fuerzas, me hace mejor persona saca lo mejor que hay en mi alma enferma. Me alegra creer que mi pecado no me limita, no me ata, no me priva de su amor. Solo cuando dejo de creer en su misericordia es cuando muero. Solo cuando veo a la oscuridad y me quedo en ella me endurezco solo cuando me atormento pensando que no tengo fuerzas para cambiar. Ahora siempre hay que tomar las palabras de Jesús como verdaderas de otra mal forma. Nuestra fe no valdría de nada. Y si Cristo dice que quien cumple la voluntad de Dios es su hermano y su romana y su madre, yo quiero ser hermano de Jesús. Es cuestión de pensar un momento tener a Dios como hermano, piden luces y fuerza el espíritu santo para conocer y cumplir la voluntad de Dios en tu alma, en tu vida. Gracias, Jesús, por considerarme como tu hermano, como tu madre, pidiendo simplemente que te ame, por encima de todo que ponga tu voluntad en primer lugar, porque ésta debe ser siempre mi norma suprema, por encima del ambiente, de las costumbres, del mundo, de mis caprichos. Abraza todo lo que te ayude a cumplir la voluntad de Dios y rechazar lo que me estorbe para seguirlo. Ese es el camino de la santidad. Dile con frecuencia al señor Aparta, señor de mí, lo que me aparte de ti, señor Dame, la gracia de convencerme de que no hay vida más fecunda y hermosa que la que se gasta cumpliendo tu voluntad santísima. Te de la bendición que, señore, esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que estén tus labios, para que hables con fuerza y feliz su basurrección, que esté en tus brazos para que trabajes sin descanso por amor a él y puees ente su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de paz que el señor Te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos lean a Jesús en los demás, esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y pueda adelantar a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo Amén