Oración del corazón lunes de la quinta semana del tiempo ordinario. Ven Espíritu Santo Te, ruego que me enseñes a orar, que me ayudes a destruir las falsas imágenes que tengo de ti. Quiero cambiar todas las costumbres y estructuras que ya no me sirvan para encontrarme. Contigo que todo mi ser entre en tu presencia y pueda adorarte con todo lo que soy y te permita entrar en todas las dimensiones de mi ser, en mi mente, en mi imaginación, en mis afectos, en mi cuerpo. Celebramos hoy a Santa Águeda, Virgen y Mártir. El Evangelio es de San Marcos. Capítulo seis versículos cincuenta y tres al cincuenta y seis. En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron apenas desembarcados. Algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca. Cuando se enteraba la gente donde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas, el aldea o pueblo caserío donde llegaba. Colocaban a los enfermos de la plaza y le rogaban que le dejase tocar al menos el morde, el borde de su manto, y los que lo tocaban se ponían sanos. La palabra que nos ayudará a entrar en el misterio de Cristo es cercanía. Un hombre pecó y un hombre nos salvó. Es el mismo Dios que está cerca, el Dios con nosotros, cerca de nosotros de nuestra historia, desde el primer momento cuando eligió a nuestro Padrabraham, caminó con su pueblo, Y esto también se ve con Jesús, que hace un trabajo de artesano, de trabajador. A mí la imagen que me viene es aquella de la enfermera de un hospital. Cura las heridas una por una, pero con sus manos. Dios involucra, se mete en nuestras miserias, se acerca a nuestras heridas y las cura con sus manos y para tener manos se hizo hombre. Es un trabajo de jesús personal. Un hombre trajo el pecado, un hombre viene a salarlo cercanía. Dios no nos salva solo por un decreto o una ley. Nos salva con ternura, con caricias, nos salva con su vida por nosotros. La imagen de la ternura de Santa Teresa de Calcuta nos manifestó. Res nos manifiesta que Santa Teresa de ucut Calcuta nos manifestó responde perfectamente a la imagen de Cristo compadecido tiernamente del hombre caído, herido y maltratado. Los genios son genios no por lo que producen, sino por lo que proyectan, por lo que reparten. Un genio no es un hombre que tiene el alma muy grande, un hombre que cuya alma podemos alimentarnos. En los santos. La cosa es aún más clara. Son santos, porque no se reservaron nada para sí, sino que se entregaron a todos. Cuanto les rodeaban, Jesús, que acababa de multiplicar los panes compadeciéndose de la multitud, les da después a los discípulos un susto tremendo, por así decirlo. Se trata de una de esas bromas del altísimo. Una vez que se les pasó el miedo de haber visto a Jesús caminando sobre las aguas, tocan tierra de nuevo. Qué personalidad la de Cristo en cuanto bajó de la barca, le reconocieron y corrieron hacia él. Es la fuerza de los santos, la fuerza de Dios. Cada tarde, al volver del trabajo, paredamos encontrar a nuestros seres queridos y disfrutar de la paz del hogar. El esfuerzo cotidiano exige un buen descanso. Jesús no se detuvo a contemplar su cansancio, su fatuga fatiga, ni siquiera si estaba o no dentro de su horario de trabajo o si se le pagara una primaestra. Esa es la verdadera generosidad, esto es, no rasgarse nada para sí, sino entregarse a los demás le traían enfermos, deseaban al menos tocar la hora de sus vestidos para ser curados. A nosotros, Dios no nos pide directamente que curemos enfermos o hagamos todo tipo de milagros. Quizá no esté a nuestro alcance, pero sí podemos dar una palabra de aliento al compañero de trabajo, una sonrisa a quienes suben con nosotros en el ascensor, una atención y un recuerdo en la oración para quien nos pide ayuda en la calle, la alegría y el detalle con nuestra esposa o esposo y nuestros hijos, a pesar de la tensión acumulada en el trabajo, cosas sencillas, cosas pequeñas, pero que a los ojos de Dios tienen un valor inmenso. Los genios lo grandes santos lo han sido a base de estos pequeños peregaliosos de amor y generosidad, Y tú qué esperas para ser feliz. Es fácil mirando a Dios rezar de esta manera. Gracias, Padre, porque a través de la historia, te manifiestas como un Dios de amor, de misericordia, de compasión, de ternura. Señor Gracias, porque, como cantamos en el salmón, eres compasivo y misericordioso y nos invitas también a serlo con los demás. Gracias, señor, porque eres clemente y sin desterrura por cada hijo tuyo y nos invitas a serlo también con los demás. Gracias, señor, porque tu bondad y tu misericordia nos acompaña cada uno de los días de mi vida. Hazme testigo de esta bonda y misericordia con los demás. Padre eres un dios de amor, eres un dios de ternura y misericordia. Como hijo tuyo, quiero participar cada día, padre de tu vida y de tu amor. Que mi vida sea, señor, un abrazar constante a los demás con mi gestos, miradas, palabras y sentimientos de ternura de tu espíritu, sentimientos de ternura de amor, que tu ternura, señor, signifique para mí transformar mi corazón, para abrirlo a los demás. Envía tu espíritu sobre mí, señor, para ser compasivo y misericordioso, tierno y amoroso como el padre es misericordioso conmigo. Señor quiero ser fiel a mi embutismo no espero sólo tener la experiencia del perdón, sino convertirme en instrumento. Tuyo misionero de tu misericordia, que no es más que discípulo. Tuyo Dios de compasión y ternura y bondad que tu ternura permanente hacia mí, Señor sea también un sello que yo lleve a los demás. Qué bien definir la Santidad San José María cuando escribe quieres de verdad ser santo cumple el pequeño deber de cada momento haz lo que debes y está en lo que haces. Jesús, qué ciego he sido el tener más temer más a la enfermedad o a los problemas cotidianos de la vida que al pecado y he abusado de te torna misericordia a no esforzarme por dominar mi liberidad. Por eso suplico a la virgen que me guíe, para saber, resistir a la tentación. Y te doy la bendición, que la bondad y la misericordia de Dios, Padre, te llene el corazón, que la mirada de amor de Dios, hijo, penetre en tu alma y te purifique de cualquier inquietud y falta que te pueda separar de Dios, que el amor de Dios, Espíritu Santo, te conceda la paz que necesitas, que la ternura de María, madre de Dios y madre nuestra te caricia y proteja, y que la fortalece en la senciedad de San José, nuestro padre y señor te conduzcan al cielo y la bendición de Dios, Padre hijo y Espíritu Santo de siendo sobre ti y te acompañe siempre amén