Oración del corazón domingo de la primera semana de aliento espíritu Santo, Tú que me aclarás todos que iluvinas todos los caminos para que yo alcance mi ideal, Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y en todos los instantes de mi vida estás conmigo. Quiero que en este corto diálogo, agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua. Gracias por tu misericordia conmigo y con los míos. Gracias, Dios mío. Hoy celebramos a San Francisco Javier, que fue misionero y mi trabajo en la India y en Japón. El Evangelio es a Marcos capítulo trece versículos, treinta y tres, tres al treinta y siete. En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos, miras y vigilad pero no sabéis cuál es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa y fui yo a cada uno de sus criados su tarea encargando al portero que velara velaz Entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa y al atardecer o la medianoche o al canto del gallo por amanecer, no sea que venga inesperadamente que os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros os lo digo a todos. Velad Señor gracias por ese tiempo de adviento que hoy comenzamos y que me ayuda a prepararme espiritual y apostólicamente al gran acontecimiento de la Navidad. Permite que esta meditación me descubra los medios y la perseveran de perseverancia, lo que tengo que poner más atención. Ven, señor no tardes, ven que te esperamos. Ven pronto, Señor. El señor Jesús se ha adorado, se ha donado y sigue donándose a nosotros para llenarnos de toda misericordia y gracia del padre. Somos nosotros, por tanto, los que podemos convertirnos, en cierto sentido, en jueces de nosotros mismos, auto condenándonos a la exclusión de la comunión con Dios o con los hermanos, con la profunda soledad y tristeza que esto produce. Nos cansemos, por tanto, de vigilarnos sus pensamientos ni nuestras actitudes para pregustar desde ahora el calor y el esplendor del rostro de Dios. Será billísimo ese Dios que en la vida eterna contemplaremos con toda su plenitud adelante pensando en este juicio que comienza ahora y que ya ha empezado adelante haciendo que nuestro corazón esté abierto a Jesús y a su salvación. Y adelante sin tener miedo, porque el amor de Jesús es más grande y si nosotros pedimos perdón por nuestros pecados, él nos perdona. Jesús es así adelante con esa certeza que los llevará a la gloria del cielo. El domingo pasado recordarás celebramos con regocijo y alegría la solenidad de Cristo Rey y con esa fiesta hemos cerrado el ciclo ordinario del Año Litúrgico. Hoy iniciamos el adviento adviento, el latín adventus significa llegada. Es el tiempo que va desde el día de Cristo Rey hasta la Navidad o quizás mejor dicho, desde el domingo siguiente Cristo Rey hasta la Navidad, y que nos prepara espiritualmente, para celebrar con gozo y con óptimas disposiciones interiores, el nacimiento del señor Jesucristo en la Tierra, momento maravilloso de nuestra salvación. En estas semanas previa hará Navidad. La Iglesia entera aguarda con Jubilo, una nueva llegada del Mesías, el hijo de Dios, de nuestro redentor, de nuestro hermano Jesús, hecho hombre como nosotros y nacido para redimirnos la virtud propia de la mar característica de este tiempo es la esperanza. Y mientras esperamos su vida gloriosa, el señor No recuerda que hemos de estar siempre en vera, porque no sabemos a qué hora llegará el dueño de la casa si al atardece o medianoche o al canto del gallo al amanecer nos dice el Evangelio hace tres semanas lo recordarás. Oíamos la parábola de las diez vírgenes invitándonos a la vigilancia, y hoy nos vuelve a recordar la necesidad de velar para que cuando llegue y nos encuentre despiertos y preparados para recibirlo con nuestro corazón puro, noble y generoso. Un poeta alemán de siglo XVIII decía, aunque Cristo haciera mil veces en Belén, si no nace en tu corazón, seguiría siendo un desgraciado. Se cuenta que un famoso artista pintó un bello cuadro en día de la presentación al público. Asistieron a las autoridades locales, fotógrafos y periodistas y una gran concurrencia de espectadores. Llegado el momento se tiró el paño que hubó al cuadro un estallido de aplausos. Hizo retumbar el salón una impresionante figura de Jesús tocaba suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo con el oído junto a la puerta. Pretendía huirse dentro de la casa. Alguien respondía, Se pronunciaron discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Sin embargo, un observador muy curioso y perficaz encontró un fallo en el cuadro y se lo hizo notar al autor. La puerta no tenía cerradura y fue preguntar al artista. No sin cierta. Picardía oiga su puerta no tiene cerradura. Cómo se hace para abrirla. Así es respondió el pintor. Usted ha observado bien. Esta casa no tiene puerta, porque representa el corazón del hombre. Sólo se abre por el lado de la de la od dentro. Si nosotros queremos que Cristo venga a nuestra alma y nazca en nosotros esta Navidad tenemos que abrir nuestra casa desde adentro. Él no obliga a nadie ni fuerza contra su voluntad. A quien le abran, cada uno lo hace libremente. Él nos respeta siempre porque nos ama, incluso aunque en nuestra indiferencia o negación nos hacemos daño a nosotros mismos. Es el misterio del amor de Dios y de la libertad humana. Si queremos que Dios nazca en nosotros, hemos de preparar nuestro nacimiento, nuestro belé interior, y esto exige estar en vela para que el pecado y los vicios del mundo no hagan presa en nuestra vida. Ojalá, celebramos la puerta y le dejemos entrar en nuestra casa. Esta Navidad tenemos cuatro semanas de aliento para prepararlo en nuestra alma. Te doy la bendición Dios todopoderoso lleno de misericordia que por la primera avenida de su hijo en nigénito ni el que creemos, y por la segunda que esperamos, os ilumine con su luz y os colméduco su bendición en el camino de esta vida. Os haga, nos haga constantes en la fe alegres en la esperanza y activos en la caridad para que celebrando la avenida del tiempo de nuestro redentor, seáis recompensados con el don de la vida eterna. Y cuando él venga por segunda vez en la gloria y la bendición de Dios, todopoderoso padre, hijo y espíritu santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre amén