Oración del corazón. Viene de la tercera semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo Tú, que eres como un viento divino. Dame la gracia de superar toda timidez y tú la cobardía ante la vida. Llenamera rojo de tu impulso, de tu valentía, de tu santo empuje ayúdame a vivir con ganas las horas de este día con una esperanza siempre renovada, abierto al misterio de cada jornada. Hoy celebramos a los santos Timoteo y quitó obispos y discípulos del apóstol San Pablo. El Evangelio es San Marcos, capítulo cuatro versículos veintiséis al treinta y cuatro. En aquel tiempo, Jesús dijo la gente, el Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana la semilla germina va creciendo sin que sepa cómo la tierra va produciendo la cosecha. Ella sola, primero los tallos, luego en espiga. Después el grano, cuando gran hasta punto se mete la hoz porque ha llegado a la ciega y dijo también con qué podemos comprar el Reino de Dios, qué parábola usaremos con un grano de mostaza al sembrarlo, toda la tierra, todas las semillas más pequeña, pero después brota se hace más alta que las demás hortalizas y hechas ramas tan grandes que los pájaros se pueden cobijar y anidar en ellas con muchas parábolas parecidas. Les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se nos ponía con parábolas, pero sus discípulos se lo explicaba todo en privado. El Evangelio de hoy está formado por dos parábolas muy breves, la de la semilla, que germina y crece por sí, y la del grano, de mostaza a través de estas imágenes tomadas del mundo rural, que luz presenta la eficacia de la palabra de Dios y las exigencias de su Rey, mostrando las razones de nuestra esperanza y de nuestro empeño en la historia. En la primera parábola centra la atención sobre el hecho de que la semilla echada en la tierra, prende y se desarrolla por sí misma, sea que el campesino duerma o esté despierto y que confíe en la potencia interna de la misma semilla y la fertilidad del terreno. En el lenguaje evangélico, la semilla es símbolo de la palabra de Dios, cuya fecundidad es invocada por esta parábola, así como la humilde semilla se desarrolla en la tierra, así la palabra obra con la potencia de Dios en el corazón de quien la escucha. Dios ha confiado su palabra a nuestra tierra, o sea, a cada uno de nosotros en con con nuestra concreta humanidad. Podemos tener confianza, porque la palabra de Dios es palabra creadora destinada a volverse el grano lleno en la espiga. Esta parábola se r y es acogida. Si es acogida, trae seguramente sus frutos, porque Dios mismo la hace germinar y madurar a través de paz caminos que no siempre podemos verificar y de una manera que no conocemos y de una manera que no sabemos. Todo esto nos hace entender que es siempre Dios quien hace crecer su reino. Por eso rezamos tanto que venga tu reino. Es él quien lo hace crecer. El hombre es humilde colaborador que contempla y se alegra de la acción creadora divina y espera con paciencia de los frutos. La palabra de Dios hace crecer la vida da vida, por lo que tiene gran importancia tener el Evangelio, la Biblia al alcance de la mano, el Evangelio pequeño en la cartera, en el bolsillo, de nutrirnos cada día con esa palabra vida de Dios, leer cada día un párrafo del Evangelio, un párrafo de la Biblia. Por favor, decía el Papa. No os olvidéis nunca de esto, porque esta es la fuerza que ha que hace nar en nosotros la vida del Reino de Dios. No es ésta la más pequeña de todas las semillas. Y ahora así es el más grande de todos esos gustos. Así es la vida interior y Cristo nos la da nos ha dado a conocer de esa misma manera. Lo único que se tiene que hacer para harposeer este magnífico arbusto es cultivar esa pequeña semillita hasta que crezca totalmente. Así, la vida interior en un principio es como una pequeña semilla. Posteriormente, desde un nuestro corazón crece tanto que llena todo el corazón es como el amor que da verdadera felicidad. Es tan pequeño al inicio que hay que irlo cultivando para que crezca y se fortalezca poco a poco. Éste se hace más fuerte hasta que se mantiene en pie por sí solo. Pero sigue siendo frágil, porque cualquier hachazo puede derribarlo. Por lo tanto, necesita cuidado continuo. Esto es lo que hay que hacer con la vida interior, cuidarla cuando esté bien crecidita para que ningún hacha o sierra eléctrica nos la vaya a echar por bajo Jesús Ayúdame a cumplir mi misión de vivir un cristianismo activo al servicio de tu Iglesia. Ayúdame a ser el instrumento para que otras personas se encuentre a Dios de la bendición, que la bondad y la misericordia de Dios, Padre te llenen el corazón, que la mirada de amor de Dios, hijo penetre en tu alma y te purifique de cualquier inquietud y falta que te puedan separar de Dios, que el amor de Dios, Espíritu Santo Te, conceda la paz que necesitas, que la ternura de María, madre de Dios y madre nuestra te acaricia y proteja, y que la fortaleza y se encilde de San José, nuestro padre y señor Te, conduzcan al cielo y la visión de Dios, Padre hijo y Espíritu Santo tescienda sobre ti y permanezca siempre amén