Oración del corazón. Domingo de la tercera semana de adviento, rey celeste espíritu consolador, espíritu de verdad, Tú que estás en todas partes y lo llenas todo tesoro de todo bien y fuente de la vida ven habita en nosotros purifícanos y sálvanos, Tú que eres bueno. Hoy celebramos a San Lázaro de Betania en este domingo tercero de adviento o domingo letare El evangelio es de San Juan. Capítulo uno, versículo seis. En adelante surgió un hombre enviado por Dios que se llamaba Juan. Este venía como testigo para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y este fue el testimonio de Juan. Cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran tú quién eres. Él confesó sin reservas. Yo no soy el mesías y le preguntaron entonces qué eres tú, Elías, y él dijo no lo soy. Es todo el profeta no y le dijeron quién eres. Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado qué dices de ti mismo. Él contestó. Yo soy la voz que grita en el desierto allanad el camino del señor Como dijo el profeta Isaías, entre los discípulos. Los enviados había fariseos y le preguntaron entonces por qué bautizas. Si tú no eres el mesías ni días ni el profeta. Juan respondió. Yo bautizo con agua en medio de vosotros. Ayuno al que no conocéis el que viene detrás de mí y al que no os oir digno de desatar la correas de sus sandalias. Esto pasaba en Betania, a la otra ría del Jordán, donde Jesús, dónde estaba Juan bautizando Hace treinta años que Jesús vive, vive en ts O. Judíos lo han visto, lo han acompañado, se han quedado con él muchas veces lo han visto trabajar, orar, hablar, Han recibido su visita a utilizados sus servicios de carpinteros. Sin embargo, a lo largo de los treinta años nadie se ha fijado en él. Cuánta oposición, cuánta ignorancia frente a Dios iba a haber en el fondo del corazón humano, en el fondo de nuestros corazones para hacernos tan insensibles, tan impermeables a lo divino. Pero esta ignorancia, este menosprecio, no se refiere sólo a la parte oculta de su vida. Después de tres años de vida pública de predicaciones de milagros. Jesús tiene que dirigir a sus opostres testigos de todos sus actos confidentes, de todos sus pensamientos. Este reproche hace tanto tiempo entre vosotros y no me habéis conocido todavía es que la presencia de Dios es y será siempre necesariamente una presencia oculta. Incluso después de la resolución y des apariciones de los suyos. La presencia de Cristo sigue siendo misteriosa. Tampoco entonces nadie lo reconoce. María Magdalena cree que se trata del jardinero. Los discípulos de mous tienen sus ojos cerrados, de modo que no lo reconocen los apóstoles. Después de la pescamira rusa ven ante ellos a un extraño y no se atreven a preguntarle quién es Dios. Aunque se acerque un poco más. Aunque se manifieste un poco más y se haga más, evidente seguirá siendo para los hombres un desconocido, un Dios sorprendente, un Dios menospreciado. Con frecuencia nos lamentamos en la rejanía de Dios, nos imaginamos el gozo que ha de producirnos su presencia. Creemos que es eso lo que nos falta para que pueda cambiar verdaderamente nuestra vida. Y, sin embargo, sabemos que los compuntopolares de Jesús, cuya suerte envidiamos, no supieron tampoco reconocerlo. Si Jesús hubiera vivido anusu lado desde el comienzo de nuestra existencia, lo habríamos reconocido en nuestros corazones por medio de una fe viva. Y resulta que Jesús sigue estando presente entre nosotros. Yo soy con vosotros do todo lo días. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos, no os dejaré huérfanos. El mundo no me conocerá, pero vosotros sí me conocéis aparentemente. Jesús es siempre mismo. Él puede parecerse a cualquiera. Para nosotros un pobre, se parece a todo el mundo. Sin embargo, Cristo está oculto en ese pobre. Para nosotros un sacerdote se parece a todo el mundo, una hostia consagrada, se parece a cualquier pedazo de pan, sino un santo Os parece igual a todo el mundo. Y, sin embargo, tenemos que creer que bajo es todos esos rostros se esconde el mismo Dios. Bajo todas esas apariencias, es el señor quien vive, obra, habla y desea manifestarse entre nosotros. La verdadera encarnación consiste en que Dios se solidado y clouz. Dios he hecho hombre para que nosotros pudiéramos acercarnos a Dios a partir de la encarnación. Lo que se hace a los hombres se le hace a Dios. Estamos tan cerca de él como de cualquiera de nuestros vecinos de la encar. Nuestro vecino es el Dios, al alcance de todos. Si Dios estuviera en el cielo, podríamos estar tranquilos, podríamos odiar a nuestros prójimos. Si Dios estuviera en su cielo, podríamos estar tranquilos, odiar a nostro prójimos, podríamos prescindir de ellos, quedarnos toda la vida indiferente a sus problemas. Pero sí, Dios no está en su cielo. Si Dios ha venido a vivir entre nosotros, entonces debemos tener mucha delicadeza y atención. Un Dios encarnado nos elige buscarlo, salir a su encuentro, reconocerlo en el rozo del hermano. Un dios encarnado, el prójimo nos obliga a respetarlo, a no herirlo, a no criticarlo ni a atropellarlo. Nos parece que a nuestro alrededor no hay más que hombres llenos de defectos y limitaciones y en verdad, el Dios mismo que está en medio de nosotros, aunque no lo reconozcamos. Qué mujer cree que va a encontrar a Dios de su marido. No es posible. Lo conoce demasiado bien, sabe lo que vale y lo que no vale. Y, sin embargo, conocemos la palabra de San Pablo esposas respartad a vuestros maridos, como si se tratara del señor en carta a los efesios cinco veintidós y que marido reconoce a su esposa adiós, a su esposa maridos, amor a vostra mujer como Cristo ama su iglesia Efesios cinco veinticinco, no recuerda a San Pablo en la misma Carta a los Efesios, Y así, Dios vive en cada ser humano esperando que lo descubramos para empezar a creer en él y en su presencia. Así, Cristo sale el día tras día a nuestro encuentro, en cada hermano. Nadie ve a Dios, nadie se encuentra con él si el deseo sincero de verlo, El no pode darse a conocer más que aquellos que tienen hambre y sed de él. Y es esa santa curiosidad, esa inquietud y ese interés lo que seguramente despertaban entre sus contemporáneos hablar del bautista en medio de vosotros. Ha ha hay que no conocéis y es eso también la sorpresa, el desvelo y el afán que tienen que suscitar entre nosotros escuchémosle dejemos alertar por sus palabras. Miremos a los alrededor. Busquemos aquel que está presente entre nosotros. Oculto en medio de nosotros. Hoy empezamos las antíforas del Evangelio, las bantizuelas de Lobo y dice hoy la primera oh sabiduría del altísimo que lo dispones todo con firmeza y suavida ven para mostrarnos el camino de la prudencia. Te doy la bendición, que señor esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabajes en descanso por amor a él y posender su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que, señor Te mostrará, que esté en tu mineda limpia, para que tus ojos vean a Jesús en los demás que esté en tu alegría, para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas dar a los demás el nombre del padre y el hijo y del espíritu Santo Amén