Oración del corazón. Vienes de la trigésima cuarta semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo ilumíname para que sepa decir las mejores palabras esas que pueden hacer bien a los demás. Tómame espíritu Santo para que, a través de mis gestos se exprese el amor de Jesús y los demás puedan creer en la amistad que les ofreces. Dame flexibilidad y apertura para que me adapte con sencillez a las necesidades de los otros. Dame un oído atento para escuchar lo que tú me digas a través de ellos. Celebramos hoy a San Eloy, que nació un año quinientos ochenta y ocho. El Evangelio es de San Lucas. Versículo veintiuno? Capítulos veintinueve? Capítulo veintiuno? Versículos veintinueve? El treinta y tres. En aquel tiempo dijo Jesús a su vez por su no parábola fijaos en la higuera y en todos los demás árboles. Cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación. Sin que esto suceda, el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Al final, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria. Con vuestra perseverancia, sabréis las almas cuánta esperanza hay en estas palabras son un llamamiento a la esperanza y a la paciencia, a saber, esperar los frutos seguros de la salvación, confiando en el sentido profundo de la vida y de la historia. Las pruebas y las dificultades forman parte de un designio más grande. El señor dueño de la historia lleva todo a su cumplimiento, a pesar de los desórdenes y de los desastres que tuvo en el mundo. El designio de la de la bondad y de misericordia de Dios se cumplirá. Este esta es nuestra esperanza. Ir así por este camino en el signo de Dios que se cumplirá. Es nuestra esperanza. Este mensaje de Jesús nos hace reflexionar sobre nuestro presente y nos da la fuerza para afrontarlo con coraje y esperanza en compañía de la Virgen que camina siempre con nosotros. La parábora de la higuera se sitúa prácticamente al final del discurso de Jesús sobre las señales del fieo universal. Hace aproximadamente dos mil años que Cristo produció estas palabras y no puede ser más actuales. No hace falta detenerse en el paseado en dicho discurso para encontrar rápidamente el paralelismo entre lo que Cristo nos describe y lo que nosotros vemos en la actualidad. Ante tanta adversidad, en versaja de Cristo es como siempre esperanzador, el Reino de Dios está cerca. Somos, pues, hijos todos de la misma generación descendientes de Adán y Eva, los expulsados del paraíso, pero hijos principalmente de Dios que nos linifica a través de su hijo, Jesucristo, y nos muestra ya la higuera que retoria, es decir, el reino naciente en cada corazón creama. El tiempo ha demostrado la autenticidad de las palabras de nuestro señor. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Esta sorprendente expresión de Jesús está cargada de un profundo significado. Nada perdura en el tiempo. Sólo es el eterno. Solo puedo decir siempre. Por eso nos equivocamos. Si centramos nuestra vida en lo estrictamente pasajero material y el cimero, debemos anclarnos en Cristo. Con él no damos paso al falso. Desde luego, la senda es estrecha y espinada y cuesta transmitarla, transitarla, pero vamos acompañados y guiados por el maestro. Este pasaje nos llama a volver a la frescura del Evangelio, a buscar la autentricidad del mensaje cristiano. Seguros de que nos pasan. Jamás se hace viejo ni esa a temporal. A veces nuestros prejuicios nos empujan a quedarnos en lo más superficial de lo que conforma nuestra fe. Nos ocupamos con demasiada frecuencia de lo externo. Nos preocupan hoy lo material y nos cuesta trascender con qué frecuencia nos ocupamos de las cosas uso de las cosas de Dios, pero nos olvidamos del Dios de las cosas. El señor nos advierte mis palabras. No pasa nada. Es nuestra responsabilidad no perder más el tiempo. El tiempo es un regalo de Dios, de un valor incalculable utilizarlo de cara a él, obedeciendo a un santa voluntad. De ahí de tarea, el cristiano y lo único que puede darnos la felicidad merita. Cómo Jesucristo se hace prestar visible y audible a Dios, el reino de los cielos. En Jesucristo se hace presente los cielos irrumpen en nuestra historia. En él, en Jesús encontramos a Dios la salvación, el amor inconmensurable y finito, que es él y su misericordia nos muestra al Dios, padre de misericordia y Dios de todo consuelo. Cura a los enfermos, perdona a los pecadores, traen la liberación a los cautivos. Los pobres escuchan la buena noticia de que Dios los ama con un amor de predirección y son evangelizados. Los que lloran son consulados. Da la vida a los hombres. Traen la vida eterna, vence al mal, al pecado, al enemigo infernal, a la muerte. Así, el señor nos muestra que es el amor que es él en él, amándole sobre todas las cosas y, por encima de todas, a ellas donde se nos manifiesta. El Señorío su reinado a que no pueden vencer las fuerzas del mar por poderosas que sean. Hemos de escuchar la bo de del señor que nos oprimia la conversión, es decir, a repensar entre comillas, a poner en cuestión de propio común modo de vivir, a dejar entrar a Dios en los criterios de propia vida, a no juzgar según las opiniones de nuestro ambiente cultural y cambiar de mentalidad para asumir la de Dios que descubrimos en jeros. Convertirse significa no vivir como viven todos. Lograr como obran todos significa comenzar a ver la propia vida con los ojos de Dios, con la mirada de Jesús y, además, buscar consiguientemente el bien, aunque resulte incómodo, el que quiere convertirse procura no apoyarse en el juicio de los hombres, sino en el juicio de Dios. En definitiva, busca un nuevo estilo de vida, una vida nueva. Busca en todo la voluntad de Dios. Lo que Dios quiere que Cristo sea nuestro señor que por eso sea a quien seguimos dejándo nuestro modo de ser y de vivir, de pensar y de sentir de actuar, para que el pensar de Jesús se senti ra in actuar sea el nuestro y sobre todo, ponte en el regazo de María Santísima. Ella cuidará, Te cuidará porque como buena madre y le es imposible a ella que se olvide de ti. No te olvides tú de ella. Te de la bendición, que la bondad de la misericordia de Dios, Padre, te llene el corazón, que la mirada de amor de Dios, hijo penece en tu alma, y te purifique de cualquier inquietud y falta que te pueda separar de Dios, que el amor de Dios espíritu santo, que conceda la paz que necesitas, que la ternura de Madre María, madre de Dios y madre nuestra te acaricia y te proteja y la fortaleza y sencillas a José Padre. Señor Te, conduzcan al cielo y la bendición de Dios, padre, hijo y espíritu santo diciendo sobre ti y te acompañe siempre amén