Oración del corazón sábado de la Octava de Navidad, Gloria, adoración, bendición y amor a ti eterno divino espíritu. Qué has traído sobre esa tierra al Salvador de nuestras almas, Gloria y honor a su adorabidísimo corazón que nos ama con amor infinito. Hoy celebramos a Santa Judith, heroína, Judía que defendió la libertad del pueblo y su religión, el Evangelio de San Lucas, capítulo, dos vehículos, treinta y seis al cuarenta. En aquel tiempo había una profetisa ana, hija de Fanuel de la Tuba de ser Era una mujer muy anciana, de jovencita. Había vivido siete años, casada y luego viuda. Hasta los ochenta y cuatro nos apartaba del templo el día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones, acercándose en aquel momento daba gracias a Dios, llevaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén y cuando cumplieron todo lo que percibía la ley del señor se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret, y el niño iba creciendo y robusteciéndose. Se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios lo acompañaba. Parece que Ana tenía muy claro lo primordial, lo que es esencial y lo que estábamos llamados todos nosotros, servir a Dios, nuestro señor Ella, después de haber quedado viuda, después de entregar su único amor terrenal, su marido, quiere buscar al señor Aquel que da la verdadera felicidad en esa tierra y la eternidad de una manera inexplicable, Y yo qué estoy dispuesto a dejar para entregarle mi felicidad a Jesús para que pueda transformar a la felicidad verdadera. Cristo conoce muy bien toda mi entrega, todos mis pequeños sacrificios, mis molestias, mis dolores, puesto que mi dolor es también el dolor de Cristo, que hay que ana experimente gran alegría ver al niño Jesús, al tener en los brazos, al contemplar su rostro, al saber que para Cristo no es indiferente cómo me pasa a mí cuando pongo mis oraciones y mi sacrificio en sus manos crecer en el azaré de mi hogar, de la mano del niño Jesús. Lo único que sé de la infancia y juventud de Jesús por medio del Evangelio es que regresó a Rázarez y que el niño crecía en gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres. No debo tener miedo a traer a ese niño a mi hogar ir creciendo de la mano del niño Jesús, de María Santísima, de San José, que ellos eran sean las columnas fundamentales de mi hogar para ir creciendo en gracia y santidad delante de Dios. Basta contemplar cómo hablaban, cómo rezaban, cómo era el trato que tenían entre ellos y preguntarme cómo estoy creciendo. Yo en mi hogar sigo compartiendo contigo en esta octava de raza y Navidad, estas canciones de Navidad que te pueden ayudar a en tu oración del corazón. Conviene que las leas, con espíritu de recogimiento lo comuno poseía más rezo por ti y te pido el niño Dios que te dará paz el corazón que nos ha ganado con su encarnación de leo descansaba junto a los pastores que trabajosos del día sólo pensaban en sueño y descanso, sin querer conocer más noticia que su propia vida. Cansada en el cielo y gran revueto y contento, Los ángeles e inquietos forman en filas. Son convocados a anunciar al mundo la luz que ha de alumbrar el mundo frío y vacío. Sus cantos resuenan con vibrante energía, trompetas clarines, guitarras piorenes. Cantan a un urisonio gloria a Dios en los cielos, despertad pastores de vuestra rutina, prestad, atención y salid de vuestro. Dios ha nacido con carne de hombre, su madre virgen lo cuidan el calor de los pañales. Un niño se nos ha dado que os sacará de vuestro olvido, los cantos y las estrellas, la luz y la música me despiertan asombro que me saca de mi sueño y pereza. Escucho a los ángeles sin querer lo que se me revela en mis oídos y en mi corazón. Escucho el amable anuncio de Dios que ha nacido corre adorarle no tardes, que Dios pasa y no quiere que tu amor le falte sin ganas e incrédulo. Recojo mis míseras riquezas. Allí me dirijo sin pensar en llevarle más que mi cansancio y mi tristeza y camino cansado. Y veo a otros que andan contentos. Señor qué te llevo yo si voy con las manos vacías, no soy capaz de parar para llevarte ni siquiera un poco de mi tiempo de este día y llego al portor y escucho Algarabía canciones mi amor con tan cantadas, con amor limpio, con corazón limpio. Deseos de ver al Dios de la gloria y a su madre Bendita que lo cuide y besa y me cuero entre todos aquellos que llegaron más prestos que yo, llamados desde la eternidad y valientes en su respuesta y lleno de vergüenza por llevar mis vanos vacías. Me acerco al pesebre y asombrado mi postro ante el dios niño. Entonces le digo a mi Dios qué puedo darte si ni siquiera mi tristeza te ofrezco, ya sé que tú me perdonas, pero quisiera darte algo de amor en este día sonrío al niño le beso con ternura y escucho en mi corazón arrepentido. Me gozo en tu falta, probrás ocasión de amarte y darte mi perdón. Cuídame cada día cuando me visites y adores háblame cuando lo necesites y quieras yo espero eternamente luisite tu amor, pues soy Dios y me conmueve tu amor. Gracias, señor por dopresencia en Belén, por tu amor inefable loca estía por tu palabra, que es eterna y por tu infinita misericordia escondida en un niño inerme que de mí necesita regreso con los demás pastores. Feliz y contento después de que mi reina me permita abrazar al niño, pues sé que ese abrazo esconde el propósito de anunciar a los hombres que Dios ha nacido. Proponte un propósito personal, el que más amor implique en respuesta a amado o si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que él te sugiere tu oración, haz una visita al niño Jesús y le daré la prioridad de mi vida. Te doy la bendición Dios de infinita bonda que, por alcarazón de tu hijo, de su hijo, disipó las tinieblas del mundo y puso un glorioso nacimiento. Iluminó esta santísima noche, disipa las tinieblas del pecado, ilumine vuestros corazones con el esplendor de las virtudes. Él que, por medio del Ángel quiso anunciar a los pastores de la gran alegridad del nacimiento del Salvador, llene de gozo vuestros corazones y os haga mensajeros de su Vangelio, él que, por alcarazón de su hijo, unió a la tierra al cielo, os conceda la abundancia de su paz y este y de su amor. Y os haga parncipes de la Iglesia redestial y la bendición de Dios todopoderoso padre, hijo y espíritu santo desciende sobre vosotros ya os acompañe siempre amén