Oración del corazón martes de la sexta semana del tiempo ordinario. Toma espíritu santo todos mis orgullos y vanidades y quema todo eso con tu fago divino. Dame la sencillez de los santos, la alegría humilde de San Francisco de Asís, la generosidad desinteresada de Santa Teresa de Calcuta, el amor a Jesús Eucaristía de San Juan Pablo II y el afán de Almas de San José María. Ven espíritu santo y regálame esa profunda sabiduría de la sencillez interior. Amén hoy celebramos a San Benino de Todd, presbítero y Mártir. El Evangelio es de San Marcos. Capítulo ocho versículos, catorce al veintiuno. En aquel tiempo, los ricípulos se los olvidó llevar el pan y no tenían más que un pan de la barca. Jesús les recomendó tened cuidado con la lavadura de los fariseos y con la de herodes. Ellos comentaban. Lo dice porque no tenemos pan. Dándose cuenta, les dijo Jesús, por qué comentáis que no tenéis pan, no acabéis de entender tan torpe sois para qué os sirven los ojos y no veis y los oídos y no oís pensad cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco cero os acordáis él contestaron doce y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartís siete entre cuatro cero respondieron siete y les dijo y no acabáis de entender. El Papa Francisco hacía este comentario a la bajeo de hoy. Los discípulos lo comprendían que yan eficacia. Querían que la Iglesia saliese adelante sin problemas y esto puede convertirse en una tentación para la Iglesia, la iglesia bien organizada, todo bien, pero sin memoria y sin promesa, esta Iglesia sí no avanzará. Será la Iglesia de los celos, entre los bautizados y muchas otras cosas que están allí cuando no hay memoria ni promesa. Pero, por tanto, la vitalidad de la Iglesia no está dada por los documentos y reuniones para clarificar y hacer bien las cosas. Esos son realidades necesarias, pero no son el signo de la presencia de Dios. Los discípulos tenían miedo, como también nosotros tenemos miedo, a afrontar los desafíos del día a día. Su atención estaba centrada más en resolver las cuestiones y problemas del momento y no tanto mirar al Maestro, que siempre estaba con ellos. Eso nos pasa a nosotros miramos el ahora, el agobio de este momento, pero no nos cuesta. Me cuesta levantar los ojos y trascender pensar que detrás de cada acontecimiento está el Señor esperándome y que, de alguna manera sonríe. Cuando me veo agobiado por esos pequeños problemas que nos creamos teniendo ojos nois y oídos no oís, le repita al Señor están con Dios y aún así, sus ojos se centran en otras realidades y dudan del poder infinito del Señor. Habían visto los milagros y su poder, pero prefieren poner la confianza en sus propias fuerzas humanas. Jesús ya se lo había dicho. Buscad primero el reino y su justicia, y todas esas cosas se añadirán por añadidura, pero les faltaba confiar. Muchas veces afrontamos la dificultad. Es sin mirar al Señor que siempre está con nosotros y que quiere ayudarnos. Qué fácil es caer en el cansancio y el tedio cuando afrontamos solos las luchas de cada día. Miremos al Señor y pongamos nuestras angustias y alegrías en él. Lo que más se duele de Cristo es que dudemos de su amor. Él nunca se va a cansar, a acompañarnos y demostrar su amor. Tal vez no sabemos ver, al igual que sus discípulos, esos milagros y continuas muestras de amor que tiene con nosotros. Hagamos nuestra esa llamada de atención que le hace Dios a sus apóstoles teniendo ojos, no veis y oídos, no oís. Dios está con nosotros y sólo busca que seamos felices. Confiemos en él, la confianza en el amor de Dios. Por cada uno de nosotros en particular, es la causa y la fuente de la verdadera alegría. Porque no porque nos sentimos realmente hijos amados y predilectos de Dios. Busquemos en nuestra vida ser reflejo del amor de Dios. Transmitamos la alegría de sabernos hijos amados de Dios a todos los que nos rodean, sin importar lo mucho ahora poco, s que nos agraden los demás. Busca primero descubrir siempre las muestras de amor que Dios se tiene para acrecentar tu confianza y amor con él. Él permite todo para nuestro bien y nos guía con mandatos e invitaciones en ocasiones costosas, no por querer fastidiarnos, sino porque busca lo mejor para nosotros. Quizá aquello que nos quita o no nos otorga es para que no nos separemos de él el único gran tesoro, para que no tengamos obstáculos para amarle más, para evitarnos pruebas que no veremos nosotros ahora en el presente, cuando nos pide ese detalle de amor en el matrimonio, que exija abnegación, cuando nos llama a ser más generosos con los necesitados, cuando nos reclama dominio sobre nuestros impulsos de enojo, coraje, orgullo sensualidad, lo hace para ayudarnos al construir una vida más feliz y justa. Él es nuestro padre que sabe lo que más nos conviene. No rechacemos sus cuidados amorosos por más que nos cuesten. Jesús, no permitas que dude de tu amor. Sabes bien lo que soy y lo fácil te olvido el infinito amor que me tienes. Tómame de la mano. Ayúdame a afrontar las dificultades cotidianas, sabiendo que siempre que tú estás conmigo y nunca me dejarás solo. Te di la bendición que Dios, Padre, te acompañes en tu corazón. Te cuide, te haga fuerte, alegre y fiel, que Dios, hijo, te hagas sentir su ternura y misericordia y te quites del corazón cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir que Dios, Espíritu Santo, te deluces en la inteligencia, fuerza en el corazón ánimo renovado y decisión de amar con todo el corazón, que María Santísima te haga sen ti su calor de madre y su abrazo amoroso y tierno y san José te cuide con su corazón de padre en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo Amén