Oración del Corazón. Miércoles de la vegésima octava, semana del tiempo ordinario, yo me abandono sin reservas a vuestras divinas inspiraciones y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones. Oh, Santo, espíritu Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús, Gloria al padre, creador, Gloria al hijo, redentor, Gloria al espíritu Santo santificador. Amén hoy celebramos a Salucas Evangelista, el Evangelio de San Lucas. Precisamente vesículo diez, capítulo, diez perdón, versículos uno a nueve. En aquel tiempo designó el señor otras setenta y dos y los mandó por delante de dos en dos a todos los pueblos y lugares a donde pensaban y de él y les decía la miss es abundante y los obreros pocos rogad pues al dueño de Aramis, quemando obreros a su mies, poneos en camino mirad que os mando como corderos. En medio de lo llevéis talega ni alforja ni sandalias y no os destengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero paz esta casa y si lleno y si allí no hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz. Si no volverá a vosotros quedaos en la misma casa comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero parece un salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan cura de los enfermos que haya es decid está cerca de vosotros el Reino de Dios setenta y dos discípulos que Jerús envía delante de él. Si los doce son los apóstoles y, por tanto, representan también los obispos sus sucesores. Estos setenta y dos pueden representar a los demás ministros ordenados, perbítros y diáconos. Pero en sentido más amplio, podemos pensar en los demás ministerios de la Iglesia, catequistas, files, daicos que vi en su vez su fe en medio del mundo, en su familia, en el trabajo, también aquellos que trabajan con los enfermos, con las diversas formas de necesidad y de imaginación, pero también como los apóstoles con urgencia del reino que está cerca. Todos debemos ser apóstoles, Todos tenemos, debemos escuchar la llamada de Jesús y seguir adelante de anunciar al Reino. Saluca fue compañero de San Pablo su viaje apostólicos. Como él mismo, escribió los hechos de los apóstoles. Hoy en el evangelio Cristo manda a sus discípulos de dos en dos a predicar en el saga del Reino de Dios. Dios nos ha hecho, por tanto, sus evangelizadores los mensajeros de la buena nueva que Cristo ha traído a este mundo. Para tal misión, Dios ha querido elegir en este mundo a personas para que anuncien su palabra y con su ejemplo den testimonio de la Avenida de Cristo. Tengo que preguntarme por mi llamada, pero de lo que puedo estar seguro es de que yo también soy una de esas personas elegidas por Dios. Ahora bien, Dios nos advierte que nos manda en medio de lobos, porque el mundo en el que nos toca vivir y predicar la palabra de Dios muchas veces se cierra el mensaje cristiano de la verdad y del amor. Anunciemos, por tanto, la paz que Dios ha venido a traeros hace más de dos mil años, que nosotros hemos de renovar todos los días, conseguir que todas las personas que nos rodean conozcan la redención que nos ha traído Cristo en el misterio de la encarnación. El Papa Benedito dieciséis comentaba que esa tarea era el apóstol a la que estamos llamados todos en tronca con la cruz, porque sin cruz no hay retención, no hay alegría. Así me decía a un sacerdote respondiéndole una pregunta. La labor del apóstol le decía y de todas maneras, de cualquier vida humana no se puede separar del surgimiento. Yo también sufro. Pero por una parte, todos juntos te queremos sufrir con esos problemas y sufriendo también transformar los problemas, porque precisamente al sufrimiento. Es el camino de la transformación y sin sufrimiento no es otra forma nada. Debemos tomar a pecho esas dificultades de nuestro tiempo y transformar a sufriendo con Cristo y así transformarnos a nosotros mismos. Después de la resugnación, Jesús envió sus discípulos, haciéndoles partícipes de su previa misión, como el Padre me ha enviado. Así también os envió yo con la fuerza del espíritu. Los apóstoles y los primeros cristianos cumplieron este mandato en pocos años. Extendieron el visaje Aorgélico por todo el mundo conocido. Eran pocos, carecían de medios humanos, no contaban entre rufinas. Así sucedió al menos durante mucho tiempo, con grandes pensadores o gentes de relieve público se desenvolvía en un ambiente social des indeferentismo, de carencia, de valores semejante en muchos aspectos a que nos toca vivir ahora nosotros. Aquellos primero supieron con su comportamiento hacer brillar ante sus conciudadanos esa claridad salvadora y se convirtieron en mensajeros de Cristo, sencillamente con naturalidad, sin alardes llamativos, con la coherencia entre su fe y sus obras. En más de una ocasión, San Pablo es horta a los cristianos a revestirse de la armadura de Dios. El mismo apóstol ejemplifica este interior recubrimiento de los hijos de Dios cuando enseña que orando en todo tiempo, movidos por el espíritu, han de armarse con la cintura de la verdad y la coraza de la justicia y empuñar el escudo de la fe y la espada del espíritu. Quien nace de nuevo por el bautismo ha de comportarse con entrañas de misericordia, de humildad, de caridad. Tales disposiciones y conductas permitieron a los primeros cristianos transformar el mundo en estos comienzos del tercer milenio, usando esas mismas armas, la oración y la calidad. Hemos de llevar a cabo la nueva evangelización antes que nada con la oración perseverad en la oración. Todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis. Y si no buscásemos la fortaleza y la eficacia en la intimidad con Cristo, en el pa y la palabra, dónde lo encontraríamos una nueva evangelización sin apoyo firme y obstante, en la oración es una utopía. La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oraciones nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria para cumplir los mandatos de Dios. Dice San José María en forja el apostolado cualquiera que sea. Es una sobreabundancia de la vida interior. Y, en consecuencia, si queremos ayudar a los demás, si pretendemos sinceramente empujarles para que descubran el auténtico sentido de la de su destino en la tierra, es preciso que nos fundamentemos en la oración y junto a la oración contamos con el arma de la caridad. Los meros cristianos deslumbraron a muchos de sus cio ciudadanos atrayendo al sa Cristo y a la Iglesia. Con la finura de su caridad, la Iglesia ha sido enviada para manifestar el amor de Dios y ha de realizar esa actividad también cualquier acción apostólica, personal o colectiva de los cristianos y, más en concreto, de la nueva evangelización bajo el sino de la caridad, con la fuerza del amor. Con caridad, la alegría se transmite que es otra señal de vida cristiana auténtica. El apostolado cristiano puede ser llamado un apostulado para ser feliz y hacer feliz a los demás. En aquellas primeras comunidades cristianas que gozaban de la simpatía de todo el pueblo, reinaba esa alegría y sencillez de corazón que, siempre cautiva y con la gracia de Dios, muchos se incorporaban a la iglesia de ir a bendición Dios, padre y fuente y prici todo bien, os conceda su gracia y derrame sobre vosotros una abundante bendición y os conserve sanos y salvos donde todas la vida y os mantenga interiores en narce os conceda una esperanza generosa y os haga perseverar en la caridad guíe, en la paz de vuestras acciones, escuche siempre vuestras plegarias y os conduzca a la vida eterna y la bendición de Dios todopoderoso padre, hijo y espíritu santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre amén