Ooción del corazón. Miércoles de la tercera semana, eh del tiempo ordinario, séptimo día de la octavario, por la unidad de los cristianos, ven espíritu Santo Tú, que eres como un viento divino. Dame la gracia de superar toda timidez y todo cobardía ante la vida. Lléname de rojo, el tu impulso, de tu valentía, de tu santo. Empujé ayúdame a vivir con ganas las horas de este día con una esperanza siempre renovada, abierto al misterio de cada jornada. Hoy celebramos a San Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el Evangelio de San Marcos, capítulo cuatro versículos uno al veinte. En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al amo acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca. Se sentó y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó muchos con barábolas, como él solía enseñar escuchad Salió el sembrador a sembrar, a sembrar algo. Cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso donde apenas tenía tierra. Como la tierra no era profunda, brotó enseguida, pero en cuanto salió el sol se abrazó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas. Las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena nació, creció y dio grano y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno y añadió el que tengo oídos para oír que oiga. Cuando se quedó solo los que estaban alrededor y los doce le preguntaban el sentido de las palabras y él les dijo a vosotros se os ha comunicado los secretos del Reino de Dios. En cambio, a lo de fuera todo, se les presentan parábolas para que, por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdone en la dio. No tendéis esta parábola, pues cómo vais a entender el demás. El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra, pero en cuanto lo escuchan viene satanás y se lleva la palabra sembrada. En ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso y al escucharla, la acogen con alería, pero no tienen raíces. Son inconstantes y cuando viene una dificultad o una persecución por la palabra enseguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas. Estos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todos los demás los invaden, ahogan la palabra y se quedan estéril. Los otros son los que reciben la psimiente en tierra buena, escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno. Señor hoy vienes a la tierra de mi alma, dispuesto a sembrar tu mensaje en ella. Ayúdame a escucharte, a aceptar tu palabra, a configurar mi vida con ella. Concédeme ser una tierra buena que produzca fruto abundante para saber, acoger y transmitir tu gracia Jesucristo. Concédeme comprenderte y ser fiel a todas las gracias que derramas en mi alma pensemos hoy en lo que se hace. El señor Él viene siempre a sostenernos en nuestra debilidad, y esto lo hace con un don especial, el don de la fortaleza. Un sembrador salió a sembrar, sin embargo, no toda la semilla que esparció dio fruto. Lo que cayó al borde del camino se lo comieron los pájaros. Lo que cayó en el terreno pedregoso o entre abrojos brotó, pero inmediatamente abrazó el sol o logaron los espinas. Sólo lo que falló en tierra buena creció y dio fruto. Como jesús mismo explica a los discípulos. Este sembrado representa al padre que esparce abundantemente la semilla de su palabra. La semilla, sin embargo, se encuentra a menudo en la aridez de nuestro corazón. Incluso cuando es acogida, corre el riego de permanecer estéril con el don de la fortaleza. En cambio, el espíritu santo liberal terreno de nuestro corazón lo libera de la tibieza, de las incertidumbres y de todos los temores que pueden frenarlo. Ah que puede enfrenarlo. De modo que la palabra del señor se ponga en práctica de manera auténtica y gozosa. Es una gran ayuda. Este do de fortaleza nos da fuerza y nos libera también de muchos impedimentos. Estamos en invierno, pero el campo sigue dando sus frutos. Nadie ve la acción lenta, pero segura del germinar de las semillas sembradas. Esto no es ningún pretexto para decir que no se recogerá nada cuando la cosecha, los frutos se ven en su tiempo y hay que sembra esperar, saber esperarlos. La semilla sembrada en este pasaje es la palabra de Dios. La palabra de Cristo. El mismo nos explica el significado de la parábola. No tenemos que quedarnos solo con el significado. Tenemos que bajarlo a la propia vida. Hay que ver cuántas veces recibimos la semilla y ha dado su fruto. Para esto es la parábola. Cristo nos da la oportunidad de ver cómo estamos correspondiendo su llamada, cómo lo hacemos parte de nuestra propia vida. Si queremos que la semilla de fruto más abundante, hay que poner en práctica todos los consejos de Cristo que Cristo nos ha dado. Y lo primero es acogerlo todos los días, preservarla contra las manos del lo maligno e irla cuidando todos los días hasta que dé su fruto. Hay que dar el cien por cien de los frutos que Dios quiere de nosotros. Así estaremos más cercas, más cercanos a la felicidad. La semilla está ahí. Yo tengo que hacerla fructificar Y eso depende de mi vida de oración. Si soy contemplativo, si tengo vida de oración, comprenderé lo que el señor quiere de mí en cada momento, aprender a verle encaz acontecimiento y te amaré más. Señor no, dejes de mostrarte jesús y ayudarme y ayúdame a descubrirte lo ordinario, sobre todo cuando me encuentre con tu cruz. Señor no permitas que en mi vida que se vaya ahogando la semilla de la fe Concédeme descubrir cuáles, cuántas son esas piedras, esas espinas que le impiden crecer haz que me deshaga de todo lo que seca la tierra de mi alma y me impide dar frutos de oración, de apostolado de caridad. Te doy la bendición, que, señores, tú tu corazón para que sepas amal con todo esto, que esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor de él y parecen de su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de paz, que el señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas tardar a los demás. En el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén