Oración del corazón lunes de la trigésima semana del tiempo ordinario. Espíritu Santo Dios, de infinita pureza santifica mi alma. Espíritu Santo que habitas en mi alma transfórmala hazla toda tuya. Espíritu Santo Amor sustancial del padre y del hijo, permanece siempre mi corazón. Espíritu Santo Eterno amor. Hoy celebramos a San Marcelo de León, el Evangelio de San Lucas, Capítulo trece versículos diez al diecisiete. Un sábado enseñaba Jesús en una sinagoga y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma. Hacía dieciocho años. Estaba encorvada y no podría en nada en modo alguno enderezarse a verla. Jesús la llamó y le dijo mujer, quedas libre de tu enfermedad y le impuso en las manos y al instante se enderezó y glorificaba Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación el sábado. Decía la gente hoy hace seis días en que se puede trabajar venid pues esos días a curaros y no en día de sábado. Y le replicó el señor Hipócritas no desatáis del pesebre todos vosotros el sábado a vuestro boy o, a vuestro asno para llevaros a brevear. Y a esta, que es hija de Abraham, al que ató tan a satanás hace dieciocho años, no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado. Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que en toda la gente se alegraba con la maravillas que hacía padre Ayúdame a que estos momentos de oración me ayuden a mí con tu gracia a valorar los sacramentos y a no sólo preocuparme por la salud del cuerpo, sino por el de mi alma. Señor Jesús, te pido que no nos dejemos curar por ti que quieres darnos la luz de Dios, que confesemos nuestra ceguera, nuestra miopía y, sobre todo, el orgullo. Cuando llegó la noche después de la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados. Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca sea desentendido de su cuidado, nunca ha pasado de largo, nunca ha vuelto la cara hacia el otro lado. Y cuando un padre o una madre, incluso simplemente gente a mr. Le llevan delante un enfermo para que lo tocase y lo sanase. No ponía tiempo por medio. La curación estaba antes que la ley, incluso de aquello tan sagrado como el descanso sabático. Los doctores de la ley reprendían a Jesús porque curaban sábado. Hacía el bien el sábado, pero el amor de Jesús era dar salud, hacer el bien, y eso está siempre. En primer lugar, Jesús envía sus discípulos a hacer su misma obra y les da el poder de curar, es decir, de acercarse a los enfermos y cuidarnos hasta el final. Todos los más nos maravillamos de los brillaros que realizaba Jesús. Y cuántas veces le hemos pedido la curación de alguna enfermedad nuestra o de alguna persona a la que queremos. Sin duda, las enfermedades de aquella época eran difíciles de curar. No contaban con los medios que actuales que hoy tenemos, de agnosis, terapias, etcétera. No había salas de operaciones con la higiene que conocemos, ni cografías, ni vacunas, ni tags en exceso locales, etcétera. Todo eso ha venido después con el progreso médico, técnico y farmacológico. Parece como si Dios hubiera dejado en manos de los médicos el cuidado del cuerpo para poder dedicar a los sacerdotes, sus más íntimos colaboradores, a la tarea más importante, el cuidado del alma. Es increíble recuperar la vida de la gracia y de intimidad con Dios. Es maravilloso ver nacer al Cristo en cada día en la locaristía. Por qué la vida espiritual, aunque esté oculta a los ojos, tiene una dimensión infinitamente superior a las creaciones puramente materiales, Por ejemplo, un acto de caridad hecho por amor a Dios. Embellece el alma de tal manera que no que nos quedaríamos estasiados sin p uera contemplarla. Es impresionante lo que realizan en nosotros los sacramentos, porque recibimos gracias especiales de Dios. Sin embargo, tenemos que reconocer que estamos sujetos a las realidades de la tierra y que no podemos percibir nuestra transformación en el mundo espiritual. Pero si tenemos fe y perseveramos hasta el final un día, podremos ver con claridad sin misterios la grandeza de cada alma humana. Te dé la bendición que Dios parece que acompañes en tu corazón. Te cuide, te haga fuerte, alegre y fiel que Dios hijo. Te haga sentir su ternura y misericordia y te quite del corazón cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir que Dios, Espíritu Santo te deluces a la inteligencia fuerza en el corazón ánimo renovado y escisión de amar con todo el corazón, que María Santísima te haga sentir su calor de madre y su abrazo amoroso y infierno, y es José te cuide con su corazón de padre en el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo amén