Oración del corazón. Lunes de la cuarta semana del tiempo ordinario, ven espíritu Santo Tú, que eres como un viento divino. Dame la gracia de superar toda timidez y te la cobardía ante la vida. Lléname dea rojo, de tu impulso, de tu valentía, de tu santo empuje ayúdame a vivir con ganas las horas de este día con una esperanza siempre renovada, abierto al misterio de cada jornada. Hoy celebramos a San Pedro no Rasco y a Sambarero, el Vangelio de San Barcos. Capítulo cinco versículos uno al veinte. En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron al Orilla del Lago, en la región de los Jerasenos a apenas s s ns. Marcó salió le salió al encuentro desde el cementerio donde vivían los sepulcros un hombre poseído de espíritu inmundo y con cadenas podía ya a nadie sujetarlo. Muchas veces lo habían sujetado con cepas, con cepos y cadenas, pero él rompía las caderas y destrozaba los cepos y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día, en la noche, en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús echó a correr, se postró ante él y le gritó a voz en cuello. Qué tienes que ver conmigo, Jesús, hijo del Altísimo. Por Dios, te lo pido no me atormentes porque Jesús le estaba diciendo espíritu inmundo. Sal de este hombre. Jefe preguntó por qué me llamas, por qué me llamas? Perdón, Jesús le preguntó cómo te llamas. Él respondió me llamó legión porque somos muchos y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había acercado una gran piara de cerdos ozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron dejaron ir y meterlos en los cerdos. Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos y la piara unos dos mil se abalanzó a cantilo de abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos, y la gente fue a ver lo que había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido. La legión sentado vestido y en su juicio, se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado a los celdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país. Inversión se embarcaba. El endemoniado le pidió que lo admitiese su compañía, pero él no se lo permitió, sino que le dijo vete a tu casa con los tuyos y anunciarés lo que el señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar en la Decápolis lo que Jesús había hecho con él. Todos se admiraban, decía el Papa Francisco con una gran claridad y Jesús en lava deja oscurar por Jesús. Todos nosotros tenemos heridas, todos heridas espirituales pecados enemistades celos. Tal vez no saludamos a alguien. Ah me hizo esto y ya no nos saludo. Pero hay que curar esto y cómo ah reza y pida Jesús que noras que no sane existe cuando una familia de los hermanos no se hablan por una estupidez, porque el diablo toma una estupidez y hace todo un mundo y después las enemistades van adelante muchas veces dun n o años y esa familia se destruye. Los padres sufren porque los hijos no se hablan, o la mujer de un hijo no habla con el otro, es hir, los celos, las envidias, el diablo. Siendo esto y el único que expuso a los demonios de Jesús, el único que cura estas cosas es Jesús. Por eso os digo a cada uno de vosotros dejó os curar por Jesús. Cada uno sabe dónde tiene la herida. Cada uno de nosotros tiene una, no sólo tiene una, dos, tres, cuatro, veinte. Cada uno sabe que Jesús cures es heridas. Pero para esto tengo que abrir el corazón para que él venga y cómo hago el corazón rezando, pero Jesús no puedo con esa gente. La odio me ha hecho esto y yo estoy esto cuera seguida. Señor Se lo pedimos a Jesús esta gracia. Él no lo concederá. Déjate curar por Jesús. Deja que Jesús te cuee. Los evangelistas subrayan el poder de Jesús sobre los demonios, a los que expulsa por el dedo de Dios. En esta ocasión se descubre cómo el maligno había destrozado la vida de ese hombre. San Marcos nos hace comprender su situación con detalles que hacen más viva la desgracia. Nadie podía tener un sujeto, ni siquiera con cadenas. Se pasaba las noches, enteras y los días por los sepulcros y por los montes, gritando e hiriéndose con piedras su Desdicha es una representación gráfica y fuerte de la pérdida de la dignidad a la que nos conduce el pecado, soledad esclavitud e incluso rabia hacia uno mismo. A reconocer a Jesús. Desde lejos, el endemoniado salió, el encamino, corrió y se postó ante él. Asistimos a un coloquio insólito entre Jesús y el demonio que termina con estas palabras liberadoras. Sal espíritu impuro de este hombre, El endemoniado vivía encadenado, su proble desesperanza y apartado de la Comunidad. Las palabras del señor lo liberan del mal más profundo de todo aquello que le separa de Dios. Impide su felicidad. La liberación de los endemoniados cobra un significado más amplio que la simple curación física, puesto que el mal físico se relaciona con un mal interior. La enfermedad de la que Jesús libera es entre toda la del pecado. Así haz el señor con cada uno de nosotros cuando acudimos a él. Señor Repítelo, con todo con corazón contrito, dice San José María en surco que no te ofenda más, pero no te asustes a notar el aste del pobre cuerpo y de las humanas pasiones. Sería tonto en gevamente pueril. Añade que te enterases ahora de que no existe. Tu miseria no es obstáculo, sino acícate para que te unas más a Dios, para que le busques con constancia, porque él nos purifica los milagros. Suelen suscitar diversas reacciones. Junto a personas que ven favor fortalecido a su fe. También encontramos otras que se resisten a creer. Algunos vecinos de Gerasa vieron al endemoniado, sentado, vestido y en sano juicio y les entró miedo. Así pidieron a Jesús que se alejase de su región en vez de compadecerse del hombre de los sepulcros. Los jerasenos calculan las precias económicas por los cerdos ahogados viraron exclusivamente a su propio bienestar. Jesús se había convertido en algo incomprensible para ellos y por eso le pidieron que se fuera ahuyentando su misericordia. Cierto rechazo a Dios está siempre en la esencia del pecado, tanto de las ofensa grandes como horas pequeñas. Al rezar el padre nuestro, siguiendo el Consejo de Jesús, pedimos a Dios que no nos deje caer en la tentación y que nos libre del mal, porque todos estamos expuestos a las insidias del maligno. Ninguno puede considerarse al margen de esta lucha y lo primero para no dejaros arrastrar por el mal es reconocerlos sin miedo. Al sentir esa fragilidad interior, pediremos a Dios con humildad la fuerza que necesitamos. Todos tenemos al alcance de la mano los medios idóneos para vencer al pecado y crecer en amor a Dios. Predicaba el beato álvaro del portillo. Estos medios son los sacramentos y refiriéndose al sacramento de la Penitencia, se preguntaba, reconozco mis pecados sin esconderlos ni disimularlos, y los confieso al sacerdote que me escucha el nombre del señor. Estoy dispuesto a luchar para que Dios, nuestro señor reine mi alma alejo de mí las ocasiones próximas de pecado para no cerraros la misericordia de Dios, ni siquiera en pequeños detalles cotidianos, podemos acudir al refugio de María inmaculada. Al contemplar aprendemos la alegría que surge del sí que ella pronunció continuamente ante los proyectos de Dios. Confiemos plenamente en Jesús. No importa si para ello necesita de nuestros bienes, pues de qué no sirve ganar el mundo si al final perdemos nuestra alma. Gracias, señor, por buscarme constantemente y mostrarme tu infinita misericordia. A pesar de mi debilidad, de mi infidelidad, aumenta mi caridad para que viva atento a las múltiples oportunidades que me das para colaborar con tu gracia y crecer en el amor que sepa tomar cada encuento con nosotros como una oportunidad para dar testimonio de Jesucristo. Te doy la bendición, que la bondad y la misericordia te llene el corazón, que la mirada de amor de Dios presente en tu alma y te purifique de cualquier inquietud y falta que te pueda separar de Dios, que el amor de un espíritu santo, te conocer la paz que necesitas, que ternura de María, madre de Dios y madre nuestra te acaricia y proteja, y que la fortaleza y sencillez a Gosé no sepadre. El señor Te conduzcan al cielo y la mención de Dios, padre, hijo y espíritu santo desciende sobre ti y te acompañe siempre amén