El brujo malvado. Antiguamente, los animales de la selva vivían felices y en buena armonía. La tortuga dormía en la madriguera de la zorra. El gorrión construía su nido entre los ramosos cuernos del siervo y el Leopardo iba gustosamente a pasear con la gacela. Pero un día, un desgraciado día, pasó por allí un brujo tan hábil como malvado. Vaya qué contentos están estos animales. Murmuró para sí me dan rabia y diciendo esto, se acercó al Leopardo. Te saludo, señor Leopardo. Le susurró al oído. Me gustaría decirte un deseo que tengo. Vi repuso el felino apartando graciosamente a la gacela. Por qué no queréis que yo escuche lo que habláis jimoteo esta. Los secretos son secretos, dijo el brujo y cuando estuvo a solas con el leopardo. Añadió no sabes que tú eres el animal más afortunado de la selva. Tus músculos, tus garras, tu fuerza podrían asegurarte unos banquetes o píparos. Nunca se me había ocurrido, respondió el leopardo. Ahora voy a asegurarme de si eso es verdad y volviéndose a la gacela, le dijo si vienes conmigo al bosque te pondré al corriente del secreto. Pero cuando se vio libre de miradas indiscretas, cogió por el cuello al pobre animal y se lo comió. Mientras tanto, el brujo había ido a hacer el mismo razonamiento a los otros animales y todos creyéndose más poderosos que los demás, pretendían erigirse en amos. Desde ese momento, en la inmensa selva, los animales no se reunían ya para hablar de los sucesos del día, sino que pasaban el tiempo guerreando unos contra otros. El que ganaba con esto era el malvado brufo, que todas las noches recogía un gran botín de animales muertos. Todo aquel jaleo infundió sospechas al león, que descansaba en una madriguera cercana. Vamos a ver qué está pasando. Gruñó arreglándose la piel en la espalda. Los animales están matando a unos a otros porque todos quieren mandar. Respondió un ratoncito, retirando su hocico de una panocha. Pues sí que estamos listos. Rugió el león. Acaso nos soy yo el rey de los animales. Qué quieres se han dejado engañar por el malvado brufo. Contestó el ratón. Al oír esto, el león montó en cólera, lo buscó por la selva y dando un gran salto contra el brujo lo mató de un golpe. Luego reunió a todos los animales y les echó una buena regañina para llevarlos de nuevo al buen camino. Desde ese día corrió por la selva un proverbio que decía el que adula a ignorantes y los engaña. A todos arruina y a sí mismo se daña. Gracias por escuchar nuestro cuento de audio cuentosnet Historias gratis para niños felices