Oración del corazón martes de la segunda semana al viento ven espíritu Santo entra en mi pequeño corazón para que pueda reconocer la grandeza del Padre Dios y no le dé tanta importancia a mi imagen. Regálame una gran sencillez para que reconozca claramente que no soy ni puedo ser el centro del universo. Hoy celebramos con gran alegría a nuestra Señora de Guadalupe, que se apareció al nindito Juan Diego en mil quinientos treinta y uno. El Evangelio es amateo capítulo dieciocho versículos doce al catorce. En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos qué os parece suponed que un hombre tiene cien ovejas. Si una se le pierde no dejarás noventa y nueve en el monte y va en busca de la pérdida, y si la encuentra en verdad os digo que se alegra más por ella que por las lolas veintinueve que no se habían extraviado. Igualmente, no es voluntad de vuestro padre, que está en el cielo, que se pierda ni uno de estos pequeños. Cómo no admirarme de tu paciencia para con el hombre. Si tú te dignas vivir entre pecadores que no te conocen y no te hacen. Caso tú, señor, perdonas lo que el hombre no sabe perdonar tú olvidas las en gratitudes, enséñame a ser una persona misericordiosa, como tú la has sido conmigo. Soy ciego y dominado muchas veces por el egoísmo. Gracias, señor, porque tú me has cuidado cada vez que me pierdo, ya sea consciente o inconscientemente. Gracias por cargarme en tus hombros, pues soy una persona muy débil. Gracias túce Jesús, que ha salido a buscarme para que no me perdiera. Dame la gracia de ser un hijo tuyo que pueda seguir tu ejemplo de paciencia y misericordia para con los que me rodean. Un Dios a que no le gusta perder. No es un buen emprendedor y por esto no pierde sale de sí mismo y va y busca. Es un Dios que busca, busca a todos aquellos que están lejos de él, como el pastor que va en busca de oveja perdida. El trabajo de Dios es ir a buscar, para invitar a todos a la fiesta. Buenos y malos. Dios no tolera a perder a uno de los suyos. Pero esta será también la oración de Jesús en el jueves. Santo Padre, que no se pierda ninguno de los que tú me has dado. Es un Dios que camina para buscarnos y tiene una cierta debilidad de amor por los que están más alejados, que se han perdido. Va y los busca y cómo busca. Busques al final, como esos pastores que van en la oscuridad buscando hasta que la encuentren, o como la mujer que cuando pierde la moneda, encenderá para casa y busca con cuidado. Así busca a Dios, pero este hijo no lo pierdo. Es mío y no quiero perderlo. Este es nuestro padre. Siempre nos busca. Estas palabras del Santo Padre nos dan una seguridad de la gran misericordia y paciencia que Dios, de Dios para con el hombre tú estás conmigo. Esta es nuestra certeza, la certeza que nos sostiene. Es una certeza saber que Jesús, que nuestro señor Jesucristo siempre va a nuestros encuentro y que se alegra de tenernos a su lado. Sin embargo, él permite que nos perdamos en ocasiones para que copredamos, que nos cuida en cada momento que está a nuestro lado. Pero hay que recordar que tenemos un deber muy grande al llevar a Cristo a los demás y que, con nuestra certeza de que él nunca nos dejará solos, haremos que las personas también se den cuenta de ello y confie en más a Jesucristo. Hoy, en la fiesta de Su señor a Gón de Guadalupe, vale la pena que pensemos en nuestra madre como midiradora y corren en tora. Esta es, en resumen, la historia de las apariciones. Hace muchos años, los indios aztecas que oían en el valle de México lo conocían a Jesús. Ellos tenían muchos dioses y eran guerreros. Los misioneros eran unos sacerdotes que vinieron de España y que poco a poco fueron evangelizando a los indios. Les enseñaron a conocer a mar y imitar a Jesús en la religión católica y los bautizaron. Entre los primeros que se bautizaron había un lindo muy sencillo llamado Juan Diego, que iba a todos los sábados a aprender a la religión de Cristo y a la misa del pueblo en tal Teclocco. El sábado nueve de diciembre de mil y treinta y uno, cuando Juan Diego pasaba por el cerro de Tepeyac para llegar a tratelocol escuchó el canto de muchos pájaros una voz que le decía Juanito, el más pequeño de mis hijos, a dónde Vas Diego vio una señora muy hermosa y la señora le dijo yo soy la siempre virgen Santa María, madre del verdadero Dios, he venido hasta aquí para decirte que quiero que se me construya un templo aquí para mostrar y dar mi amor y auxilio a todos ustedes. La Virgen le dijo a Juan Diego que se fuera a ver al Obispo y le contará que ella lo había dicho. Juan Diego, no puedo ir a Diez, no puedo ir. Al día siguiente perdón, Juan Diego salió a la de la casa de Droil. Fue muy triste porque no le creyó. Entonces fue al cerro del Depellac a pedir a la Virgen que mejor mandara a un hombre más importante, porque a él no le creían. La Señora le dijo Juan Diego que volviera el domingo a casa del Obispo esta voz. El Obispo le dijo que le trajera una señal y decir, una prueba de que la señora de verdad era la Virgen ju Juan Diego no puede ir a liar siguiente al Tepeyaz, pues su tío Bernardino se puso muy enfermo y fue por un mélico. Fue hasta el martes cuando, al pasar por el cerro para ir por un sacerdote que confederará su tío le pareció la Virgen le dijo Juanito, Juan Diego, Juan Dieguito, no estoy yo aquí, que soy tu madre, no estás rojo mi sombra, por qué te preocupas. Después le hizo saber que su tío ya estaba curado y le pidió que subiera a la punta del encierro a cortar unas rosas y que las guardara en su hallate. Juan Diego se sorprendió de aquella orden, pues era invierno y no era tiempo de rosas. Sin embargo, obedeció y encontró las rosas tal como la Virgen le había dicho. Se las llevó y ella le dijo hijo mío, el más pequeño. Estas rosas serán la prueba que llevarás al Obispo. Juan Diego fue de nuevo a ver al Obispo y le dijo que la Virgen le había mandado una prueba de que ella era realmente la Virgen. Al soltar su hallate que las rosas cayeron al suelo y apareció dibujada en la tela. La preciosa imagen de la Virgen de Guadalupe fue entonces cuando el Obispo creyó que la Virgen quería que le construyeran en este lugar un templo. Acabo con esta precisoración a la Virgen. Présta mi madre, tus ojos para con ellos poder mirar, porque si con ellos miro nunca volveré a pecar. Préstame, Madre, tus labios para con ellos rezar, porque si con ellos rezo Jesús me podrá escuchar. Préstame, Madre, tu lengua para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y santidad. Péstame, Madre, tus brazos para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más. Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierta con tu manto el cielo. He de llegar. Préstame, madre, tu hijo, para poder yo amar si tú me das a Jesús que más puedo yo desear y esta será mi dicha por toda la eternidad. Amén, Señor Jesús, ahora tengo la firme determinación de escucharte y de ver tu amorosa mano en mi vida. Te quiero pedir perdón por todas las veces que no he querido escuchar tu voz ni aceptar la felicidad que me ofreces. Quiero aprovechar este momento para cambiar de opinión y decirte que quiero ser feliz a tu lado? Sé que sólo tú eres la fuente de toda la alegría y de la primera felicidad, y ya no quiero desaprovechar más esta oportunidad de recibirte, acogerte y permanecer a tu lado. No quiero ser como los quisieron que un Juan Bautista lo que quisieron. No quiero tratarte mal. Al contrario, quiero amarte y nunca separarme de Ti. Señor Jesucristo, Dame el regalo de ser dócil a tus consejos y de saber escucharte concédeme ver tu mano amorosa y tu gran cuidado en todos los acontecimientos de mi vida. Ayúdame también a acrecentar mi esfuerzo para llevarte a Ti y a tu Iglesia. Tu de la bendición Dios todopoderoso y lleno de misericordia que la primera venida de tu hijo higénito, en la que creemos y por la segunda que esperamos os ilumine con su luz y colmedi con su bendición en el camino de esta vida. O saga constantes en la fe alegres en esperanza y activos en la caridad para que celebrando la avenida del hijo del tiempo en su redentor seáis reconversados con el don de la vida eterna para que él, cuando él venga por segunda vez en su gloria y la bendición de Dios, todopoderoso padre, hijo y espíritu santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre amén