Oración del corazón jueves de la vigésimo cuarta semana del tiempo ordinario. Tú que lo aclaras todo espíritu santo. Tú que me aclaras todo que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me dabas el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estar conmigo. Quiero, en este corto diálogo, agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de ti por mayor que sea ilusión material de usted. Deseo estar siempre contigo y todos mis seres queridos el amor y el perpetua. Gracias por tu misericordia para conmigo los míos. Gracias, Dios mío. Hoy celebramos a San Mateo, Evangelista y apóstol. El Evangelio es de San Mateo, capítulo nueve versículos nueve y trece en aquel tiempo. Vio Jesús, al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo sígueme, él se levantó y prosiguió y estando en la mesa con casa de Mateo, muchos publicanos y pecado que habían acudido se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos al verlo preguntaron a los discípulos cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores. Jesús lollo dijo no tiene necesidad de médico rosanos, sino los enfermos andad aprended lo que significa misericordia y en los sacrificios que no he venido a llamarlos justos, sino a los pecadores. Vio Jesús, un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo sígueme, y se levantó y lo siguió es la vocación de mateo que cuenta el mismo en su Evangelio y es que Dios tiene una voluntad precisa, un proyecto singular para cada hombre. No nos lanza una existencia ciega, sino rumbo definido. Sin rumbo definido, tenemos una meta y un camino preparado para colmar todos los afanes las ambiciones más nobles. La meta es la plenitud de la moral, del a plenitu de la moristra santidad. Con qué fuerza ha predicado San José María esta doctrina desde mil novecientos veintiocho, año que comenzó su labor en el apus De ahí, una vez más ha escrito. No me pongo a mí, yo no recuerdo también a vosotros y a la humanidad entera. Esta es la voluntad de Dios que seamos santos a cada uno. Llama la santidad de cada uno, pide amor, jóvenes y ancianos solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes. Trabajen donde trabajen. Estén donde estén. Para que este proyecto de amor se realice es precisa la cooperación de la libertad humana. Somos capaces, tristemente, capaces de rechazar el fin que se los que nos propone, perejarnos, por tanto, de nuestra propia felicidad, buscando otros objetivos incompatibles con la santidad de nuestro Padre Dios. Sin embargo, no por eso el señor deja de llamarlos desde la eternidad en el hidnos ante nieb in ipso, ante mundi constituccione uttese Mussanti dice la carta a los efesios nos eligió a antes acción del mundo para que seamos santos. Esta llamada es universal que nadie intente encontrar ante el evangelio un salvoconducto que tú dice la mediocridad no existe. Es cristianismo de segunda clase, porque la meta es idéntica para todos los hombres. Sin embargo, para alcanzar ese único fin, cada alma tiene un camino propio, una vocación específica que responde también a una expresa voluntad de Dios. En este sentido, no hay dos personas iguales. El encuentro de Dios con cada hombre es inefable e irrepetible. Así recuerda el apóstol San Juan el momento de su primer encuentro con Cristo, el día en que conoció a Jesús y descubrió su camino. El bautista estaba junto al Jordán con don de sus discípulos, Juan y Andrés fijó la vista en Jesús que pasaba y dijo y aquí el cordero de Dios. Los dos discípulos que los oyeron siguieron a Jesús. Aquellos dos hombres jóvenes se dejan guiar por el señor Se sienten movidos por la gracia que les llega a través de la humanidad santísima de Jesucristo. Seguramente ni ellos mismos habrían podido explicar por qué fueron tras el Maestro. Por eso, cuando Jesús, viéndolo que le seguía en el pregunto que buscáis, lo responden solos que son un deseo estar con él, conocerle más, dijeronle ellos rabí que quiere decir Maestro dónde vives. Les dijo Beniz y vez fueron pues y vieron donde vivía y panecieron con él aquel día diez mil formas distintas, con matices y coloridos diversos. Se sigue repitiendo en todos los rincones del mundo la escena de Jordán. Cada vez que alguien se acerca a la fe hoy a una vocación específica matrimonial, sazdo, tal, religiosa, etcétera. Dios se vale de unos medios humanos, de una amistad, del atractivo duramiento de trabajo, de la alegría contagiosa de esta familia sobrenatural, para poner a muchas personas en condiciones de escuchar su voz. Hay, desde luego, una inquietud en el alma, un deseo quizá único, no muy concreto, de entrega, de cambiar en la vida, de encontrar algo que colme las adiciones más altas. A veces es la ilusión de hacer algo grande, de gastarse el bien de los demás. La vocación no depende de los propios méritos y de las cuales humanas, ni una des predisposición personal, del gusto o del sentimiento. Es un tesoro que se encuentra sin buscarlo que aparece inesperadamente porque es divina la iniciativa a topar con él. Algunos responden que tienen otros planes que prefieren servir de modo diferente. Como el joven Rico. El mandato de Cristo sígueme les parece imposible de cumplir o poco razonable. Es sí un camino espléndido. Piensa, pero no para ellos. Un día dices a José María. No quiero generalizar. Abre tu corazón al señor y cuéntale tu historia, que es a un amigo. Un cristiano corrindigó anti se descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al mismo tiempo viejo como el Evangelio, te sugirió la posibilidad de empeñarte seriamente seguir a Cristo en ser apóstol de apóstoles. San José María, al recordar este momento que sin duda muchos se han vivido, insiste tal vez perdiste entonces la tranquilidad y así ocurre en la mayor parte de los casos. Por un lado, se siente la tentación de considerar que la llamada es simplemente humana. Tan humana como la voz de aquel amigo que habla tan ordinaria y corriente como el circúmulo de circunstancias que han hecho posible el primer contacto con Dios. Y, sin embargo, por otro lado, todo se explica. Todo eso no explica lo que ocurre dentro del corazón. El Jesús que se mete en la generalma con autoridad, sin pedir permiso quien se plantea la posibilidad de entregarse le decir que si al señor no tiene que pensar en méritos ni enflaquezas, no se trata de buscar razones que explique en el porqué de esta preterición divina. Dios no necesito de nadie. No se hace ningún favor al señor respondiendo la llamada. Es él quien concede la mayor de sus gracias, uno apro infinito de cariño y vosotros y yo qué hemos hecho para merecer esta maravilla de amor pues nada. No hemos hecho nada. Es un renalu de ese señor que nos ha buscado, que nos ha hecho conocer de esta manera Santa, de ser eficaces llamar a las criaturas de Dios y la respaz de alegría. En este momento, Dios está llamando a muchos corazones, a gente de todas las razas, de todas las condiciones sociales, de todas las edades. He aquí que estoy a la puerta y llamo y es el espíritu Santo. Si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo entraré y cenaré con él y él conmigo. Quizá algunos se resisten al itabo de Dios o no quere reconocer que es divina la llamada. Puede ser el momento de considerar estas palabras desfamientes San José María, dirigidas a quienes ya respondimos que sí un día. No quiero que nadie se sienta coacéanado en todo caso, sólo por la ecuación del amor, sólo por la coacción de saber que no acabamos de corresponder al amor que Jesús nos tiene cuando nos ha buscado ego, le invité, evocavité, no mine tú meos esto yo te he llamado, yo te he redimido y te llamado por tu nombre. Tú eres mío. Dice el profeta Isaías, al que venciere, dice el Apocalipsis. Le daré una mano escondido y le daré también una piecita blanca. Piedrecita blanca y en ella escribe un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe. Es ese es nuestro auténtico nombre, el que decine. Es de la eternidad lo que somos para nuestro par Dios, un hombre de hijos amadísimos, elegidos para una visión divina que da sentido y llena de luz toda la vida de quien responde que sí, cuando ya, cuando Dios ya te de la beza que Dios te acompañe, que Dios parece te acompañes en tu corazón te cuide, te haga fuerte y fiel y alegre, que el Dios hijo te haga sentir su tenura y misericordia y te quita del corazón cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir que Dios, Espíritu Santo, te de luces de la inteligencia, fuerza en el corazón ánimo renovado y decisión de amar con todo el corazón, que María Santísima te haga sentir su calor de madre y su abrazo amoroso y tierno y sálgose. Te cuide con su corazón de padre en el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo amén