Corazón del corazón. Miércoles la Octava de Navidad. Espíritu santo. Creo en ti o espero en ti te amo Sólo tú mereces la adoración del corazón humano y solo a ti debo postrarme. Sólo tú eres el señor glorioso con una hermosura que ni siquiera se puede imaginar. Por eso, señor, lo permitas que yo dore cualquier cosa que no como si fuera un dios, porque ningún ser y nada de este mundo vale tanto. Hoy celebramos a San Juan Apóstol y evangelista, el Evangelio de San Juan, que pidió veinte vesiglos dos anocho, el primer día de la semana María Magdalena echó a correr y fue donde estaban Psimon Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús y les dijo se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del Sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro. Se adelantó y llegó primero al sepul y, asomándose m vio las vendas en el suelo, pero no entró. Llegó también Simón Perro detrás de él y entró en el discípulo. Vio las venas en el suelo y el sudario con el que habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado al primero, al Sepulcro, vio y creyó. Señor Jesús, creo, espero y te amo, quiero en esta oración recostarme espiritualmente sobre tu pecho, como lo hizo el Apóstol Juan y hablar contigo durante estos momentos de corazón a corazón. Señor Dame, el don de conocerte para que pueda amarte más y así puedas seguirte mejor. El texto evangélico relata una de las experiencias que los discípulos tuvieron con el señor resucitado. No se trata de una aparición, sino literalmente de una de las etapas que el luiscípulos han entendido que rres correr para comenzar a visumbrar los nuevos horizontes de esperanza que el hecho de la resurrección abriría en sus vidas. El acontecimiento se insinuaba ya en la tumba vacía, en las vendas que yacían, en el suelo y en el sudario plegado en el lugar. Aparte ante estos hechos, san Juan sentía que una certeza se le apoderaba. Se fue apoderando su corazón la certeza de la fe. Jesús está vivo? Jesús está vivo? Esa convicción llena el corazón de todo creyente cristiano de la fe. En la persona viva de Jesucristo tiene el poder de abrirnos sus ojos para reconocer lo operante y presente los sacramentos de la Iglesia y los demás hombres, sobre todo en los que sufres y en nosotros mismos. Cristo, a través de su Iglesia, está vivo y pone su tienda en medio de nosotros. Pero así como Jesucristo nació primero en el seno del Padre Eterno y luego en el seno de la Virgen María, así también tiene que nacer en nuestro corazón. Esto es lo que sucede en cada acto de fe. Por eso tiene también sentido volver a celebrar su nacimiento en estas fechas. Sí, Belén fue un acontecimiento único que ocurrió hace más de dos mil años, cuando, en un momento histórico concreto, el hijo de Dios tomó nuestra carne y nació de la Virgen María. Pero este acontecimiento va teniendo sus repercusiones en la historia de los hombres, como una piedra lanzada en el centro de un lago, cuyo impacto va provocando ondas que se perciben hasta en los rigores más remotos del lago. Por eso, Belén, no solo acontecimiento hislado a todas horas Cristo pueden hacer en el corazón de cada hombre dispuesto a cogerlo con él. Nuestro interior se alumbra y esto siempre nos da la certeza de que está vivo. Gracias, Padre, por estos minutos de ración, quiero salir de esta meditación decidido a trabajar para que muchos otros obtengan la. La onda dicha de experimentar tu amor me ha llamado a ser tu discípulo y misionero. Con tu gracia, señor lo podré lograr comparto en estos días derrotóa de Navidad Unas cuantas canciones de Navidad que te pueden ayudar en la oración del corazón. Conviene que las leas con espíritu recogimiento, lo como no poseía más rezo por ti y le pido año, Dios, que te dé la paz del corazón que él nos ha ganado en su encarnación. La noche pasa lenta y fría. Los pastores alegres llegan corriendo. María abraza al niño y José mira y remira contemplando de rumbrado la luz eterna. Qué haré yo viendo el cielo en la tierra, Qué le dirá esta criatura creadora envuelta en pañales? Qué le cantaré al niño, Dios que sonríe y duerme y complacido de ser el hombre entre los hombres. Poca cosa puedo contarle. Solo me quedo mirándole pasmado ante el misterio Dios, Seño, encarnado ah Dios, con nosotros, Dios, Amor, Dios, hombre, multitudes quisieron verle y no le vieron oírle y no lo oyeron tocarne y no lo hicieron. Y yo aquí, ante el dios cercano, me vido de él. Paso ante él, escondido en el sagrario y no te veo. Jesús, señor, que vea, que te mire, que te ame olvidian, que vea la grandeza de mi miseria, perdón la grandeza, tu grandeza y mi miseria que entienda tu amor y mi falta de entrega. Sé que buscándote y mirándote, me encuentro con tu rostro y repito bultum tum domine recuidan. No sólo buscaré tu rostro, te busco a ti y te encuentro en el berén de cada jornada, repleta de normalidad, de grandeza, de lo pequeño del trabajo, bien hecho, de detalles de amor que son adoración continua del alma que, a pesar de su pequeñez, quiere amar al amor. Horas y horas pasarían junto a ti en la penumbre de la noche, en el silencio que descansa a mis oídos cansados por el ruido de cada día. Y si me hace corto el tiempo sólo pensando que tú sabes que estoy aquí y eso me basta arrodillado adorando en un rincón de la cueva, en el silencio de la noche que resumen todas las profecías de los siglos, me quedo mirando y adorando, atento y atontado ante el amor encarnado. Gracias, mi Dios, por tu amor profundo y tierno, por tus gemidos de niño y por tu sonrisa creadora. Gracias por tu cuerpo chupan que sacramento de amor y prenda del cielo. Gracias por tu pequeñez grandiosa, que contrasta con mi soberbia ridícula. Gracias por estar sólo por eso, sólo por hacerte niño, por estar con nosotros en Belén, en el Calvario y en el Sagrario, y por dejarte cuidar por estas manos manchadas. Pasa la noche, la plenitud llena de luz, la tierra oscura por el pecado y los hombres siguen sin su vida. Dios con nosotros y yo, señor, sin enterarme metido en mi pobre vida. Dios ejaristía, Dios misericordia y perdón, y yo eh, sin querer saberlo. Madre, déjame acercarme, permíteme abrazarlo y tenerlo conmigo. Acérqueme a tu hijo y diré tú que sabes hacerlo con más bellas palabras, pues aprendiste a concebir al verbo belleza única que no quiero dejarlo que él no me deje. Dios de infinita bonda que por la alcaración de su hijo, disipó las señoras del mundo y por su gloriosa nacimiento, iluminó esta santísima noche de sí pres tinieblas del pecado. Ilumine por sus corazones con el esplendor de las virtudes. Él que, por medio de nuestros corazon, él del Ángel, quiso anunciar a los pastores y la gran alegridad del nacimiento del Salvador Lleno de Gozo vuestros corazones y os haga mensajeros de su evangelio, Él que, por la encaración de su hijo, unió a la tierra con el cielo, os concede la abundancia de su aplaz y de su amor, y os haga partícipes de la iglesia celestial y la bendición de Dios, todopoderoso padre, hijo y espíritu santo tesciendo sobre vosotros y perpanezca siempre amén