Oración del corazón miércoles de la trigésima semana, en el tiempo ordinario, ven espíritu santo entra en mi mente en esa locura de mis pensamientos que me perturban palifica este interior inquieto. Ayúdame a dominar en serenar mis pensamientos para que reime en mí tu paz. La Iglesia celebra hoy avifiesta la soledad de todos los santos. El Evangelio es de San Mateo. Capítulo cinco versículos, uno a doce. Viendo a la muchedumbre, subió al monte, se sentó y su discípulo se le acercaron y tomando la palabra, les enseñaba diciendo. Bienaventurados, los pobres del espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos serán su herencia en la tierra? Vienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados bienaventurados, los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados bienaventurados, los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia, bienaventurados, los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados, los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios, bienaventurados, los perseguidos por causo de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos bienaventurados, los que seis cuando se injuyen y os persiguen y digan con mentir a toda la clase de mal contra vosotros por mi causa, alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos, pues de la vi una manera que persiguieron a los profetas atores a vosotros en esta solemnidad de todos los santos comenzamos agradeciendo la vida de tantos y tantos hombres y mujeres de todos los tiempos que se han hecho santos sin llamar la atención, sin hacerse notar, pero que de día en día hacen la Iglesia y muestran al Señor con sus vidas santas, madres de familia enfermos en hospitales, pobres, indigentes, funcionarios, que sacan adelante su familia con un trabajo rutinario. Pero qué hacen con amor sacerdotes que viven con lo poco que tienen y que su horario no hay lugar para el descanso religiosos, que viven entre cuatro paredes, años y años, adorando al Dios tres veces santo y que así sostienen a la Iglesia, misioneros y misioneras que siguen en países de misión con periodo de contagiarse de alguna pandemia, cuando todos se van padres de familia que agotados cada día por el esfuerzo de su trabajo, lo dejan de sonreír y gastarse por sus hijos cuando llegan a casa, etcétera. Todos ellos mártires contemporáneos nuestros que, olvidados de todos, no dejan de vivir su fe aunque el peligro de muerte sea eminente o el agotamiento sea grande, y que pasan desapercibidos sin que nadie les conozca y sale en la prensa, porque tampoco lo desean pensando en todos ellos. Y más pronunció el señor el hermosísimo sermón de la bienaventuranzas que es el camino nuevo que nunca se agota de amor y esperanza. La palabra bienaventurados felices parecen aparece nueve veces en esta primera gran predicación de Jesús es como un estribillo que nos recuerda la llamada del señor a recorrer con él un camino que, a pesar de todas las dificultades, conduce a la vida, a la verdadera felicidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo anhelo de felicidad, de aplerito. No notamos que nuestros corazones están inquietos y encontré una búsqueda de un bien que pueda saciar su sed infinito es que en Cristo encontraremos el pleno cumplimiento de los sueños de bondad y felicidad. Sólo él puede satisfacer nuestras expectativas, muchas veces frustrados por las falsas promesas mudadas. Como dijo San Juan Pablo II, es él la belleza que tanto atrae. Es él quien nos provoca con esa sed de radicalidad que no nos permite despojarnos, dejarnos, llevar del conformismo Es él quien nos empuja a dejar las máscaras que falsean la vida. Es él quien lee en nuestro corazón las decisiones más auténticas que otros querían sofocar. Es Jesús el que suscita en nosotros el deseo de hacer de nuestra vida algo grande. Jesús, como en tantas otras ocasiones, ha salido a predicar en descampado sus apóstoles y el gentío que le siguen gustosos porque saben que el Maestro tiene palabras de vida eterna. El pueblo de Israel vagaba desconcertado por sus propios guías, los estibas farisios y sauceos, a quienes Jesús calificó de guías ciegos. Ahora que aparece Jesús, será el mesías. Se preguntan muchos para sí mismo, para sus adentros, pero no encuentran en él nada de la figura de un breve libertador terreno, lleno de poder y castigador de sus adversarios, tan prometido por sus maestros. Al contrario, para quienes venían buscando liberación política de para Israel topa con un mesías que les propone el camino de la negación, de la humildad, de la pobreza, de sufrimiento. Pero todo basado era una recompensa grande. En el Reino de los Cielos. El selmón de la montaña ha resonado tontísimas veces el corazón de los cristianos de todos los tiempos y ha sido para todos el mensaje de la esperanza en medio del vaivén de las dificultades del mundo. Es la paradoja de la fe reducida. Su más clara expresión, miren todos los que lloran, porque ellos serán consolados. Es la promesa que todos desean ver cumplida algún día pero el cristiano no es el que simplemente se resigna todo lo que le venga. El discípulo de Cristo empuña el arado todos los días, remueve obstáculos. Limpia el terreno. Trabaja porque sabe que su esfuerzo siempre se ha remunerado. Si no aquí, sí en la otra tierra, en la otra vida. Por eso las bienomenturanzas no son sólo promesas para esperar, Son todo un programa de vida para reformar esta tierra. Si por un día todos los hombres fuéramos pobres de espíritu, mansos de corazón, pacíficos, misericordiosos, limpios de corazón, podríamos traer el cielo a la tierra. Es cierto que el señor permite el mal en nuestras sociedades, la desorientación y las injusticias, pero no podemos olvidar que si lo permite, es porque está seguro lo teneri tollo un bien de todo ello, un bien mayor. Como cristianos, nos toca testimoniar este mensaje viviéndolo en la sencillez y la cotidianidad de nuestra vida profesional y familiar, dejando a Dios la posibilidad de iluminar al mundo con la luz que emane de nuestras vidas. Esa es la santidad que Dios espera de ti de mí feliz tía de todos los santos. Te doy la belleza que Dios te acompañe esté en tu corazón. Te cuide, te haga fuerte, alegre y fiel que Dios, hijo, te hagas en tir su ternura y misericordia y te quite del corazón cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir que Dios, espíritu Santo, te debuces en la inteligencia, fuerza en el corazón ánimo renovado y la lesión de amar con todo tu corazón, que María Santísima te Haga sen ti su calor de madre y su abrazo amoroso y tierno y San José te cuide con su corazón de padre, en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén