Oración del corazón. Lunes de la trigésima cuarta semana del tiempo ordinario, ven espíritu Santo a regalarme tu ida para siempre nueva lléname de al asombro de un niño, para admirar al mundo y la vida que no me acostumbre, a la vida que me dejé a sorprender cada mañana, porque detrás de cada cosa está tu amor, Dios mío ayúdame a reconocer que la rutina no existe, porque todo es nuevo cada día, porque siempre hay algo que está comenzando m Hoy celebramos la Medalla Milagrosa conmemoración de la aparición de la Virgen a Santa Catalina. Laburé en París el Evangelio de San Lucas, capítulo veintiuno versículos uno al cuatro. En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas y vio también una viuda que echaba de dos reales y dijo sabed que esa pobre viuda ha hecho más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella que pasa necesidad hachado todo lo que tenía para vivir. Los pobres no sólo son personas a las que os podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos. Tenemos tanto que aprender de la sabiduría de los pobres. Un santo de siglo XVIIII, San Berito José Labre, que dormía en las calles de Roma y vivía de las limosnas de la gente, se convirtió en consejero espiritual de muchas personas, entre las que figuraban nombres y perlados. En cierto sentido, los pobres son para nosotros como maestros. Nos enseña que una persona no es valiosa por lo que posee o por lo que tiene en su cuenta en el banco. Un pobre, una persona que no tiene bienes materiales, mantiene siempre su dignidad. Los pobres pueden enseñarnos mucho, sobre todo también en la humildad y la confianza en Dios. En la parábola del publicano, del fariseo, del publicano Jesús presenta este último como modelo porque es humilde y se considera pecador también la viuda que echa dos pequeñas monedas en el tesoro del Templo es un ejemplo de la generosidad de quien aún, teniendo poco o nada, da todo a Cristo. No le es indiferente cuánto podamos hacer, sobre todo cuando son pequeñas menudencias que sólo él ha visto y que sabrá premiar en su devildo tiempo. Hay en la escena algunos ricos echando grandes cantidades de dinero para Dios es lo que significa su ofrenda al templo. Está lejos de él, una condena de los ricos, como alguna literatura ha querido ver en este y otros pasajes. Al contrario, seguramente se sintió a gusto Albert Como los que cuentan con los medios necesarios ponen en práctica la hermosa virtud de la magnificencia. Qué sería del templo de los grandes obras de la Iglesia, sino a gente generosa, a lo grande. Además, está muy lejos de Cristo esa clase de favoricismos de unos o por otros, de por unos o por otros. Y es que Dios no mira las apariencias de los hombres, Precisamente porque no mira las apariencias impresionó por el gesto de esa mujer pobre. Lo ha dado todo para Dios, todo lo que tenía para su existencia Y que esto no se ha quedado infernte ante tan grande su gesto, si hasta lo ha comunicado a sus apóstoles como diciendo aprender de esa mujer que lo que es creer de veras en Dios darlo todo, y hay tanta gente que lo da todo en nuestro mundo del siglo XXI, que quizás sería importante abrir más los ojos y no dejarnos impresionar por las apariencias, sino mirar con la mirada de Cristo y obrar con la generosidad de esa viuda, porque para Dios ella no ha quedado desamparada, porque a los que así obran, Dios no no nos abandona, sino que se conmueve de amor ante sus pequeños actos de generosidad. Pensemos solo que, gracias a ese empeño, a ese pequeño acto de la viuda, ella sigue siendo hasta ahora modelo para nosotros. No ofrezcas lo que te sobra. Toma ejemplo de la viuda que da todo lo que tenía para vivir. Y así se da a sí misma. Da tu tiempo, al escuchar con atención, acompañar, ayudar, a agradecer, servir a los demás, Jesús mira con más compasión a la viuda que he echados reales os. Aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie, porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. La viuda que no tiene nada, es la última, la más pequeña, escondida, pasa desapercibida humilde. Jesús la mira. Ve su corazón, ve su presa de intención, ve su pobreza, que su tesoro porque no se queja, sino que el demás da todo lo que tiene. Ve que todo lo ha puesto. Lo que ha puesto es más de lo que puede. Me impresionan esas personas que viven al día confiadas, dan cuando tienen poco, se alegran con la alegría de que recibe. Siempre dan, siempre tienen. Me recuerda la viuda que habra al profeta elías y dale edad de comer la orza de Harina. No sabe quién vaciará. La alcuza de aceite nos agotará. Da todo lo que tiene y se alegra y nada le falta. Me impresiona a esas personas que no calculan, que no llevan cuentas, que no escatiman, que no se quejan. Me sorprende su generosidad y su confianza plena del Dios que camina de su vida. No temen no se angustian. Para Jesús la vida es un templo verdadero, porque Dios está en ella. No mide, no cuenta y confía así túa siempre Dios da de lo que tiene y nos llena con su vida. Ojalá pudiera dar yo siempre sí sin tacañerías, si miedo no tener la actitud de la viuda, la actitud de esas personas generosas que conozco en esta vida me recuerdan el amor de Dios. Jesús me ayuda hoy a fijarme en lo que da, lo que no se ha visto. Jesús se que mueve ante esta mujer, llama a los discípulos para que miren lo que la ha visto. Le parece importante hablarles de ella. Ellos todavía valoran los puestos, el poder, los amplios ropajes, el lugar principal. Ellos tal vez se fijaron en la generosidad de los ricos. Pero Jesús quiere contarles que para él eso no cuenta. Ni siquiera cuenta quién da más o menos en el templo. Dios solo mira el corazón, la intención recta, la pureza y la autenticidad. Solo mira el Por qué hacemos las cosas? El cóbo Jesús quiere que sus discípulos miren lo mismo que él. Mira, que aprendan a mirar más allá de lo que parece lo culto, pero que no cuenta. Jesús también quiere que miremos como él y seamos como esa viuda y quiere que tengamos un corazón generoso sin límites. También nos llama a cada uno y nos dice mira, nos pide que miremos a los demás por adentro el otro día. Leía esto. La compasión es en el modo de ser de Dios, su primera reacción ante el ser humano, lo primero que bruta de sus entrañas de Padre. Dios es compasión y amor entrañable a todos, también a los impuros, los privados de honor, los escluidos de su templo. Por eso, la compasión es para Jesús la manera de imitar a Dios y ser santos como él, mirar a las personas con amor compasivo. Es parecerse a Dios. Ayudar a los que sufren es actuar como él. Jesús tiene una mirada compasiva, se finja en los ricos y se conmueve con la viuda, porque ella sí lo da todo la viuda de ello, todo lo que tenía Dios y ser vista, no se detuvo por un gesto histriónico, haciendo ver al mundo su generosidad. Nadie se percató de su acto, Nadie salvó. Jesús sintió que su donativo era cuantioso. En realidad no lo era en comparación con lo que dieron los ricos. Vido no dio nada la viuda, no odio nada. Jesús ve su corazón, ve su vida y se conmueve. Me presiona que Jesús se hiciera cuenta. Yo no me doy cuenta de todo lo que tantas personas buenas dan, aunque no tienen. No lo valoro. No me sorprendo. Me acostumbro a que me den a que den Al mismo tiempo, yo no doy, pero que me falta de lo que necesito. Solo oír lo que me sobra, si es que lo llego a dar. Quisiera vaciarme, señor, pero que no es importante y buscar solo su amo tu amor. Debo perder lo que tengo y guardo me reservo. Conservo la vida, porque me da miedo de gastarme como le pasó al joven Rico. Es lo que hizo Jesús en su vida. Se fue desgastando día a día, poco a poco, no, no de golpe, no en la cruz. Su vida fue dejarse la piel y el alma, mando entregándose muriendo por amor. Yo más de lo que tenía, lo dio todo. Me gustaría amar como él, dar como él hasta el extremo y desgastarme, mando hasta dando, hasta que duela le oí rezar así a alguien quiero amar en mis palabras y seguirte en mis deseos. Sé que sólo sé de feliz si me amo holdo a tu sueño y me entregó en cuerpo y alma cuando no lo tengo nada, cuando me desgaste de alegre, sé que si me contengo, pierdo, si calculo mi con fundo, pero cuánto cuesta amar sin medir y dar sin guardar te. Quiero Jesús, déjame tocarte siempre y al tocarte acercarme al que te busco, quiero entregar lo que yo tengo. Me gustaría decirte siempre a Jesús que quiero dar la vida por él, seguir sus pasos y dar ese mismo que tengo para vivir sin desconfiar de él, porque es más generoso, mucho más generoso de lo que yo puedo llegar a ser. Nunca tu di la bendición que, señores, esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que estén tus labios para que sepas hables con fuerza y fe de la resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y por esente de su reino, esté en tus pies para que mines por senderos de la paz que el señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y pueda hacerle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén