En este episodio no encontrarás una herramienta, una recomendación, ni siquiera un evento relacionado con el podcasting. Hoy quiero hablaros de dos experiencias que quizás hayan cambiado la vida de dos personas que se pusiera un frente a un micrófono. Te damos la bienvenida al otro lado del micrófono. Al otro lado del micrófono, un proyecto de Jorge Marín nieto en el que encontrarás tu ración diaria de metapodcasting Hastin con noticias, eventos, herramientas o episodios de opinión en apenas diez minutos. Diez minutos, diez minutos. Saludos a todos aquellos que estáis al otro lado del micrófono, a los habituales y a los que os hayáis puesto por primera vez a escuchar este metapodcast diario a los recién llegados. Yo soy Jorge Marín y como cada día, en apenas diez minutos os ofrezco una nueva ración de metapodcasting donde normalmente, pues, hablo de herramientas, eventos, recomendaciones y de un montón de cosas que se cruzan en mi camino relacionadas con en este formato que tanto me gusta y que espero que a vosotros también. Hoy comencé a la intro. No voy a hablaros de una herramienta, una nueva recomendación, una noticia o un evento relacionado con el podcasting, sino que voy a hablaros de dos experiencias que me han ocurrido últimamente en los últimos meses, en los últimos años. La verdad que han marcado un antes y un después en no sé si quizás en mi vida, pero sí en mi vida como me aficionado los podcasts y sobre todo como productor de podcast o, bueno, como persona que se encargaba de la grabación de dichos podcasts, bueno, ni siquiera podcasts grabaciones en general. Me vais a permitir que hoy esté un poco más disperso, porque, bueno, tengo que hacer un poco de excavaciones en mi memoria. Y, además, tengo que intentar no emocionarme, porque las dos situaciones que viví bueno, pues son bastante emotivas o al menos a mí me llegaron muy al fondo de mi patatilla. Dejadme que ponga situación. En la primera de ellas, se trata de una grabación que tuve en un entorno escolar, en una clase, en un colegio. Y bueno, en ese colegio, pues yo preparé digamos a los profesores o las profesoras para que desarrollaran la grabación de un podcast en cada una de estas clases. Y, lógicamente, pues como había muchos niños, no todos los niños podían participar de la misma manera de la misma forma uno o dos niños, pues tenían que ser los presentadores, otros tenían que ser los colaboradores, otros, a lo mejor, los corresponsales, otros los realizadores que marcasen los silencios, los aplausos, etcétera, etcétera. Otro u otros tenían que ser los técnicos de sonido, otros los que pusieron el ambiente musical, otros los diseñadores para las portadas. En fin, había que repartir un montón de roles para cada uno de estas personas que estaban en esas clases. El caso es que, cuando llegué a una de estas clases, la profesora, cuando yo terminé de montar todo, la profesora en cuestión me avisó. Me puso un poco en contexto de que había una de las chicas participantes en este podcast. Ya me empiezo a emocionar. Espero que no tenga que volver a empezar la grabación, porque es la segunda vez que tengo que grabar esto y en la primera ya he tenido varias interrupciones, pero bueno, el caso es que me avisó la profesora de que una de las participantes en el podcast tenía disfemia, lo que muchos conocemos como Tartamudez y yo, bueno, pues tampoco le di mucha importancia. Oye, al contrario, me alegré que la profesora la hubiera tenido en cuenta. No al contrario de pensar. Bueno, pues a lo mejor esta persona no se tendría que poner frente a uno de los micrófonos, sino que tenía que llevar más la parte musical, la realización de cualquier otra cosa que no fuese ponerse frente a un micrófono por este trastorno que sufría, este trastorno de la fluidez del habla, pues no no había decidido que se iba a poner delante de un micrófono y no solamente se iba a poner delante de un micrófono como colaboradora o como corresponsal, sino que iba a ser una de las presentadoras del podcast. Y aquí es donde viene la parte emotiva. No solamente se puso delante del micrófono para presentar el podcast. No solamente grabó el podcast, sino que lo hicieron además dos veces porque cada una de las clases lo grababa dos veces porque bueno, pues así lo requerría la preparación de este ciclo de grabaciones que estábamos haciendo, no porque la chica lo hiciera mal. Al contrario, es donde voy y las dos veces que esta chica terminó su grabación, bueno, la chica y sus compañeros porque participaron un montón de ellos, pero las dos veces que la chica cerraba el episodio, los aplausos que recibía por parte de sus compañeros, por parte de la profesora y por parte mía, porque yo la verdad que me quedé atónito de la valentía y la palabra valentía. Aquí se me queda corta de esta chica frente al micrófono wow o sea, me quedo sin palabras, y cada vez que lo cuento, me emociono. Hace poco me pasó en otro curso que lo con comenta y las personas que lo estaban escuchando también se emocionaba, porque es muy emotivo que una persona tenga esa valentía y no tanto eso que ya tiene mucho mérito, sino que el resto de personas de la clase mantengan la compostura como ha de ser. Y ahora os comento por digo esto, porque digo esto y rompan aplaudir apoyando a su compañera Wow Wow. Increíble durante las grabaciones. La profesora, pues apoyaba lógicamente a esta chica, hacía como pequeños toquecitos en el hombro para ayudarle a mantener el ritmo y bueno, pues, ayudar a que este trastorno de la fluidez del habla, pues si hiciera menos brusco, le ayudaba y motivaba que esta niña no solamente se calmara para la hora de hablar, sino que se calmara para la propia grabación del episodio. Y cuando me puse a editar este episodio, claro a mí me saltaron las dudas y, de hecho, escribí a esta profesora y le dije oye qué hago con esto, porque, por un lado, pienso en el papel del oyente y digo edito o digamos trabajo la grabación de esta chica para que no sea tan acentuada, su disfemia, su tartamudez. O, por el contrario, lo dejo tal y como está. Por lo contrario, lo dejo totalmente natural, como esa chica y como el resto de sus compañeros la escuchan habitualmente o le escuchan habitualmente, y la profesora me respondió que bueno, pues estaba un poco la misma tesitura que yo que, por un lado, quizás a esta chica le gustaría escucharse sin bueno, pues en estas interrupciones que provoca su trastorno, pero, por otro lado, es un orgullo que se le pueda dar voz nunca mejor dicho a este trastorno del habla y que se empiece a normalizar. No entonces, la profesora me lo agradeció enormemente que lo hubiera tenido en cuenta, porque yo podía haber cogido empezar a editar ese audio para que la chica sonara totalmente fluida, pero no decidí esperar. Además, hay que tener en cuenta que, para la grabación que había que presentar con este proyecto, los audios tenían que ser bastante cortitos, tenían que ser de cinco minutos y, claro lógicamente, debido a estas interrupciones del trastorno, de la fluida y habla, pues esto se alargaba y no iban iban a quedarse fuera, pues muchas secciones del resto de sus compañeros. Pero, por otro lado, yo no quería cortar las expresiones de la chica. Entonces, bueno, al final hice dos versiones, una versión editada súper editada para que se pudiera presentar a un certamen y luego otra versión totalmente en bruto, por así decirlo no en bruto, porque luego editaba para quitar ruidos, etc. Pero sí, sin recortar todo lo que esta chica había dicho frente al micrófono. Y la verdad que wow siempre lo digo. No, pero son situaciones que a mí se me marcan. No sé si por el cariño que le tengo al podcasting, No sé si por lo emotivo de haber bebido este momento, pero creo que jamás olvidaré el aplauso o los aplausos porque fueron dos de toda la clase apoyando a esta chica y comparándolo un poco con las situaciones que yo vivía de pequeño. Yo no he sufrido nunca disfemia o tartamudez, pero sí que he estado en clases donde algún compañero, pues ha tenido dificultades a la hora de leer o a la hora de expresarse en público, y el trato era totalmente distinto cuando yo era pequeño a como es ahora y el respeto que se mostró en esta clase, de este colegio. La verdad que no sé si algún profesor me escuchará alguna vez o alguno de estos niños, pero desde aquí el aplauso se lo quiero dar yo a ellos por cómo trataron esa grabación, porque vamos impecable o sea, no tengo palabras para, por un lado, para expresar la valentía de la niña Y, por otro lado, lo impecable de los compañeros, no por el hecho de que la respetasen, porque eso debería ser lo lógico, sino por el aplauso que le dieron, porque impresionante. Ojalá, ojalá, y sigan así, sigan creciendo así con el respeto y con la aprobación y con el apoyo hacia esta compañera. Oy hacía a otros compañeros que tengan de verdad que impresionante. Y, por otro lado, otra experiencia. Quizás no esté directamente relacionada, pero sí y es otra experiencia que viví bueno semanas más tarde en una grabación distinta. No tiene nada que ver tenían en este caso había mucho más público asistente. Y como ocurre en estos casos, pues yo, hombres, puedo conocer a las personas que hay a lo mejor que participas en la grabación, o ni eso O alguno de los asistentes o a los invitados, o ni eso no. No tengo porque a mí hay veces que me contratan. Y bueno, pues yo voy allí un montón, mi micrófono, mi sistema de grabación, mis altavoces lo que haga falta para el evento Y yo, lógicamente, pues no sé la situación de cada persona, de cada integrante del público de en fin, tú no sabes lo que te vas a encontrar. El caso es que en esta grabación que os comento, en determinado momento se acercó un niño. Un niño al escenario, se subía al escenario donde se estaba realizando esta grabación y, bueno, siempre intentas echar un vistacillo, por no por lo que vaya a hacer el niño, sino en ca sabes cómo va a reaccionar. En mi caso y en mi casa también me pasa que a veces que agarran los micrófonos los niños y Wuyu yu yuu. Y donde va a acabar. Bueno, pues si levantas un poco la cabeza, voy a ver que no se caiga, sobre todo no tanto por el micrófono que se golpee y eso sino porque si se golpea el micrófono puede dejar sordo a todos los asistentes del público. Y hay que estar atento, pues si se va a llevar a algún golpe, bajarlos rápidamente para que no se oiga o al menos se minimice el ruido que puede ocasionar ese golpe. Y fuera de eso, pues bueno, estaba ahí con la cabeza puesta en wil a ver qué va a pasar un accidente. Bueno, no ha pasado nada. El caso es que este niño se acercó al micrófono y dijo una palabra. Bueno, pues lo habitual no aquí en mi casa. Yo tengo que alejar a mis hijas de los micrófonos, porque cada vez que ven la ruda encendida, se ponen aquí a hacer el tonto. Y esto es lo habitual, habitual de todos los niños. En el caso de la clase que os comentaba antes, todos o casi todos los niños se pusieron a hacer tonto frente al micrófono, porque es lo normal, porque es el poder que te da el micrófono, que es el tema de este capítulo. Bueno, pues, no le di mayor importancia un niño que se hacer con micrófono, pues ya está. Pues no, bueno, no pasa nada. El caso es que cuando ya recogimos todo y ya se acabó todo el evento. Y bueno, pues ya estábamos más relajados. Y bueno, yo ya me iba a ir a mi casa para editar esa grabación y dejar la maquiadita, una de las personas responsables del evento me dijo que sí, que conocía este niño. Me dijo que que había pasado una cosa muy importante y es que nunca habían escuchado a ese niño decir una palabra y más concretamente, la palabra que había dicho. No voy a dar más datos porque lógicamente esto hay que mantener la privacidad y bueno que no es necesario, no, pero el caso es que bueno, pues ese niño también tenía otro trastorno y no habían escuchado nunca decir esa palabra en concreto, y encima había quedado grabado. Y donde viene la parte emotiva de todo esto, cuando me contaron esa historia, cuando luego yo editaba ese podcast para arreglarlo, lógicamente, no esa intervención del niño, al igual que me pasaba en la vez anterior, sino los volúmenes en ruidos ambientales, etcétera. Y llegué a ese punto. Para mí fue como rememorar un momento. Wow. De hecho, y aquí me voy a meter en un terreno más personal para mí, comparándolo un poco con este momento. Hace poco encontramos unas tintas de vídeo grabadas de estas distintas caseras y salía aparecía a mi padre. Mi padre falleció hace ya once años y en determinado momento aparecía a mi padre por ahí al fondo y muy muy poquito, pues se le escuchaba hablar un par de frases y quizás la imagen de mi padre. Sí, que es más habitual. De hecho, tengo una foto por aquí al lado y verle en vídeo. Quizás es menos habitual, pero escucharle se me hizo. Wow. De hecho. Tengo que pedir a la persona que tiene esas grabaciones a ver si me las puedo dejar y si puedo extraer un poquito esas frases para poder escuchar la voz de mi padre. En este caso se trataba de una persona que ya digo que no bueno determinan los problemas, pues no la habían escuchado decir esa palabra. Imagino a a las personas que me lo comentaron a escuchar por primera vez esa palabra en concreto Y y y me pongo a pensar no el poder que tiene un micrófono para transmitir y el poder que le puede dar a una persona que no está habituada a tener un micrófono adelante, a ponerse delante de él y a transmitir una palabra que luego no sabe si se va a quedar grabada o si se va a emitir o cuánta gente lo va a escuchar. Aquí nos preocupamos mucho de cuántas descargas, cuántas cuánta gente a dónde ha llegado, a qué país voy a llegar con mi podcast, cuánta gente luego voy a convertir en suscriptor. No simplemente. Hay veces que es necesario decir una palabra para que otras personas te escuchen y, a lo mejor, nunca dices esa palabra hasta que te ponen un micrófono adelante y la persona menos predispuesta a decir una palabra o menos preparada para decir una palabra la dice simplemente porque tiene un micrófono adelante. No quiero enrollarme más, porque ya ha quedado un capítulo bastante largo, pero solamente quería transmitiros que eso los dos momentos que he vivido junto a esas dos personitas. Creo que parte formarán para mí parte de la historia del podcasting que llevo grabando casi once años y escuchando catorce o casi quince años y mirad que he estado en teatros llenos y escuchando a famosos y a grandes amigos y tengo un mogollón de recuerdos, pero miles y miles de recuerdos, pero esos dos wow wow increíble. No creo que si alguna vez me invitan a contar cuáles han sido las experiencias más bonitas que he vivido en esto del podcasting, si puedo contar esas dos, no porque no las he vivido yo directamente, Involucran a menores y bueno, no soy quién para desvelar detalles y ya bastante sosegado, pero yo personalmente creo que que jamás, que jamás las soñaré. Y ahora me despido y como cada día regreso a ese sitio donde estáis vosotros ahora mismo, al otro lado del micrófono,