Oración del corazón. Jueves de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo, ven potencia divina de amor, ven y llena mi pobre corazón. Purifícalo, santifícalo, aldo todo tuyo. Hoy celeramos al beato Juan Bautista Matsukorin, que vivió en el siglo XIX presbitro del Instituto de Milán para las Misiones Extranjeras y Mártir en Oceanía. El Evangelio es del San Lucas cinco, uno, uno, uno once. En aquel tiempo, la gente se agotaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios. Estando a orillas del lado de Jerezaret, vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas de Simón y le pidió que le apartara un poco de tierra desde la barca sentado enseñaba la gente. Cuando acabó de hablar, dijo Simón reme mar adentro y estas las redes para pescar. Simón contestó maestro. Nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada, pero por tu palabra echaré las redes y puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que levantaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca para que vinieran a echarle a otra una mano, se acercaron ellos y llenaron las dos barcas que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo apártate de mí, señor que soy un pecador y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él. Al ver la radad de peces que habían cogido y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos del Cebereo, que eran compañeros de SD y Jesús dijo Simón no temas. Desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron la barca a tierra y dejándolo todo lo siguieron. Según el rato de San Lucas, Jesús conocía a Simón desde hacía poco. Se había alojado en su casa y había curado a su suegra que tenía fiebre. Ahora, cuando Jesús estaba predicando en el puerto de cafarnaún se toma la confianza de subirse la barca de Simón e incluso le pide que le dé que deje lo que tenía entre manos e estaba lavando la redes y que la separe un poco de la orilla. Simón estaba cansado y desanimado porque después de una noche de duro trabajo, no había pescado nada, pero lo hace sin quejarse. Cuando Jesús terminó de hablar, todavía hay pie algo más muy exigente. Esa circunstancias guía mar adentro y echa a buzarra despagar a pesca. También ahora, Simón obedece sin ganas y comprueba asombrado que sus pobres redes se llenan con una cantidad enorme de peces. Cuántas veces sucede lo mismo en nuestra vida. Cuando escuchamos lo que Jesús nos dice y lo hacemos. Jesús prepara poco a poco a Simón para la llamada sobre la base de una amistad que construye día a día, pone a prueba su generosidad y su amigo va comprobando con los hechos que al final, el señor es más generoso y da mucho más de lo que pide al arrastrar las redes repetas de red de peces. Queda asombrado y sobrecogido. Reconoce el poder de Dios, que actúa a través de la palabra de Jesús y este encuentro directo con el Dios rigo que es capaz de realizarle tal prodigio, valiéndose lo poco que pueda aportar un pobre hombre. Le impresiona profundamente lo que sucedió con aquellos hombres. Es algo singular, pero muy representativo, de la llamada de que Dios hace a cada uno con particular claridad algunos momentos de la vida para que descubra aquello, para lo que ha sido hech y en dónde encontrará la felicidad. La vocación es una llamada divina. El hombre no lo diseña, sino que la descubre. Cuando da una respuesta positiva a la propuesta que el señor le hace. La experiencia de las propias limitaciones y de la personal debilidad no es obstáculo alguno. Simón Pedro era consciente de que todo esto y a pesar del miedo inicial, no dudo en seguir a Jesús. También ahora, como sucedió con él, la fuerza de Dios supe nuestras pobres condiciones siempre que confiemos en el poder de su misericordia y en la acción de la gracia divina que nos transforma y renueva. De esta forma, podemos convertirlos en apóstoles para ello. En primer lugar, hemos de convencernos que sólo haremos lo que llevamos dentro. Quien tiene la misión de decir cosas grandes está igual de obligado a practicarlas. Dice San Glorio en Magno más aún sólo si las practica las dirá de un modo realmente eficaz. Solo si mismo e orde diego en la medida, en la medida en que arda podrá encender a los demás. Si somos otros Cristos, estemos donde estemos, quemaremos, Somos apóstoles cuando tratamos de comentar a nuestro amor a Dios y también cuando estudiamos, cuando trabajamos con esmero y profesionalidad, cuando vimos la vida de familia con generos y servicio, etcétera. Si todo lo hacemos como medio por aumentarnos su amor a Dios, sin oración dice San José María, sin la presencia continuo de Dios, sin la expiación llevada a las pequeñas contradicciones de la vida cotidiana, sin todo eso no hay. No puede haber acción personal de verdadero apostolado. Nuevamente, la fórmula vuelve a ser santidad personal. El apostulado comienza y se realiza en nuestra lucha ascética personal. Pero tenemos el peligro del activismo. El que se deja llevar por el activismo hacer hacer confía más en sí, en sus palabras, en lo que hace que en Dios. Su labor es este, pues a las almas no las mueven en los argumentos, ni la simpatía ni el cariño humano. Sólo las mueve el amor de Dios. La vocación la da a Dios a quien quiere y cuando quiere. No me veis elegido vostros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis Idris fruto y vuestro fruto permanezca. Importa mucho que, como cristianos, tengamos ese afar apostólico. La mejor fórmula contra los problemas personales ha de apostolado abra de Dios a tus amigos interésate con sus problemas en orden a la Santidad. No sólo hacer apostolado, sino que tenemos que ser apóstoles convencidos de lo que no hemos, de lo que no hagamos. Nosotros no hará nadie de nosotros depende en parte que muchas almas no permanezcan en las tinieblas, sino que también en posenderos que llevan hasta la vida eterna. Hay muchos que no hacen mal al prójimo y aún algunos que sí pueden las les hacen bien. Nosotros, como cristianos, debemos ir mucho más allá toda nuestra existencia dirigida a hacerles el máximo bien que puede lograr una persona salvar su alma hombre, sino a creer que pueda salvarse quien no trabaja por las vación de su prójimo, que no caigamos en el activismo, pero aprovechemos todas las oportunidades que tengamos en el trabajo, en la familia, en las relaciones sociales y sin respetos humanos, sin esa mala vergüenza de quien tiene miedo a manifestar su fe vergüenza sólo para picar, nunca para hablar de Dios sedudaces contáis con la ayuda de María reir apostol Ron y nuestra señora, sin dejar de comportarse como madre, sabe colucar a sus hijos mediante las precisas responsabilidades. María, a quienes se acercan a ella y contempla su vida, les hace siempre en inmenso favor de llevarles a la cruz, de ponerles frente a frente al ejemplo del hijo de Dios, ir ese enfrentamiento donde se decide de la vida cristiana. María interceder para que nunca, para que no sea conducta, culmine con una reconciliación. Hermano menor, tú y yo, colijo, primogénito del padre, son palabras estas de San Jouémaría tey la benedición que señor esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que entren en tus labios para que hables con el fuerzo y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y pues tendré su reino. Que esté en tus pies para que camines pro senderos de la paz que, señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas arrar a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén