Oración del corazón vierras de la quinta semana del tiempo ordinario. Toma espíritu santo, todos mis orgullos y vanidades y quema todo eso con tu fuego divino. Dame la sencillez de los Santos, la alegría humilde de San Francisco de Asís, la generosidad desinteresada de Teresa de Calcuta, el amor de Jesús, ocaristía en Juan Pablo II y el afán de Almas de San José María. Ven espíritu santo y el de regálame esa profunda sabiduría de la sencillez interior. Amén hoy celebramos a Santa A Polonia de Alejandría, el Evangelio de San Marcos, capítulo siete versículos treinta y uno al treinta y siete. En aquel tiempo dejó Jesús, el territorio de Tiro pasó por sidón camino del lado de Galilea, atravesando la de Capolis y le presentaron un sordo que además apenas podía hablar y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió unos dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua y mirando al cielo, suspiró y le dijo é fet esto es ábre qué y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó, la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie, pero cuanto más se lo mandaba con más resistencia. Lo proclamaban ellos y en el colmo del asombro decían todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos. Comentaba el gran con gran precisión, el Papa Francisco. Pensemos en los muchos que Jesús ha querido encontrar sobre todo personas afecta todas por la enfermedad y la discapacidad para sanarles y devolverles su divinidad plena. Es muy importante que justo estas personas se conviertan en testigos de una nueva actitud que podemos llamar cultura del encuentro. Aquí están las dos culturas opuestas, la cultura del encuentro y la cultura de la exclusión, la cultura del prejuicio, porque se perjudica y se excluye. La persona enferma y discapacitada, precisamente a partir de la su fragilidad de su límite, puede llegar a ser testigo del encuentro, el encuentro con Jesús, que abre la vida y a la fe, y el encuentro con los demás, con la Comunidad. En efecto, sólo quien reconoce la propia fragilidad, el propio límite, puede construir relaciones fraternas y solidarias en la iglesia y en la sociedad. Y ahora veremos a la Virgen en ella se dio el primer encuentro, el encuentro entre Dios y la humanidad. Pidamos a la Virgen que nos ayude a ir de adelante en esta cultura del encuentro y nos dirigimos a ella con el ave. María ve y dile que los ciegos ven, los horros oyen y que ha llegado a la liberación de los cautivos. Así resume su misión Cristo, porque ha sido enviado a curar a todos los enfermos y traer la paz a los hombres. Cómo quisiéramos que se nos dijera que todo lo hemos hecho bien. La vanidad y la envidia nos entran cuando vemos que todos que otros son halagados por algo en lo que nosotros tuvimos mucho que ver. Nos enojamos y desearíamos que se nos alabara. Por eso nace la competitividad entre los hombres. Pero si todo es por vanidad, cuando no tengas serás feliz eternamente ya decías a Juan Crisóstomo a citar a ellas. Estes vanidad de vanidades, todos su vanidad y lo decía con verdad, porque lo único que tiene que importarnos no son las alabanzas, sino el hacer bien las cosas. Por amor a Dios todo lo demás. Sobra ojalá mi manera de actuar y tratar los demás. Revele el amor de Dios. Padre. Señor soy sordo cuando no oigo las necesidades de los demás, cuando no busco entender su punto de vista, soy mudo cuando no pronuncio palabras llenas de bendición, sino de crítica. Por eso confío en que esta meditación y mi esfuerzo permanente por crecer en mi vida e de oración me ayude a curar esas malas acciones que me apartan de ser un auténtico testigo de tu amor. Y es que nuestra vida debe ser un canto de alabanza a Dios. Si nos guiamos a nosotros mismos cargados de egoísmo y vanidad, difícilmente podremos encontrar a Dios entenderlo y menos amarlo. Se refleja esta idea en la siguiente oración. Se me olvida el don de la vida, la gratuidad que he tocado con mis manos desde niño. Se me olvida que desde que nací sólo puedo dar gracias por el don de ser quien soy de poder amar, abrazar, gritar, sonreír vivir. Quiero agrabar a Dios por todo lo que ha hecho en mí. No quiero olvidar lo pequeño, lo evidente, lo que creo merecer y qué merezco sólo llamarme hijo de Dios, y ni siquiera eso lo merezco. También es un don la vida, a la salud, el hogar, los alimentos, el amor que recibo, los logros que consigo. Todo es don alabar es un acto en el que todo mi ser se entrega en agradecimiento al dios de mi vida. Lo alabo por estar caminando conmigo. Lo alabo por haberme rescatado en medio de mis luchas. Lo lavo por ser el dios que construye mi vida. Lo labo porque no sabría hacer nada más que si no fuera por él que vive en mi interior. Sé que mi pecado me vuelve arisco. Me falta de mi falta de perdón, me hace vivir en guerra con el mundo. Mi incapacidad para ser feliz me lleva a hacer de mi amargura un arma arrojadiza contra los que me odian. Mi corazón rígido y endurecido. No percibe el bien. Sólo ve la falta de bien la ausencia de amor. Sólo percibe lo que los demás no hacen sin valorar lo que hacen. No agradece por las cosas evidentes porque siempre espera más de la vida de Dios de los que dicen amarlo. El corazón desagradecido nunca es feliz. Ayúdame, señor a rectificar cambia mi corazón dejo a un lado mi pecado. Dios lo ve y se conmueve ante mi desvalimiento y mi ama sucio sin dignidad, pobre y desprovisto de méritos, y me quiere como lo más valioso de su vida. Sólo su amor de misericordia me salva te, Dio la bendición, que la bondad y la misericordia de Dios, Padre, te llene del corazón, que la mirada de Amor Dios, hijo, penetre en tu alma y te purifique de cualquier inquietud falta que te pueda separar de Dios, que el amor de Dios Espíritu Santo, te conceda la paz que necesitas, que la ternura de María, madre de Dios, y madre, nuestra te acaricia y proteja y la fortalece y sencillez de San José, nuestro padre y señor Te conduzcan al cielo y la bendición de Dios, padre, hijo y espíritu santo descienda sobre ti y te acompañe siempre amén