Oración del corazón domingo de la quinta semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo Te, ruego que me enseñes a orar, que me ayudes a destruir las falsas imágenes que tengo de ti. Quiero cambiar todas las costumbres y estructuras que ya no me sirvan para encontrarme contigo que todo mi ser entre en tu presencia, que pueda adorarte con todo lo que soy y te permita entrar en todas las dimensiones de mi ser, en mi mente, en mi imaginación de mis afectos en mi cuerpo. Hoy celebramos a Santa Juana de Baloa, Reina de Francia, El Evangelio de San Marcos, capítulo uno, versículos veintinueve del treinta y nueve. En aquel tiempo, al salir Jesús sus discípulos que la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La soda de Simón estaba en cama con fiebre y su dijeron y solo dijeron Jesús se acercó, la cogió gran mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles al anochecer. Cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta, curó a muchos enfermos de diversos mares y excusó a muchos demonios. Y como los demonios no lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron a que el encontrar. Le dijeron todo el mundo te busca y respondió vámonos otra parte a las aldeas cercanas para predicar también allí que para eso he salido Y así recorrió toda la Galilea predicando a las sinagogas y expulsando a los demonios. La obra salvadora de Cristo no se agota con su persona durante su vida terrena. Esta prosigue mediante la Iglesia sacramentó del amor y de la ternura de Dios hecho hombre hacia los hombres. Al enviar en missa a los discípulos, Jesús les confiere una doble misión a luciar el evangelio de la salvación y sanar a los enfermos. Fiel esta enseñanza, la Iglesia siempre ha considerado la asistencia a los enfermos como una parte integrante de su misión. Los pobres y los que sufren los tendré siempre advierte a Jesús y la Iglesia continuamente los encuentra en la calle, considerando a las personas enfermas como una vía privilegiada, privilegiada para encontrar a Cristo, para cogerlo y servirlo curar a un enfermo a cogerlo y servirlo es servir a Cristo. El enfermo es la carne de Cristo. Así lo decía la madre Teresa y Calcuta. A quienes dicen admirar decía mi coraje, tengo que decirles que carecería por completo de él. Si no estuviese convencida de que cada vez que toco el cuerpo de un leproso de alguien que despide un olor insoportable, eso tocando el cuerpo de Cristo, el vivo Cristo. A quien recibo en la eucaristía. Eso sucede en su tiempo, cuando, a pesar de las diversas adquisiciones y adelantos de la ciencia, el sufrimiento interior y físico de las personas despierta, fuertes e interrogantes sobre el sentido de la enfermedad y del dolor y sobre el porqué de la muerte, son preguntas existenciales a las cuales la acción pastoral de la Iglesia de responder a la luz de la fe teniendo muy delante de los ojos al crucifico, al crucifijo, en el cual aparece todo el misterio de salvación del Dios padre por amor a los hombres. No escatimo a su propio hijo. Por tonto, cada uno de nosotros está llamado a llevar la luz del Evangelio y la fuerza de la gracia a quienes ufen de todas aquellas que los asisten, familiares, médicos, enfermeros, etcétera, para que el servicio al enfermo se ha realizado cada vez como mayor humanidad, con dedicación generosa, con amor evangélico y con ternura. Jesús nunca se ha cansado de servir a los hombres. Hoy aún sigue siendo el hombre más servidor de todos. Él mismo lo dijo no venir a ser servido, sino a servir pero de vez en cuando él busca momentos de tranquilidad al lado de los discípulos. Hoy es uno de esos días. Han llegado a casa de Simón y encuentra a la sobra de este enferma. Jesús, no sabiendo cómo no va a salvar a un alma más en ese día la toma de la mano y la cura. Parece que Dios hecho hombre para servir, no quiere hacer otra cosa. Él todopoderoso, el conocedor de los sufrimientos humanos, él que tanto amado el mundo, se iba a quedar tranquilo viendo a los hombres perderse. No hay que salvarlos a toda costa. Por eso está allí sirviendo a los hombres en momentos de intimida, mayor intimidad con su discípulos. La suegra aprendió muy bien la selección de sería. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles cuántas lecciones tenemos que sacar de este empeño y de este pequeño acto de doración. Se dice que arrastra más un ejemplo que muchas palabras. El ejemplo está claro. Cristo, Cristo, servidor de los hombres para salvarlos. Aunque haya pasado toda una tarde de enseñanzas con sus discípulos, él, al atardecer, sirvió a los demás para darles la vida y que la tuvieran en abundancia. No sólo actuó con en ese pueblo, sino que por amor, que su amor se extendió durante su vida terrena a los judíos. Pero ahora sigue haciendo el bien a través de un ejemplo, de un sacerdote, a través de la oración abnegada de cualquier cristiano anónimo o simplemente perdón de la oración abnegada de todos los días, de una masa de familia o la sencillez de corazón, de un acto de amor que pasa desapercibido de cualquier cristiano anónimo o simplemente del cumplimiento amoroso de quien cumple con su deber día a día. Él actúa hoy de muchas formas en el mundo, principalmente a través de la oración. Cuánto me enseña este pasaje del Evangelio. Ahora comprendo la importancia de la oración y él cómo y cómo vivir los acontecimientos de lis de la vida con paciencia, con ánimo y con esperanza. Gracias, señor por llevarme de la mano y permite que, al igual que la suegra de Pedro, me ponga a servirles a los demás, Dame la gracia de identificarme contigo para pensar como tú, sentir como tú, amar como tú y vivir como tú tendrá bendición, que la bondad y la misericordia de Dios, padre en el corazón, que la mirada de ellos, hijo de amor de Dios, hijo penetre en tu alma y te purifique de cualquier inquietud y falta que te pueda separar de Dios, que el amor de Dios, Espíritu Santo Te conceda la paz y la sencillez la paz qué necesitas que la ternura de María, madre de Dios y madre nuestra te caricia y proteja, y que la fortaleza y se decide de San José, nuestro padre, señor Te, conduzcan al cielo y la bendición de Dios todopoderoso padre, hijo Espíritu Santo, descienda sobre ti y te acompañe siempre amén