Oración del corazón. Jueves de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario, ven espíritu Santo a regalarme tu vida siempre nueva. Lléname del asombro de un niño para admirar el mundo y la vida que no me acostumbre, la vida que me deje a sorprender cada mañana, porque detrás de cada cosa está tu amor, Dios mío ayúdame a reconocer que la rutina no existe, porque todo es luego cada día, porque siempre hay algo que está comenzando. Y celebramos a Santa Margarita de Escocia, el Evangelio de San Lucas, capítulo diecisiete versículos veinte al veinticinco. En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar al Reino de Dios. Jesús les contestó el Reino de Dios no vendrá espectacularmente y anunciarán que está aquí o está allí, porque mirad el Reino de Dios está entre vosotros, dentro de vosotros, y dijo a sus discípulos, llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el hijo del hombre y lo podréis. Si os dicen que está aquí o hasta allí, no vayáis detrás, como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte otro así será el hijo del hombre en su día, pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobrado por esta generación. Sabemos que la historia tiene un centro Jesucristo, encargado, muerto y resucitado, que está vivo entre nosotros y que tiene una finalidad. El Reino de Dios, reino de paz, justicia, libertad y amor, y tiene una fuerza que le mueve hacia aquel hace aquel fin y la fuerza del espíritu Santo. Todos nosotros tenemos el espíritu santo que hemos recibido en el bautismo y él nos empuja a ir hacia adelante en el camino de la vida cristiana, en el camino de la historia, hacia el Reino de Dios. Este espíritu es la potencia del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los costrus autor de rapaz. Donde hay un hombre de una mujer, costos de paz, es exactamente el espíritu Santo quien ayuda y lo empuja a hacer la paz. El Reino de Dios está entre nosotros, aunque no completamente. Está entre nosotros porque Jesús, porque Jesús le ha venido a la tierra y no se ha dejado su presencia, Pero también falta algo. Todavía es necesario que el Reino de Dios llega al corazón de cada hombre, pero entonces podremos decir que ha llegado en toda su plenitud. Jesús advierte que no se trata de un reino de ejércitos, emperadores, palacios, etcétera, sino que es algo mucho más útil. Penos notorio. Es un Gobierno que respeta delicadamente a la libertad sobre los corazones, cuya ley es la caridad y Cristo es el soberano. Dejar que Jesús reine mi alma significa abrir las puertas para que él haga, porque quiero comer y él solo entra si se queda a vivir, si le dejamos y se encuentra un alma limpia, decir, sin pecado. Un alma en pecado es un lugar inhabitable para Dios. Por eso decimos que hay que vivir en continua lucha con nuestro peor enemigo, que es el pecado, porque sólo él nos aleja de Dios la meta de nuestra vida. Cómo sería el mundo si todos los hombres viviesen en gracia, en amistad con Dios. Qué diferencia serían las cosas diferentes en las cosas si todos los países adoptaran el mandamiento de la caridad universal como ley suprema. Entonces sí que podríamos decir que el Reino de Dios ha llegado a la tierra. Pero piensa que a Dios no le interesa a los indecisos, los que sueñan su vida en lugar de cogerla con las manos o los que no cesan de añadrar el pasado. Dios podría hacerlo todos y nosotros, pero él elige aceptarnos, elige necesitarnos, quiere asociarnos a su obra del creador. Es aquí donde reside la grandeza de nuestro trabajo. Humano, que no es exclusivamente y en principio un medio de ganar dinero en un lugar de santidad y un lugar de evangelización. Las personas creadas e imagen de Dios son llamadas a prolongar las unas con las otras. La obra de la creación dominando la tierra, el trabajo honra, los dores del creador y los talentos y los talentos recibidos. Los santos nos enseñan con el ejemplo y uno de ellos se quedó en brazos cruzados. Oración es la fuente de su oración, perdón. La oración es la fuente de su acción, pero no la replaza. Ellos se dedican con herergía al servicio del Reino. Miremos a la Virgen María después de la anunciación, sin detenerse, s poner en marcha para ayudar a su prima Isabel. Los santos son planeadores, no son perdón planeadores. Con el corazón en el cielo mantienen los pies en el suelo. Los más grandes contemplativos tienen a menudo una excepcional sentido de lo concreto y son de lo más eficaces porque sólo buscan la voluntad de Dios. Es un error oponer amar, Doña María, escoger la mejor parte que si nos es propuesta a todos, no quiere decir trabajar, dejar trabajar a las martas, sino que hemos de trabajar con la vista puesta en la mejor parte. La acción no se pone, no se opone a la contemplación, sino que es su consecuencia. Frente a los desafíos del mundo actual. Podemos dedicarlos a lamentarnos, al agrimear sobre lo que ya no es, a imaginar lo que podía haber sido quedándonos inertes, rehacer el mundo alrededor de una mesa discutir interminablemente de u n p ero que debía hacer nuestro obispo el director del colegio, de nuestros hijos, el cura de la parroquia o al alcalde de la sociedad, repartir positivos y negativos con tanto rigor que nos sale gratis. Todo eso es estéril, por no decir incluso a veces perdicioso actuar, pues es tomar riesgos, el de equivocarse, el exponerse a juicio de nosotros, el de recibir críticas y reproches. Pero ser la sal de la tierra. Para ser la sal de la tierra, hay que aceptar mezclarse con la tierra. Os haremos salir a los caminos, de los caminos marcados para poner en la práctica nuevas funciones, abrir puertas, levantarnos contra la desdiria, la medicoridad, a la felda, a la miseria y todas las formas de violencia, negándonos a ver en esto una fatalidad ineluctable. Nuestros hijos necesitan vernos, comprometer nuestra vida. En lugar de padecerla, necesitan que les adentemos e implicarse para impregnar las realidades sociales, políticas, económicas según las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana. Nuestras obras no hacen avanzar el Reino de Dios. Es dion Es, Dios, quien nos hace avanzar con nosotros. Somos como herramientas de sus manos. Cuanto más dóciles, más eficaces. Eficaces Dios no nos pide que hagamos lo imposible. Él no espera de nosotros que acumulemos éxitos. Él nos demanda únicamente que hagamos lo que nos confía, que cumplamos la tarea que nos corresponde en el tiempo que nos da él. Esto supone estar conectado con él por la oración. Si no os dejamos llevar por el fragor de la batalla sin detenernos a orar seguramente conseguiremos grandes éxitos, pero cuál es nuestra fecundidad? Leal igual que no sabemos, igual que si no sabemos, respetar el domingo que cada día Dios sea lo más importante de mi vida. Buscar que el Reino de Dios viva en mi corazón a través de la oración y la caridad a los demás. Jesús, ni el trabajo ni el estudio en las ocupaciones cotidianas debe ser un obstáculo para estar unidos a ti, solo dejando que gobiernes y ordenes mi vida para podrá venir a mí tu reino, reconociéndote hoy como mi rey y señor, todo mi día se convertirá en un medio para lavarte, para calificarte y amarte por medio de mi amor y el servicio a los demás. Te dirá venza tu señor, esté en tu corazón para que sepas amar con todo él, que estén tus labios para que hables con fuerza y fe de la resurrección, que estén tus brazos para que lo trabaje sin descanso por amor a él y puede tender su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que, señor Te mostrará que esté en tu vida la limpia, para que no tenga tus ojos. Vean a Jesús en los demás que ecen tu alegría, para que no olvidas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén