Oración del corazón miércoles de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario. Tú que lo crearás, todo espíritu santo, Tú que me aclaras, todo que iluminas todos los caminos para que yo alcancé el et mi ideal. Tú que merás el don divino de perdonar, olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo. Quiero, en este corto diálogo, agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua. Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Gracias, Dios mío. Hoy celebramos a San Andrés quin tegn y compañeros mártires de Corea. El Evangelio es de San Lucas capítulo siete versículos treinta y uno al treinta y cinco. En aquel tiempo dijo el señor a quién se parecen los hombres de esta generación, a quién los compararemos. Se parece a unos niños sentados en la plaza que gritan a otros tocamos la flauta y no bailáis cantamos ornamentaciones si no lloráis vino Juan ni Bautista que ni comía ni bebía y dijisteis que tenía un demonio. Bien el hijo del hombre que come bebe y decís mirad qué comidor y qué borracho, amigo de públicanos y pecadores. Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón. Cómo es esta generación Cristo se queja de qué no se enteran, no creen nada y todo lo juzgan todo como si se creyeran poseedores de la verdad y jueces de los demás. Y es que cuando sometemos a juzgar al prójimo, además de que no es nuestra tarea, habitualmente faltamos a la caridad y la mayoría de las veces nos equivocamos. Por qué tenemos ese prejuicio de juzgar a los demás como si nosotros nos cree no nos creyéramos subidos a un pedestal con derecho, con derecho a mirar por encima del hombro a los demás. Por qué no tenemos un corazón grande para entender, aceptar el modo de ser y los errores de los demás. Metemos sobre esto en la última cena el señor normanda al mantaturn nobun que os améis como yo os he amado en esto conocerán que sois mis discípulos. Será la característica a la contraseña de los cristianos. Luego, pocos años después, mirad como se quieren la caridad es algo muy claro, algo en lo que sintonizan todos los hombres de todos los tiempos. El amor es un lenguaje que se entiende en todos los corazones. Los poemas de amor los entienden todos, aunque sean muy antiguos. Creo, señor Da un criterio para que no se terge verse sentido al Mandatom Nobol que tus amigos unos a los otros como yo os amado, es decir, el señor Os confió un mensaje solos. Nos cogimos a je sólo a las palabras, sino que no lo pone en referencia a la vida a como él nos avisó. Eso es ya mucho más difícil de tergiversar. El señor nos Limpia nos da un ejemplo de amor. Perdón te entrega de servicio a los demás, de atención a cada uno. Limpiar los pies de princípulos en una actitud deliberadamente magisterial. Veis lo que yo he hecho con lo que he yo he hecho, se preocupa del cansancio y les procura el descanso. Se conmueve ante la muchedumbre desorientada, pero también a estos mismos sambrientos llora puso amigo y se estremece ante la vida de Nain Es amor como lo entienden cualquiera que no tiene el corazón retorcido por interpretaciones a partir de ese amor claro y evidente es como el señor no llena de un contenido sobrenatural, pues el cariño era cárida sobre natural. No es un sustitutivo del cariño humano del que os queráis, sino que es una á reve elevación de ese mismo cariño. Cuando señor habla de lo más elevado, lo hace teniendo muy en cuenta lo más humano, no temáis mi pequeño rebaño. Nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Por esto, la fraternidad cristiana verdadera a de tener un hombre sentido, contenido humano. Pero hay que evitar también el peligro de pensar que, como tenemos que querernos sin más, cómo tenés que creernos sin más, sin obras. Los cristianos los queremos con obras en el fondo, es en el fondo de la calidad del amor a las personas y de mirarlas con fe En efecto, querer a los demás en quereros como Dios. Eso es lo que enseña a Jesucristo, y eso significa que el bien querer bien le volere bene, así como un médico quiere con el mismo amor cuando se enternece y y con quien sufre. Y a la vez nos rehuso provocar aquel dolor a la madre al que el dolor porque cura o la madre que sabe lo que conviene y quiere de verdad no manda a la cama a un hijo para que debe estudiar, sino que procura hacerle amable, hecho dolor o se esfuerzo que conlleva el deber, llevándole quizás un café con pastas. Y así también el señor Corregía con fuerza y con decisión experimentar la ayuda del cariño supone también dejarse querer pedir ayuda con confianza. No nos debe importar que se muestre nuestra necesidad de consuelo. Podríamos enumerar las siguientes muestras de cariño y ferterrea. Son algunas, no son todas, pero se me ocurren estas saber, perdonar las pequeñas miserias, un corazón que sabe querer un guarda agravios nutrialista, de agravios que estrechan el corazón y lo secan encerrándolo en sí mismo. Siempre que sintamos un agravio o un desaire de alguien, saber disculpar pensando que simplemente sea algo imaginario, fruto solo sensibilidad orgullosa y que, desde luego, aunque haya sido una debilidad de otra persona, no tiene ninguna importancia, salvo que la calidad del orgullo herido. Pero no podemos ser susceptibles. También hay otros aspectos, saber comprender las deficiencias, despistes, etc. Sin hacer interiormente juicios juduros sobre las personas, sin que salga nunca de nuestra boca un comentario agro o negativo. Más bien ayudar cuando alguien no llega o meterápata. Todos tenemos tendemos a ser muy comprensivos con nosotros mismos y muy duros con los demás con quien se quiere que aunque no se quiere muy de veras Y además, nos parece que somos compresivos con los demás y que son los demás los que no son compresivos con nosotros. Cuando ese pensamiento se nos insúe, hay que reaccionar enseguida y darnos más para que el señor nos dé una humilda llena de alegría, también evitar lo que puede resultar hiriente molesto. Todos nos sentimos con derecho a que nuestros bromas se interprete bien. A veces nos dolemos si algo que hemos dicho o ruth o hecho resulta molesto o herido a otra persona y va achacamos quizá a la susceptividad ajena. Tenemos que ser delicados. No sólo no solo quedan, sino también las virtudes y menores hermanas de la caridad, la afabilidad, la gratitud, la delicadeza. Si por debilidad o por un arranque de soberbia o de amor propio hemos tirado a herir, pedir perdón enseguida sin abrumar, pero saber perdir perdón. Además, también alegrarse con las virtudes y talentos ajenos. Cada uno tiene sus cualidades y no se sabe por qué esas nos parecen a nosotros las más importantes y valiosas, mientras que las virtudes ajenas pueden parecernos menores, incluso podrían parecer los defectos. No hay virtud que no pueda trazarse de defecto y lo mismo los modo de ser. Por ejemplo, tenaz como terco intelictual, como extracto práctico, como superficial ordenado, como puntilloso con templadas cualidades, exigen vencer el amor propio, que busca la propia excelencia y reacciona instintivamente contra las cualidades ajenas, abirtuodrás como una amenaza para el brillo del propio. Yo dejarse ayudar. A veces pensamos que la frateridad está sobre todo en ayudar a nosotros, en comprenderles cuando caen en cosolarles cuando lloran. Vivir La fraternidad es aceptar una ayuda no sólo para el trabajo, sino personal, aceptar un consuelo en un enfado, aunque se vea a la lengua que éste viene a sacarme del pozo sin hacernos el centro, saber, tomar la mano que se nos siente, saber pedir consuelo, saber llorar. Por supuesto que hay quien vive estas cosas para hacerse el centro de atención. Pero a veces puede ser muy buena manifestación de que acudimos al señor de que nos dejamos consolar por los almas de Santa María. Te bendición, que Dios Padre, te acompañe, que esté en tu corazón, que te cuide, te haga fuerte y alegre y fiel, que el Dios hijo te haga sentir su ternura y misericordia, Y te quite del corazón. Cualquier inquietud que puedo hacerte sufrir que Dios, Espíritu Santo Te deluce esa inteligencia fuerza en el corazón ánimo renovado y decisión de amar con todo el corazón que María Santísima te haga sentir su calor de madre y su abrazo amoroso y tierno, y San José te cuide con su corazón de padre en el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo Amén