Oración del corazón. Lunes de la primera semana de aliento, ven espíritu santo. Ilumíname para que sepa decir las mejores palabras esas que pueden hacer bien a los demás. Tómame espíritu santo para que, a través de mis gestos, exprese el amor de Jesús y los demás puedan creer en la amistad que les ofreces. Dame flexibilidad y apertura para que me adapte con sencillez a las necesidades de los otros. Dame un oído atento para escuchar lo que tú me digas a través de ellos. Hoy celebramos a San Juan Damasceno. El Evangelio es de San Mateo capítulo ocho, versículos cinco al once. En aquel tiempo, al entrar Jesús en cafarraún un centurión, se le acercó rogándole. Señor tengo en casa un criado que está en cama parético y sufre mucho y le contestó. Voy yo a curarlo, pero el centurión le replicó. Señor no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano, porque yo también vivo bajo la disciplina y tengo soldados a mis órdenes y le digo a uno b y va ya otra vez ni viene a mi criado haces tú y lo hace al huirlo. Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían en verdad. Os digo en Israel no he encontrado a nadie con tanta fe. Os Digo que vendrán muchos de Oriente y Occidentes entrarán con Abran, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos. La Navidad no es sólo un acontecimiento temporal o un recuerdo de una cosa bonita. La Navidad es algo más. Vamos por este camino para encontrarnos con el señor. La Navidad es un encuentro y caminamos para encontrarlo, encontrarlo en el corazón con la vida, encontrarlo vivo como él, es encontrarlo en la fe. El señor, en el evangelio que hemos escuchado, se maravilló de este centurión e impresionó la fe que él tenía. El centurión. Había recorrido un camino para encontrarse con el señor, pero lo había hecho con fe. Por eso no sólo él lo ha encontrado, el señor, sino que ha sentido la alegría de ser encontrado por el señor. Este es precisamente el encuentro que nosotros queremos, el encuentro de la fe. Jesús fue enviado a las ovejas perdidas de la Casa de Israel. Ni la mujer cananea ni el soldado romano eran parte del pueblo judío. Sin embargo, la voluntad de Jesús sucumbió tanto en uno como en otro caso ante la existencia de la fe de esos paganos. Qué extraño y maravilloso poder tiene la FE cuando es capaz de hacer cambiar hasta los planes de Dios y cuando, además, la fe procede de la confianza y la humildad que no podrá logar del omnipotente poder de Dios. Perdonaréis el ambiente y las sirenas, porque es imposible a veces quitar ese ruido. Sigo leyendo esta oración del corazón. Jesús aprovecha la circunstancia del encuentro con el centurión para advertir a los judíos su falta de fe. La carencia de ella en estos en contraste con la fe de aquellos que no pertenecían al pueblo de la Alianza, se hacía aún más evidente A nosotros cristianos nos puede suceder algo parecido cuando no valoramos la riqueza espiritual y los medios de salvación que conservamos en la Iglesia, cuando sentimos que la rutina amenaza a nuestra vida cristiana o cuando permitimos que las angustias y los problemas de la vida vayan corroyendo la paz de nuestra alma. Si la frecuencia de los sacramentos no es asidua, si no nos mueve a crecer, a pedir perdón y a levantarnos, si ya no tenemos tan claro en nuestra mente y corazón que hemos sido llamados personalmente por el señor a la plena felicidad, entonces es quizá el momento de escuchar de nuevo los planes de Cristo nos dirige. Es el momento de que en tu corazón, en tu oración del corazón, le digas el señor ven señor no tardes, es hora de renovar nuestra conciencia y nuestra respuesta a Cristo. Nada de lo que digamos o hagamos es indiferente. Ante él. La fe es capaz de mover rns ñas. Si fuera auténtico, será capaz de mover hasta el mismo dios a qué estamos esperando encontrar a Jesús. Es esa la gracia que queremos en el aliento. El aviento es un tiempo para caminar e ir al encuentro del Señor, es decir, un tiempo de no estar quietos. Queremos tenemos que preguntarnos, que debemos pedir para el encuentro de Jesús. Cuáles son las actitudes que debo tener para encontrar al Señor Cómo debo preparar mi corazón para encontrar a Jesús en oración, al inicio de la misa. La liturgia nos señala tres actitudes vigilancia, la oración, activos en la caridad y esultantes en alabanza, Es decir, debo rezar con vigilancia, debo estar rectivo la caridad, la caridad fraterna. Nos lo dar limosna. También tolerar a que me molesta a los niños cuando hacen ruido al marido o la mujer cuando no son como queremos, a mi jefe con el que no me entiendo, etcétera. Pero tolerar siempre la caridad, pero activa y también alegría de alabar a Dios, exultantes, la alegría. Así debemos vivir este camino de la voluntad, con la voluntad de encontrar al señor. El señor siempre nos precede el encuentro. Esta es la gran sorpresa, el encuentro con el señor. Él nos ha buscado primero. Él siempre actúa. Primero, Él hace su camino para encontrarnos. Es lo que te sucede lo que le sucedió al centuriano. Siempre el señor va más allá. Va primero, nosotros damos un paso y el diez siempre la abundancia, de su gracia, de su amor, de su ternura, que no se cansa, de buscarnos también a veces en cosas pequeñas. Nosotros pensamos que encontrar al Señor es una cosa magnífica, como ese hombre de Siria Naman, que era leproso, también le recibió una sorpresa grande del modo actual de Dios, porque nuestro Dios es un dios de las sorpresas. El Dios que nos está buscando, nos está esperando y sólo pide de nosotros el pequeño paso de la buena vida bruta. Debemos tener el deseo de encontrarlo. Luego él nos ayuda. El Señor nos acompañará durante toda nuestra vida. Muchas veces nos verá dejarnos de él, pero nos espera siempre. Como el Padre le dijo pródigo, la fe no es una teoría, una filosofía, una idea es un encuentro con una persona viva, un encuentro con Jesús. De otra forma, si no te has encontrado con su misericordia. Aunque recites el credo de memoria, no tienes fe. Los autores de la ley sabían de todo toda la dogmática de ese tiempo, todo la moral de ese tiempo, todo, pero no tenían fe porque sus corazones habían alejado de Dios alejarse a tener la voluntad y ir al encuentro. Esta es la gracia que nosotros pedimos hoy intentar intenta rezar así. Oh Dios, nuestro padre, suscita en nosotros la voluntad de ir al encuentro de tu Cristo con las buenas obras. Gracias, señor por ese tiempo privilegiado para prepararos a celebrar el acontecimiento que marca la historia y marca mi historia. Dios mismo se encarnó en, se encarnan tu hijo Jesús para curarnos, herir a original, esa desobediencia, esa soberbia que aparta del amor que estás viento, sea mi oportunidad para llevar a Cristo a los que tenga más cerca. Estoy la bendición que la bondad y la misericordia de Dios, padre, tienen el corazón, que la mirada de amor de Dios, hijo, perece en tu alma y te purifique de cualquier inquietud y falta que te pueda separar de Dios, que el amor de un espíritu santo Te concede la paz que necesitas, que la ternura de María, madre de Dios y madre nuestra te acaricia y proteja, y la fortaleza y sencides a José, nuestro padre y señor Te, conduzcan al cielo y la bendición de Dios, padre hijo y espíritu santo Te sienta sobre ti y permanezca siempre amén