Oración del corazón. Domingo de la trigésima semana del tiempo Ordinariogésima, primera semana del tiempo dinario, Gloria, adoración, bendición y amor a ti eterno divino, espíritu que has traído sobre esa tierra, al Salvador de nuestras almas, Gloria y honor a su adorabidísimo corazón que nos ama con amor infinito. Hoy celebramos a Santa Isabel y a San Zacarías, padres de Juan Bautista, el Evangelio de San Mateo, capítulo veintitrés versículos uno al doce. En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo en la cátedra de Moisés se han sentado unas escribas y fariseos. Hacete y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente. Alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto, les gustan los primeros puestos de los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas, que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros vosotros. En cambio, no les dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro y todos sois vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre en el cielo. No os dejéis llamarme consejeros, porque uno solo es vuestro Consejero. Cristo, el primero entre vosotros será vuestro servidor, el que se enalteces será humillado y el que se humilla será enaltecido. Jesús mío, al inicio de esta oración, quiero reconocerte antes que nada, como mi maestro padre guía, pues sólo tú, señor, sólo tú eres quien alhuma ni camino que me abrazan el peligro, quien me enseña a afrontar los imprevistos. Gracias por ser quién eres. Gracias por ser tú, lo único que necesito, señor, que pueda aceptar mis cualidades con humildad, reconociendo que eres tú el autor de todo don y que acepte mis faltas, fortalecido en tu infinita paciencia y misericordia, que me ayudan a soportarlas y afrentarlas con paz, afrontarlas con paz y confianza. De este modo podemos acoger al concé las advertencias que Jesús dirige a nuestra conciencia para asumir un comportamiento acorde con ellas. El pasaje de hoy a molesta a los escribas y fariseos que en la Comunidad desempeñaban el papel de maestros, porque su conducta estaba cierto abiertamente en contraste con la enseñanza que proponían a los demás con rigor. Jesús subraya que ellos dicen, pero no hacen más aún dían fardos pesados y se los cargan a la gente con los hombres, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Es necesario acoger la buena doctrina, pero se corre el riesgo de desmentirla con una conducta incoherente. Por esto, Jesús dice haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen. La actitud de Jesús es exactamente la apuesta. Él es el primero en practicar el mandamiento del amor que enseña a todos y puede decir que es un peso ligero y suave, precisamente porque nos ayuda a llevar conjuntamente con él la coherencia de vida. Es mi primer apostolado. Antes que ir a la India con él misionero o África o ejemplo, para cargar la cruz junto a los hierros perseguidos, es mejor ver a mi alrededor y analizar si ya vivo un testimonio auténtico de la fe que profesa con mi familia, qué profeso con mi familia, amigos, compañeros de trabajo, comunidad parroquial, etcétera. Al final, este testimonio se resume en la vivencia del mandamiento nuevo en jesús, amando aquel o aquella que se cruza en mi lado, estando alerta a sus necesidades, haciendo oración por los demás, hablando bien de otros y nunca criticando si las palabras no construyen viviendo por sencillez y sin vanidad las obras de misericordia, de manera que al finalizar el día, al recostarme en la noche, haga un breve examen del día o de la semana y en paz pueda permedicar a Dios para qu él pueda mirarme como hijo suyo y no semejante a los fariseos hipócritas que tanto amó también, pero que su egoísmo les impidió abrir su corazón para vivir de cara a la raridad, a la verdad de las cosas. Aceptemos lo bueno y lo notan bueno, pero sobre todo confiemos en que con él todo lo podemos, porque nada hay imposible para él. Después de todo, él no nos llamaría a la santidad si supiera que no podemos alcanzarla. Con él no hay pero que valga dedica cinco minutos antes de dormir para hacer un examen de día. Primero vente dando gracias a Dios por todo por todo y renovando tu compromiso cristiano de amar más y siempre jesús. Tú Me conoces bien sabes que quién soy, Sabéis cuántas veces no he dado un buen testimonio. Te pido que nunca te te dé de mí que me hagas consciente de que soy tuyo, de que nunca me dejas solo de que me amas a pesar de mis pecados y que juntos podemos todo. Señor Dame, la gracia de ser un cristiano como tú me quieres. En todo momento de mi vida decía San Francisco a sus hermanos predicad siempre el Evangelio y, si fuera preciso, también con las palabras. No hay testimonio, sino una vida coherente. Hoy no se necesita tanto maestros, sino testigos valientes, convencidos y convincentes, testigos que no se avergüencen del nombre de Cristo y de su cruz, ni ante leones rurgientes ni ante las potencias de este mundo. Te doy la bendición que Dios, padre, te acompañe, esté en tu corazón te cuide, te haga fuerte, alegre y fiel, que Dios, hijo, te haga sentir su ternura y misericordia y te quite del corazón cualquiera inquietú que pueda Hacerte sufrir que Dios, espíritu santo, te debuces inteligencia, fuerza en el corazón ánimo renovado y decisión de amar con todo el corazón, que María Santísima te haga sentir su calor de madre y su brazo amoroso y tierno Y es a José te cuide con su corazón de padre en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén