Oración del corazón. Jueves tela vigésimo tercera semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo Tú, que derramas luz para comprender las cosas. Enséñame a reconocer los mensajes de mi vida. A veces, cuando miro hacia atrás, veo en los momentos negros y tristes de mi propia historia y brotan recuerdos que me hacen sufrir. Ayúdame a mirar mi historia con otros ojos para que pueda reconocer tu presencia en estos momentos y así descubra y así descubra lo que has querido enseñarme a través de sus acontecimientos. Hoy celebramos la fiesta de la Saltación de la Santa Cruz. El Evangelio es de San Juan, capítulo tres versículos trece al diecisiete. En aquel tiempo dijo Jesús a nicodemo. Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el hijo del hombre. Lo mismo que me muydo se elevara serpientere el desierto. Así tiene que ser elevado el hijo del hombre para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tenga vida eterna, porque Dios no mandó a su hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Celebramos hoy la fiesta de la Saltación de la Santa Cruz y comenzamos este rato de oración del corazón recordando un hecho histórico. Es bueno repasar las páginas de la historia de la Iglesia porque porque es una historia cargada de santidad y de miserias, páginas en las que se ve la acción del espíritu Santo santifican a las almas. Y no es que también queda de manifiesto para nuestra humildad los errores de los hombres que son los que aportamos las miserias a esta historia dos veces. Ya milenaria comenzaba el siglo VII de nuestra Ira y en el Imperio Bizantino había bastante agitación interna. Esta circunstancia fue brochada por ricos roes de los persas, que con sus tropas invadió parte del Imperio, como era Siria y Asia Menor, y ciudades de gran tradición cristiana cayeron en su poder, Damasco, Jerusalén, Alejandría, etc. La ciudad Santa fue conquistada por los persas en el año seiscientos catorce y después de la conquista fue saqueada y arrasada y para colmo de males, la reliquia de la Santa Cruz, que se veneraba en una Iglesia de Jerusalén, después que fuera encontrada milagrosamente por Santa Anna, fue tomada como buenín botín de guerra y conducida a la ciudad de Secifonte. En la iglesia existía, antes de la reforma litúrgica del Cocino Vaticano II, una fiesta que era la invención de la Santa Cruz, se acerbraba el tres de mayo para conmemorar el hecho milagroso que protagonizó la madre de n Grador Constantino, Santa Helena. Esta fiesta ya no existe en la Alturgia, pero seguir asistiendo siempre en sus corazones. El mundo cristiano se estremeció ante la profanación realizada por los persas. El emperador cristiano Heraclio, cofortado por el patriarca escos con Stantinopla, se aprestó a recuperar los santos lugares y la Santa Madera. Después de invocar al señor y a su Madre Santísima emprendió la guerra contra los persas y derrotó una y otra vez al enemigo. Al alcanzar la victoria definitiva corría el año seiscientos veintisiete. La religa sagrada a la pasión del señor fue recuperada y, para conmemorar a este acontecimiento, la fiesta de la Saltación de la Santa Cruz, que ya se celebraba en muchos lugares, se cendió a todo el orre terrano al bordee cristiano. Cuenta una vieja tradición recogida por la Iglesia en el Oficio divino de la fiesta de hoy, que cuando el Emperador, vestido con todas las insignias de la raleza, quiso llevar personalmente la Cruz de Cristo hasta su crin lugar, el Monte Calvario, el peso del Santo Madero fue haciéndose más y más insoportable zacarías o ispo de Jerusalén le hizo ver que para llevar a cuesta a cuestas, la Cruz debería despojarse de la pompa de su raleza e imitar la pobreza y la humildad de Cristo que se había abrazado la Cruz en la desnudez más absoluta. Heraclio se vistió entonces humildes, ropas de penitenta y descalzo pudo llevar la Santa Cruz hasta el lugar donde había sido arrancada por los infieles en nuestra vida y cruz y de flores Cristo Cruz porque somos discípulos de Cristo y lo somos para seguir a Cristo. Y este camino no es posible sin cruz y las flores son los frutos de santidad y de apostolado que, por la misericordia divina, van apareciendo en la vida de la Iglesia y en nuestras vidas. Tantas veces hemos besado piadosamente sacuz de palo que hoy en esta fiesta aparece que lo va a la reculatoriosa al pasar junto a ella los a devoción sea materializado en Flores. San José María predicó siempre que no es posible seguir a Cristo, alcanzar la santidad, vivir los evocación de cristianos sin la Cruz. No hay santidad, decía, sin cruz para estar unidos a Cristo en medio de la ocupación del mundo, emula abrazar la Cruz con generosidad y con garbo. Hay que amar la Cruz. Cuentan que San Andrés Apóstol, cuando se encontró con la Cruz en la que iba a ser martirizado, rezó esta oración o cruz buena que fuese embellecida por los miembros de Cristo del Señor tanto tiempo deseada, amada con solicitud, buscada, sin descanso y ardientemente preparada, con el deseo recíbeme entre los hombres y llévame junto a mi maestro para que a través de ti me reciba quien por ti me ha redimido la Cruz de Cristo en el corazón y la cude Cristo, si queremos de verdad vivir con todas sus consecuencias, nuestra vocación divina sobre los hombros, llevada a peso siendo cireneo del señor con generosidad, con garbo, con alegría, y comprobaremos entonces, señor que tu cargue ligera y suaver tu yugo. No hay señal más cierta que habré encontrado a Cristo que sentirse cargado con su bendita cruz. El encuentro con la Cruz es siempre un encuentro con Cristo. Contemplando la cruz vendrán a nosotros deseos de desagraviar a Dios por nuestros pecados, porque el peso de la Cruz es el peso de todos los pecados de los hombres de todas las épocas Jesús padece por causa del pecado, del pecado original, de nuestros primeros padres, de los personales, de todos los hombres de los que nos han precedido y de los que nos seguirán. Por tus pecados y por los míos. Tomó dice isaías sobre sí nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores. Fue llegado por osas y cuidado quebrantado por los pecados. El castigo de nuestras culpas sobre él recayó con los ojos de la fe. Vemos que la Cruz es trono poder de Dios, mensaje de salvación, llave de la gloria, signo de bendición, pero también debemos fijarnos en la otra cara de la Cruz, en esa cara que se ve con la sola visión humana, pero tan real como la primera, y la cruz aparece entonces como instrumento de castigo, patíbulo, algo infamante suplicio para los esclavos era el suplicio más doloroso, la forma de muerte más horrenda que se podía dar. Los terribles sufrimientos de Cristo crucificado. Nos hablan de la gravedad, del pecado y del amor de Dios, que se manifiesta de manera patente la cruz y que exige de nosotros correspondencia. Era señal de maldición. Maldito. El que es colgado en el madero, se lee en los ah se lee en la escritura y se ha convertido en signo de bendición en la liturge de la iglesia. Dios ha bendecido todos los santos con la cruz. No se des ahorró persecuciones calumnias. Los hombres nos hemos escandalizado de la cruz o simplemente no. La hemos entendido y la hemos rechazado, pero también le hemos puesto en las iglesias, en los cruces, de los caminos, en la cima de los montes, porque entendemos que no es sólo un patíbulo, sino un trono triunfador, una cruz de Palo Santa para que la santificó, el cuerpo de Cristo entregado y su sangre derramada precio de nuestra salvación, la cruz, no podremos quitarla de nuestra vida, porque es una llamada constante de Dios. Nuestro señor antes de acabar nuestra oración, acude a la Virgen, porque María, como dijo San José, María, a quienes se acercan a ella y contemplan la vida, les hace el favor, el inmenso favor de llevarnos a la cruz, de ponerlos frente a frente, al ejemplo del hijo de Dios. Todo la bendición y el señor esté en tu corazón. Qué para que sepas amar con todo él que es en tus labios, para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que estén tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y pues de su reino, que estén tus pies para que camines por los senderos de la paz que el señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia, para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que estén tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén