Oración del corazón. Domingo de la cuarta semana del tiempo ordinario, ven espíritu Santo Tú, que eres como un viento divino. Dame la gracia de superar toda timidez y toda cobardía ante la vida y en la meda. Rojo de tu impulso, de tu valentía, de tu santo empuje Ayúdame a vivir con ganas las horas de este día con una esperanza siempre renovada, abierto al misterio de cada jornada. Celebramos hoy a Santo Tomás de Aquino, el Evangelio de San Marcos, Capítulo uno, versículos, veintiuno al veintiocho. En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraban en Cafarraún y cuando el sábado siguiente fue a la sinagogan a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina porque enseñaba como los escribas, porque no enseñaba cómo no los escribas, sino con autoridad. Estaba precisamente en las en las on oras, un hombre que tenía un espíritu inmundo y supuso a gritar qué quieres de nosotros. Jesús nazareno has venido a acabar con nosotros. Sé quién eres el Santo de Dios. Jesús le increpó cállate y sal de él. El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos preguntaron estupefactos, qué es esto. Este enseña con autoridad, este enseñar con autoridad es nuevo hasta a los espíritus inmundos les manda y lo obedecen y su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea. Señor Te, pido que ilumines mi mente y mi corazón para que este momento de oración me haga crecer en el amor. Dame la gracia de conocer y vivir tu doctrina del amor para entregarme a los demás con total desinterés y de donación. El pasaje evangélico presenta a Jesús que, con su pequeña comunidad de s discípulos, entra Cafarnun, la ciudad en la que vivía Pedro y que en aquellos tiempos era la más grande de Galilea. El evangelista Marcos relata que Jesús, siendo aquel día un sábado, fue inmediatamente a la sinagoga y se puso a enseñar. Esto hace pensar en la primacía de la palabra de Dios, palabra que hay que escuchar, palabra que hay que auger, palabra que hay que anunciar. Al llegar a Cafarrón, Jesús se posterga, no posterga perdón. El anuncio del Evangelio no piensa primero en la disposición logística ciertamente necesaria de su pequeña comunidad no se detiene en la organización. Su preocupación principal es lo de comunicar la palabra de Dios con la fuerza del Espíritu Santo y la gente en la sinagoga prevanece asombrada porque Jesús les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribió. Desde que Cristo nace se ha cumplido el tiempo Dios interviene en la historia del hombre, fundando su reino en el corazón de cada discípulo y desde entonces hasta hoy, el mensaje no ha sido otro, sino la preparación para la llegada definitiva del Reino de Dios. Para ello se ha querido valer de tantas almas consagradas a su servicio, los sacerdotes, los diáconos, obispos cardenales, papas religiosos, religiosas dedicadas a la vida contemplativa al apostolado o a la educación de las misiones en tierra lejanas, de las frameriras cristianas, de los gristianos de a pie que han dado y dan un maravilloso ejemplo de vida que mira Cristo, etc. Todos ellos han sido la prolongación de las obras de nuestro señor, pero la ahora aún no ha llegado ni parece venir pronto. Es obvio que no conocemos el día ni la hora del final de los tiempos y por eso mismo es necesario vivir preparados. Debemos entender que cuando Cristo proclama el Reino como un tiempo cumplido, se trata igualmente del tiempo concedido a cada uno de nosotros, el tiempo de nuestra vida, en la que debemos obrar siempre el bien, pero no un bien ideal, el bien que tiene el rostro de cuanto nos rodean hermanos, amigos, hijos, esposo, mujer, empleados y compañeros de trabajo, pobres y enfermos darse a sí mismo para procurar el bien de los demás. De esto se nos pedirá cuenta al final de nuestra vida. Del señor se ha escrito muchísimo más que de cualquier otro tema. Su vida y sus milagros han sido admirados o negados, creídos o refutados durante los veinte siglos que lo que le han seguido y su persona se plantea como el máximo representante de cuantos han sabido remar contra corriente. Risto sigue interpelando al hombre de todos los tiempos para que se coloque con él o contra él. Desafortunadamente, no hay más posiciones y siempre tendremos que decidir Cristo o nuestro egoísmo, Cristo o nuestra sensualidad? Cristo o la pereza, etcétera. Jesús mismo hablaba de que no se puede servir a dos señores. Es imposible encender una vez a Dios y otra al Diablo. Vemos que no es fácil mantenerse fiel a las enseñanzas del Maestro y que, por más buenas intenciones que tenemos de hacer el bien y ayudar a los demás. No siempre conquistamos nuestras metas. Sin embargo, no tenemos que acabardarnos. Hay que confiar y pedir a Cristo la fuerza para dar la cara por él y por su reino, del mismo modo que él dio la vida por nosotros. Dar la cara es no dejarse confundir por los motivos, por los malos ejemplos, ni dejar que otros se dejen arrastrar. Dar la cara es estudiar la propia fe para dar respuestas convincentes a cuantos atacan al Papa, al magisterio y la moral cristiana sabiendo que solo en Cristo se encuentran la verdad. Ante el dolor y situaciones difíciles, he de saber identificarme con Cristo a vivirlas con serenidad y con confianza. Seguramente tendré que hacer el propósito de dar más la cara, defender más, defender más de mí y mi fe, no acobardarme y con natualidad, hablar de lo que vivo, de lo que creo, de lo que amo. Gracias, señor por enseñarme que lo fundamental en mi vida es la caridad. Ayúdame a amar a mi prójimo como el mismo amor con que te amo a ti. Dame la gracia de descubrirte y servirte a los demás, porque eso es la verdadera fe cristiana, el milagro de la curación del hombre poseído por un espíritu inmundo. Me recuerda que quienes quieren que qué quieres hacer conmigo, el mayor de los milagros. Señor mi santidad, toy la bendición que la bonda y la misericordia de Dios, Padre Te tiene el corazón, que la mirada del amor de Dios, hijo penece en tu alma y te purifique de cualquier inquietud. Yo alta que te pueda separar de Dios, que el amor de Dios, Espíritu Santo Te concedará paz, que necesitas, que la ternura de María, madre de Dios y madre nuestra te acaricia y proteja, y que la fortaleza y sencilla de San José no su padre y señor Te, conduzcan al cielo y la bención de Dios, Padre hijo y Espíritu Santo Te, descienda sobre ti y te acompaña ni siempre amén