Oración del corazón. Viernes de la primera semana del viento ven Oh, San, tu espíritu ilumina mi entendimiento para conocer tus mandatos. Fortalece mi corazón contra la asesilidad del enemigo infama y voluntad. He oído tu voz y no quiero endurecerme resistir diciendo después mañana en un chepi. Ahora no vaya a ser que mañana me falte. Oh, espíritu de verdad y de sabiduría, espíritu de entendimiento y de Consejo, espíritu de gozo y de paz. Quiero lo que quieras. Quiero porque quieres. Quiero como quieras, quilen o cuando quieras. O en la Iglesia celebra con gran alegría la solemnidad de la inmaculada Concención de María. El Evangelio es de San Lucas, capitulo versículos veintiséis en adelante. En aquel tiempo, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de la Lidia llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José de la estirpe de David. La virgen se llamaba María el ángel. Entrando su presencia, dijo alégrate Llena de gracia, el señor está contigo. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél el Ángel le dijo no temas varía, porque has encontrado. Gracias ante Dios, concebirás en tu vientre, darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y se llamará Hijo del Altísimo. El señor Dios le dará el trono de David. Su padre reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin y María dijo el Ángel cómo será esto pues no conozco varón. El ángel le contestó, el espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo que va al nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente, Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya está de seis meses la que llamaban éste, porque para Dios nada hay imposible. María contestó aquí está la esclava del señor Abas en mí según tu palabra, y el ángel la dejó. Es la gracia de Dios. María es así por la gracia, porque es llena de gracia desde su primer instante y porque con libertad respondió siempre bien a Dios. La llamamos inmaculada, porque no ha conocido pecado por especial privilegio. Es preservada del pecado original y durante su vida siempre responde a Dios mastif manifestándole amor en cada circunstancia. Conocemos algunos momentos de la vida de la Virgen. Son acontecimientos que nos admiran y un ejemplo para todos los que queremos corresponder a la bondad de Dios. Queremos acoger a su maternal protección, a las discretas insinuaciones que sugiere en nuestra alma y a la valentía que ons en su conducta. Deseamos escucharla atentamente en nuestro interior y que nos fortalezca para llevar a cabo sus consejos. Es nuestra madre y busca para sus hijos lo mejor hasta nos convence, como hacen las madres con sus pequeños, para que acabemos entusiasmados con lo que ella ama. Basta solo con que nos dejemos querer y qué haremos para recibir eficazmente. El cariño de nuestra madre bastará con que nos pongamos a su alcance, con que perseveremos junto a ella un tiempo expresamente dedicado a tratarla, a conocerla. Nos dirigiremos a la Virgen como niños a su madre. Son muchas las prácticas de piedra mariana que conseja a la Iglesia. No hay por qué asumirlas todas, aunque sí las que vayan mejor a nuestra situación. En este trato filial le pediremos Consejo para amar más a su hijo y con su ayuda concretaremos las manifestaciones que ella no surgiera para este amor. Con María como con Jesús viviremos vida sobrenatural, que no es terrena, aunque sea en este mundo. Es la vida misma de la gracia de Dios que hizo a nuestra madre por su correspondencia bendita. Entre todas las mujeres. Es la vida a lo que somos invitados por Dios, aquella a la que se refiere Jesús. Si no cobéis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Y María, como verdadera madre sueña, con vernos crecidos en esa vida, que es la única que nos corresponde como hijos de Dios. Y en este contexto, entendemos esa oración que San José María nos enseñó para la comunión espiritual que había aprendido de este pequeño. Yo quisiera, señor, recibiros con aquella pureza, humilde y devoción con que os recibió usted, santísima madre, con el espíritu y el jere de los santos. Es la oración que le enseñó un padre escolapio, que le daba clase de preparándole para su primera comodia, comulgar como lo hizo la Virgen es nuestro deseo, porque queremos acoger al señor Ah, señor que ya se acerca en ese tiempo de adviento con lo mejor de nuestro corazón, porque deseamos alcanzar madurez sobre natural para que pueda contar con nosotros y extenderé su reino de gracia en el mundo, apoyarse nosotros como se apoyó en María, para hacer eficaz de sus deseos salvadores. Queremos tú y yo olvidarnos de todo lo, de todo de nuestras cosas, como la Virgen, para que sea Dios que se salga con la suya en nosotros y por nosotros en los demás. La vida de la Gracia es vida de Dios y, por tanto, de amor. Te entrega confiada, pero es una vida llamada a ir tomando cuerpo en los hombres, porque aún muchos no han descubierto su fuerza, su belleza, su atractivo. Miramos a nuestro alrededor por sus obras. Los conoceréis y y condebramos muchas demasiadas vidas solo mundanas. Son personas que poco nada piensan en Dios a dudar por su conversación, por su conducta. Pensamos quizá que no es cosa nuestra. Esto y sería una pena sí, aparte de contribuir a un ambiente sin dios o en el que no es el señor motor y sentido de la vida, dar mal ejemplo, pero qué podemos, qué hacemos, además de lamentarlos, porque sí es cosa nuestra. La vida, de la gracia de suyo se desarrolla siempre el cristiano, si lo es, si procura serlo de verdad, apoyado en Dios, contagia pega fuo de amor y esa vida suya de Dios pasa de unos a otros como gévenes salvíficos, de amor, de generosidad, de alegría, Si es mucho lo que está por hacer. Más abundante es la gracia y lo potente de Dios, su autor, Dios lopios de batallas, qué importa nuestra pequeñez, nuestra debilidad, la experiencia confirmada de nuestros errores y pecados. Si Dios está con nosotros, quién contra nosotros? No dejamos de contemplar una y otra vez a nuestra madre inmaculada. Quizá como niños miedosos, por mucho que nos lo expliquen, seguimos teniendo miedo y nos preguntamos será realmente posible vivir para Dios en medio de los afanes de este mundo. No me quedaré solo en ese intento de santidad, que parece tan alejado de lo posible, de lo razonable. Lo dejemos de contemplar una y otra vez a nuestra madre inmaculada. Qué declara optimista ante Isabel ha hecho en mí cosas grandes, el todopoderoso cuyo nombre es santo. Su misericordia se derrama de generación en generación sobre aquellos que le temen. Manifestó el poder de su brazo, dispersó al reverde corazón, derribó a los poderosos de su trono y es azoros humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió vacíos. Lo queramos ser de esos ricos llenos de cosas de este mundo, o quizás sólo de ilusiones de tejas abajo, a los que el señor no puede enriquecer. Han empeñado ya su esperanza. En los tesoros de un mundo únicamente suyo tal vez se sientan seguros con su propio poder, olvidándose de todo lo humano decae si no ese Dios. Una gran señal apareció del cielo. Recuerda San José María, una mujer con colorador de estas dos estrellas sobre su cabeza, vestida de sol la luz, la luna a sus pies para que tú y yo y todos tengamos la certeza de que nada perfeccion tan tala tanto la personalidad como la correspondencia a la gracia procura imitará la virgen y serás hombre o mujer de una pieza. He aquí la riqueza de la gracia de Dios. Nos insons en cuerpo y alma has oído a los cielos. Nuestra madre repite que, como hijos, no queremos separarnos de ella. Te escuchará. Oh Dios, le repetimos hoy en esta misa, en este día de la inmoculada, que por la concepción inmaculada de la Virgen María, preparaste a tu hijo una digna morada y, en previsión de la muerte de tu hijo, la preservaste de tu pecado concederos por su intercesión, llegar a ti limpio de todos nuestras culpas, por Jesucristo, Su señor amén tu di la bendición Dios que, por su bondad quiso redimir al género humano mediante la maternidad de la Virgen María, derrame sobre vosotros una abundante bendición que experimentéis siempre y en todas partes la protección de la Virgen María para querdé por quien recibistes al autor de la vida y todos vosotros reunidos para celebrar con amor esta solemnidad. En su honor, recibáis los dones de la alegría espiritual y los premios eternos, y la bendición de Dios, todopoderoso padre, hijo y espíritu santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre amén