Oración del corazón lunes de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario. Ven Espíritu Santo. Hoy quiero pedirte que me ayudes a comunicarme con los demás. Enséñame a decir la palabra justa, a mirar a los demás como ellos necesitan ser mirados, a tener el gesto oportuno con tu agua divina riega todas las cosas buenas que has puesto en mi vida para que pueda hacer el bien. Enséñame a escuchar, para descubrir lo que los demás esperan de mí y para que encuentren en mí generosidad y acogida. Hoy celebramos a San Diego y Alcalá el Evangelio en San Lucas, capítulo diecisiete versículos uno a seis. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos es inevitable que sucedan los escándalos, pero hay del que los provoca al que escandaliza. A uno de esos pequeños más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo y si se arrepiente, perdónalo y le ofendes y de ves al día y él de veces vuelve a restrirte lo siento y lo perdonarás. Los apóstoles le pidieron al señor Auméntanos la fe y el seño les contestó si tuvierais fe como un granito de mostaza. Dijís esta morera arráncate de raíz y plántate en el mar y os obedecería. Me parece que todos nosotros podemos hacernos oración también con esta invocación, como los apóstoles hecimos al señor Aumentanos la fe. Sí, señor, nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil. Frágil, pero te lo ofrecemos tal como es para que tú la hagas crecer. Estamos rodeados de testimonios edificantes, de personas ejemplares, coherentes, generosas, pero tenemos la costumbre de fijarnos y hablar solo de los escándalos. Qué por ahí nos encontramos. Aquel joven la vecinan un político todos pasan por nuestro tribunal. Es curioso, pero nos pasa así. Qué difícil resulta fijarse en lo bueno de los demás, construir sobre las virtudes, edificar, construir sobre roca una realidad innegable que, como hombres que somos, tenemos debilidades y flaquezas. Si alguien no las tiene que levantar la mano. Pero, por lo demás, son evidentes a los ojos de los demás, sobre todo en algunas ocasiones, algunas veces, algunas veces hasta que puede provocar escándalos sin embargo, la inspiración divina bien colocó este pasaje, seguido inmediatamente de otro que piersa sobre el perdón. Nuestra tarea no es entonces juzgar, ni mucho menos buscar como detecto y tives los errores y fallos de nuestro prójimo. Será mejor si, por nuestra parte, nos esforzamos por dar el mejor testimonio y sigamos nuestra atención y la virtud de los demás. Cuando alguien nos escandalice con su dua adulta, no juzguemos y sepamos perdonarle el corazón sabiendo que en confía en el poder de Dios puede transportar un árbol al mar, pero puede puede mover montañas grandiosas. Nosotros procuremos ser ejemplares, no para que nos vean, sino porque sabemos que Dios nos ve somos sus hijos y queremos comportarnos como buenos hijos de Dios. En una ocasión me dijo una persona eres la primera persona religiosa que me habla sin juzgarme en mi casa. No me han hablado nunca de Dios, sólo de la Iglesia. Ojalá, mirase yo siempre sí me gusta esa pureza de corazón que no ve perversas intenciones, que hace falta un corazón que no ve, pero esas intenciones perdón que no intuye pecados ocultos y no pretende ver debajo del agua, juzgando todo lo que el mundo hace, ha salto un corazón muy puro para ver así a las personas. He visto muchas veces en los ojos puros de un niño cómo refleja, en primer lugar, toda la grandeza de la creación que el niño ha acogido en sí mismo. Le fijan todo lo divino que lleva en él en sí. Nosotros, al contemplarlos sentimos que entre el niño y Dios y sólo hay una tenue película, una delgada pared Deberíamos tener una mirada de niño para mirar así la vida, sentir que nosotros hay un sentimiento herido, que nos hace buscar la debilidad y la fragilidad en los demás, tal vez para sentirnos mejor que los demás. Quizá por eso no encontramos que sea fácil seguir lo que Jesús nos pide. Lo comentaba el Papa Francisco en el encuentro para las familia que tú vulgar y en Irlanda, en Irlanda reconozcamos humildemente. Decía que si somos honestos con nosotros mismos, también nosotros podemos encontrar duras las enseñanzas de Jesús. Qué difícil es perdonar siempre a quienes nos hieren, Qué desafiantes a o coger siempre la migrante y al extranjero que doloroso se portar la desilusión, el rechazo de la traición. Qué incómodos proteger los derechos de los más frágiles, de los que aún no han nacido o de los más ancianos, que parece que os taculizan nuestro sentido de libertad. Podemos seguir nuestra oración así. En primera persona, quiero quedarme junto a Ti Jesús para hacer lo que él me pide para semejarte, asemejarme a Ti el amor siempre asemeja y yo lo amo y no quiero dejarlo solo. No quiero dejarte solo. Señor reconozco que no tengo a veces con trigo una relación consumista, que tengo mejor dicho, una relación consumista, porque te digo siempre te pido y me das, pero me das solo lo que te pido. No me des más ni menos. Le pido sólo que necesito nunca más. Tal vez no quiero que me ensanche, que me ensanche es demasiado el horizonte porque me da miedo. No pretendo que me abras el alma a nuevos caminos o a nuevas personas, a nuevos desafíos, el riesgo de la vida que se entrega sin querer a asegurarse nada. Veo que es como si me bastara con satisfacer mis necesidades hoy para ser feliz, como si con recibir el pan de ahora fuera suficiente ese pan que necesito para caminar la propia jornada, la próxima jornada. Pero no más lejos. Junto con criterios humanos, me falta pureza de corazón. Juzgo criteres humanos, Me falta pureza de corazón. Hago distinciones. Trato mejor a los que pueden darme beneficios. Favorezco al poderoso cuido al que más tiene me aferro a mi posición de poder. Me siento protegido, Me da miedo caer en esa forma de distinguir a las personas. Quiero mirar a todos y igual con los ojos, con los mismos ojos, como hizo Jesús, como ha pretendido enseñarme a hacerlo, pero yo me acomodo en el poder, en mi espacio protegido y miro con más bondad al que más puede darme y descuido al que no, al que solo me exige sin darme nada. Esa actitud me da miedo. No es que yo lo desee, no es que no es la de Jesús. Quiero mirar de tal mal forma que todas se sientan acogidos y no sientan ni el juicio ni la condena, mirar de tal mora forma que el pecador pueda sentir que tiene un futuro por delante. He visto mis propias caídas y me he escandalizado tantas veces. Le pido a Jesús, que me recuerde cómo es su mirada para aprender a mirar yo de la misma forma, te doy la bendición que, señores, estén tu corazón para que sepas amar con todo él quet en tus labios, para que abres con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos, para que trabaje sin descanso por amor a él y porcen de su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz que el señor Te mostrará. Que esté en tu vida la limpia, para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén