Oración del corazón domingo de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario. Tú que lograrás todo espíritu santo, Tú que me aclaras todo que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estar conmigo. Quiero, en este corto diálogo, agradecerte por todo y confirmar que nunca quiero separarme de ti por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todas mis seres queridos en la gloria perpetua. Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Gracias, Dios mío. Hoy celebramos a nuestra Señora de la merced patrona de Barcelona y de la Orden de los Mercedarios. El Evangelio es de San mateo capítulo veinte versículos hubo al dieciséis. En aquel tiempo dijo Jesús a su discípulo está parábola el Reino de los Cielos. Se paró un propietario que al amanecer. Salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana vi otros que estaban en la plaza y sin trabajo y les dijo y también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido ellos fueron. Salió de nuevo hacia el mediodía y a media tarde hizo lo mismo y salió al caer la tarde y encontró a otros parados y les dijo cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar y la respondieron. Nadie nos ha contratado y él les dijo y también vosotros a mi viña? M ee id también vosotros a mi viña? Cuando oscureció el dueño de la viña, dijo el capataz llama a los jornaleros y apagarse el joronal. Empezando por los últimos y acabando por los primeros, vinieron los del atardecer y rescibieron un enario cada uno. Cuando llegaron los primeros pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo. Esos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y del coolchorro y el replicó uno de ellos. Amigo, no te hago ninguna injusticia. No nos ajustamos en un denario. Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último, igual que a TI, es que no tengo libertad para hacer lo que quiero con mis asuntos o vas tú a tener en vida, porque yo soy bueno así. Los últimos serán los primeros. Y los primeros serán los últimos. El Reino de los cielos es como un hombre dueño de una propiedad que salió al amanecer a encontratar obrelos a su niña. El trabajo del hombre forma parte del pladivino. Dios ha creado a los hombres para que trabajaran y quiere que el trabajo humano sea camino para llevar la a cumplimiento. La hora de la redacción y la creación y la redención. Cómo es que estéis aquí todo el día ociosos o é al ser llamado a la viña a trabajar. El hombre participa de la obra quedadra de Dios, porque el hombre trabajando de vitar a su creador. Por eso debe procurar realizar su trabajo con perfección y con amor. Pero, además, el trabajo ha sido asumido por Cristo. Como señor San José María, al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presentó como una realidad redimida y redentora. Redimido porque el trabajo de cada uno realizado acabadamente y por amor a Dios, contribuye a completar la hora, la obra de la credención redentora, porque el mismo je Jesús, el mismo señor también nos ha redimido con sus años de vida de trabajo en Nazarez. El trabajo es medio de santificación para el hombre. Llama a los obreros y dales el jornal, empezando por los últimos hasta llegar a los primeros, vinieron los de la hora undécima y percibieron un denario cada uno. Y cuando llegaron. Los primeros pensaron que cobrarían más, pero pero domini ello recibieron un denario cada uno. El trabajo llevado a cabo como realidad querida por Dios, nos acerca a él y se convierte en camino del cielo. El denario del que habla la párbola es la vida eterna que nos espera y que vamos viviendo en la tierra, en parte por medio de un trabajo santificado, santificante y santificador. Dios o formó Adán con el barro de la tierra y crió para él y para su descendencia este mundo tan hermoso para que lo trabajara y luego estudiaran. El Papa San Juan Pablo II, en su primera estancia en España, en noviembre de mil novecientos ochenta y dos, habló del trabajo como bendición primondial de Dios. Con las siguientes palabras, El trabajo corresponde al designo y a la voluntad de Dios. Las primeras páginas de gess m Génesis nos presentan la creación como obra de Dios, el trabajo de Dios. Por eso, Dios llama al hombre a trabajar para que se geme emerge a él. El trabajo no constituye, pues, un hecho accesorio, ni menos una man adición del cielo. Es, por doctor, por el contrario, una bendición primordial del creador, una actividad que permite al individuo realizarse y ofrecer un servicio a la sociedad. El concepto cristiano del trabajo ve en éste una llamada a colaborar con el poder y el amor de Dios para mantener la vida del hombre y hacerla más correspondiente a su designio. Así entendió el trabajo. Así entendido. El trabajo no es una necesidad biológica de su existencia, sino un deber moral. Es un acto de amor y se convierte en alegría, la alegría profunda, de darse por medio del trabajo a los demás, a la propia familia de los demás, la alegría íntima, de entregarse a Dios y de servir a los hermanos, aunque tal donación conlleva sacrificio. La consecuencia lógica es que todos tenemos el deber de hacer bien nuestro trabajo. Si queremos realizarnos debidamente. No podemos rehuir nuestro deber ni conformarnos con trabajar mediocramente, sino es sin interés. Sólo por cumplir hemos de hacer el trabajo, invitando al señor que pueda afirmar la obra del mismo Dios. El señor Ama al trabajo. Habla para trabajadores y sus ejemplos son de trabajo agricultura, pesca, comercio, etcétera. Busca a sus discípulos en medio del trabajo, la visión cristiana. Por lo tanto, es de amor al trabajo, no de repudiarlo, pues con lo con él estamos limitando a Dios, ya continuando la obra de Dios en este mundo y para el que tenemos que tratar al señor, para que el trabajo sea ligno de un cristiano y no impida la vida cristiana, la vida de relación con Dios, debe estar tener unos requisitos para trabajar de car a Dios que ceramente, primero hay que poner ilusión, que es distinto de tener ganas, y hacerlo con sentido, el deber, con profesionalidad, con competencia, es decir, lo primero humanamente bien hecho. Hemos de ofrecer a Dios el sacrificio de de Abel el trabajo bien hecho. Selene génesis y aconteció al cabo de mucho tiempo que can n i n s NS al señor Ofrendas de los frutos de la tierra. Ofreció a sí mismo Abel, los primerizos de sus ganados y de lo mejor de ellos. El señor miró con agrado a Abel y a sus ofrendas, pero a caídidas suyas no hizo caso. Además, semos hacerlo con visión sobrenatural, de car a Dios y no por motivos humanos exclusivamente. Pon un motivo su natural y habrás santificado tu trabajo. Dice San José María una gran tía de que lo hacemos con visión sobrenatural. Es que no atropella otras cosas como es la familia y el trato de Dios. Busquemos el bien común y esmerémonos en ayudar a los demás con nuestro trabajo, cumpliendo además todos los requisitos de la justicia y de la caridad cristiana. Conviene hacerlo también en y en presencia de Dios. Pon en tu mesa de trabajo, en la habitación, en tu cartera, una imagen de nuestra señora y dirigir la mirada a cometer tu tarea. Mientras la realizas y el terminarla ella te alcanzará te lo aseguro la fuerza para hacer de tu ocupación un diálogo amoroso con Dios. Señor, concédenos la gracia, Señor concédenos la gracia. Abrenos la puerta del Talle de Nazaret, con el que aprendamos a contemplarte a ti con tu Madre, Santa María y con el Santo Patriarca Jan José, a quien tanto quiero y venero decía, San José María, Dedicados los tres a una vida de trabajo, Santo, se removerán vuestros pobres corazones. Te buscaremos y te encontraremos en la vida cotidiana que tú deseas de que convirtamos en obra de Dios, obran de amor. Te di la bendición que Dios, Padre, te acompañes en tu corazón. Te cuide te haga fuerte, alegre y fiel, que Dios, hijo, te haga sentir su ternura y misericordia y te quite del corazón cualquier inquietud que pueda hacerte sufrir, que Dios, Espíritu Santo, te deducen la inteligencia esfuerza en el corazón ánimo renovado y decisión de amar con todo el corazón, que María Santísima te haga sentís su calor de madre y su abrazo amoroso y tierno, y San José que cuide con su corazón de padre en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén