Oración del corazón. Jueves de la trigésima tercera semana del tiempo ordinario, ven espíritu Santo a regalarme tu vida siempre nueva. Lléname de asombro de un niño para admirar el mundo y la vida que no me acostumbra a la vida que me deje sorprender cada mañana, porque detrás de cada cosa está tu amor, Dios mío ayúdame a reconocer que la rutina no existe, porque todo es bobo cada día, porque siempre hay algo que está comenzando. Hoy celebramos al Papa Clemente I, tercer sucesor de San Pedro, el Evangelio de San Lucas, capítulo diecinueve versículos cuarenta y uno al cuarenta y nueve. En aquel tiempo, al acercarse a Jesús, a Jerusalén y Verra ciudad, le dijo llorando si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz, pero no está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te rasarán con sus hijos Den y no dejarán piedra sobre piedra porque no reconociste el momento de mi venida. No me contaban un sacerdote que vivió en Tierra Santa A que conozco de hace años los siguientes acerca de esa y esa construida cerca donde Jesús, según la tradición, lloró al ver la Ciudad Santa de Jerusalén decía. Contemplamos ese amor infinito de Jesús desde los primeros compases del Misterio Pascual, cuando se dispone a cumplir su entrada mesiánica en la ciudad de David, llegando por el camino de Betania y Befay narran los evangelios que envió sus discípulos a dos a un día cercana y allí tomaron un borrico sobre el que hicieron montar al señor y mientras descendía la ladera del Monte de los Olivos entre las alabanzas de la multitud, dirigía a Dios. Al ver la ciudad, lloró por ella y dijo si conocieras también tú en este día lo que te lleva a la paz mientras están. Sin embargo, ahora es s está todo o u s ns ojos Dios días vendrán sobre Ti en que no sólo te rodarán tus enemigos con vayas y te acercarán y estrecharán por todas partes, sino que te aplastarán contra el suelo a Ti y a nuestros hijos que están dentro de Ti y no dejarán en Ti piedran sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de la visita de él. Aquel llanto de Gicristo se recuerda en el santuario el Dominus Flevitz, situado en la falda occidental del Monte de los Olivos. Se trata de una pequeña capilla construida por la custodia de Tierra Santa en mil novecientos cincuenta y cinco sobre un terreno que pertenecía a las religiosas benedictinas, que tienen su convento en la cima aquí. Aunque no existen una ubicación tradicional segura relacionada con el hecho evangélico, pues fue cambiando en las épocas, el lugar virtual conserva vestigios de la presencia cristiana desde los primeros siglos. Las excavaciones arqueológicas realizadas entre mil novecientos cincuenta y tres y cincuenta y cinco condujeron al hallazgo de una necrópolis de cien Tiumbas que van más allá de la edad del Bronce hasta los fríos romanos, el erodiano y bizantino y los restos de una capilla y un monasterio que, por algunos pavimentos del mosaico podrían datarse en el siglo VII. Y continúa. Se llega al Dominus Levitt por una carretera bastante empinada que comunica Gessemani y la Cumbre del Monte de los Olivos. La mayor parte de esa madera, que correspondía al valle de Josafa bíblico, está ocupada por los cementerios judíos. Al entrar en la propiedad franciscana, un camino franqueado de cipreses, olivos y palmeras conduce hasta la iglesia. Alrededor pueden apreciarse en los descubrimientos arqueológicos. El edificio, con planta de c griega y cerrado con una cúpula de arcos apuntados, se orienta al oeste y tiene una gran ventana que erasíde abierto hacia la Ciudad Santa muestra al peregrino la misma panorábica que vería Jesús cuando descendió hasta desde Betrae. En las paredes, cuatro relieves representan escenas relacionadas con la entrada mesiánica de Cristo y en el frontal de altar un mosaico hace referencia a otro lamento de jes señor Jerusalén, Jerusalén que matas sus profetas y la pidas a los que treves son enviados. Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste mirad vues a casa. Se os va a quedar de cierta. Así pues, os aseguro que ya no me veréis hasta que digáis Bendito el que viene en nombre del señor. La visita al de la ciudad antigua desde el extremo del recinto es magni perdón. La vista desde la ciudad antigua, desde el extremo de recintos, es magn o s or en particular por la mañana, cuando los rayos del sol iluminan la piedra de los edificios, a los pies, a los pies el cedrón que separa Jerusalén del Monte de los Olivos, en la vertiente oriental, del torrente los cementerios judíos y el occidental, junto a la muralla los musulmanes, enfrente la esperanada del antiguo templo y hoy de las mezquitas, con la dorada cúpula de la roca en el centro y la de al asaz a la izquierda detrás, las cúpulas de la Basílica de Santo sepulcro y, algo más lejos a la derecha, la torre espigada del convento franciscano de San Salvador, sede de la custodia de Tierra Santa, al sur de la muralla. Las excavaciones arqueológicas en la colina de Offell y la antigua ciudad de David. Más allá, entre algunos árboles, la iglesia de San Pedro Ingal y Cantú y al fondo, en la línea del Horizonte, la Basílica y la abadía beneitina de la adormición en el monte sión. Esa es la descripción del sitio. La entrada de Jesús en Jerusalén manifiesta la venida del Reino que el rey Mesías, recibido en su ciudad por los niños y por los humildes de corazón, va a llevar a cabo en la pascua de su muerte y resurrección. La muchedumbre de Odicipus, al comprobar el cumplimiento de los álculos proféticos y sentir cercana la manifestación del Reino acompaña a Cristo gozosamente gentío, fiesta alabanza, bendición paz, se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón, tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Era sabido comprender las miserias humanas, las tuyas y las mías. Ha mostrado el rostro de la misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma. Este es Jesús, este es su corazón. Atento a todos nosotros que ven nuestras debilidades, nuestros pecados. El amor de Jesús es grande y así entra en Jerusalén con este amor y nos mira a todos nosotros. Es una bella escena llena de luz, la luz del amor de Jesús, de su corazón, de la alegría y de la fiesta. Al mismo tiempo, este júbilo se ve turbado por el llanto del Señor. Su gesto se dirige a la Ciudad Santa Montado en un pellino, un pollino era como una última llamada al pueblo por las entrañas de misericordia de nuestro Dios. Había dicho Zacarías en el Benedictus, el sol naciente, los bilitara des de lo alto para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombra de muerte y guiaron sus pasos por el camino de la paz. Sin embargo, Jerusalén, que había visto tantos signos del Maestro, no sabrá reconocerlo como Mesías y Salvador Jesús también lloraba, igual que tú. Tenía sentimientos que se alegraban con los buenas noticias ns los discípulos y se endistecían cuando la muerte de su amigo Lázaro, igual que todos nosotros. Por eso conocen perfectamente el corazón humano, pues él pasó por los vivos estados de ánimo que experientamos. Nosotros aquí le vemos llorar por Jerusalén, la ciudad del pueblo elegido con quien Dios estableció su alianza. Desde hacía siglos había escogido a Abraham y a sus descendientes. Confió en Moisés la misión de sacar al pueblo de la esclavitud. Le dio un dicálogo, le condujo con amor, le envió profetas y le preparó para abrir el hijo. Cuánto esperaba Dios de este pueblo. Sin embargo, vino Jesús, este mundo y los suyos no le recibieron. La historia de Israel puede ser muy bien nuestra historia. El señor Pensón caud cada uno de nosotros en ti en mí y nos dio la vida a través de nuestros padres. Luego nos hizo sus hijos adultivos por el bautismo y no ha cesado de derramar gracias para que seamos santos. Sin embargo, somos como el Jerusalén de a que Jesús lloró fríos y sensibles a todos estos dones. Cuántas veces meditamos el sacrificio de que Jesús y de la Cruz por sus pecados, los de cada día, los de cada uno. Hoy intentaremos no ser el motivo de las lágrimas de Jesús. Vamos a cogerle y a poner en prácticas un mandato y de la caridad con todos, pidiéndole que perdonen sus diffidelidades y nos dé a conocer su camino de paz. Cuántas cuando tenemos que por delante qué hacer Para ello necesitamos formarnos, porque por qué no aprovechamos más los medios de formación y crecimiento espiritual que me ofrece mi parroquia o donde nos aconsejen el se dote con el que confesamos todoy, la bendición que, señores, sin tu corazón para que se pas amar con todo él, que esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su respon que estén tus brazos, para que trabaje sin descanso por amor a él y, pues, de su reino, que estén tus pies, para que camines por los senderos de la paz que el señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia, para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría, para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén